Un trasplante hepático mejora la microbiota intestinal y sus funciones

Vignette

Un trasplante de hígado en un paciente cirrótico produce una reducción significativa de la disbiosis intestinal que acompaña a la enfermedad, lo que da lugar a un enriquecimiento de las poblaciones bacterianas comensales y a una mejora de numerosas funciones orgánicas relacionadas con su presencia.

 

Si bien el trasplante hepático –una intervención de último recurso en la cirrosis avanzada– mejora en primer lugar el pronóstico vital, también permite restaurar el equilibrio de la microbiota intestinal alterada por la enfermedad. Este descubrimiento reciente llevó a un equipo internacional a caracterizar la microbiota intestinal antes y después del trasplante.

Parámetros estudiados

Para ello, los investigadores realizaron un seguimiento de algunas funcionalidades relacionadas con las poblaciones bacterianas y tradicionalmente alteradas en los casos de cirrosis: menor conversión de los ácidos biliares primarios, reducción de la producción de cometabolitos (microbianos y de mamífero) tales como el óxido de trimetilamina, o incluso endotoxemia, inflamación e hiperamoniemia, las cuales caracterizan una encefalopatía hepática. Los investigadores sometieron a una cohorte de 40 pacientes cirróticos (con una edad media de 56 años) a varias pruebas antes del trasplante de hígado y entre 4 y 10 meses después del mismo. Una toma de muestras fecales permitió identificar las poblaciones bacterianas y determinar la concentración del ácido biliar. Los muestreos séricos y urinarios sirvieron para cualificar las endotoxinas, los lípidos y los metabolitos. Para finalizar, una prueba cognitiva permitió evaluar la encefalopatía.

Restauración de la microbiota y fisiológica

A pesar de las dificultades relacionadas con el tratamiento inmunosupresor posterior al trasplante, los resultados muestran que el trasplante hepático viene acompañado en primer lugar de una mejora clara de la microbiota intestinal, la cual gana en diversidad y riqueza de bacterias comensales (Ruminococcaceae Lachnospiraceae), a expensas de las bacterias patógenas (Enterobacteriaceae de los géneros Escherichia, Shigella, Salmonella…). Más allá de la disminución de los riesgos infecciosos relacionados con la escasez de bacterias gramnegativas, las repercusiones fisiológicas de esta nueva microbiota son patentes a todos los niveles estudiados: se observan un aumento de la conversión del ácido biliar y de la producción de cometabolitos, una reducción de la concentración sérica de amoníaco y una mejora de los tipos de lípidos circulantes (diacilgliceroles, ésteres de colesterol, fosfoetanolamina, esfingomielina...). Todos estos elementos participan en la conservación/restauración de la salud y las capacidades cognitivas, como muestran los resultados de pruebas específicas (puntuación PHES – Psychometric Hepatic Encephalopathy test Score). Un trasplante hepático sin complicaciones tiene, por lo tanto, un efecto beneficioso en la microbiota intestinal y en sus funciones, subrayando de paso el papel del hígado en la determinación de las poblaciones bacterianas locales.

 

Bibliografia :

J. Bajaj, G. Kakiyama, J. Cox2, et al. Alterations in Gut Microbial Function Following Liver Transplant, Accepted Article, doi: 10.1002/lt.25046