¿Cuál es la relación entre la microbiota intestinal y las enfermedades metabólicas?1,2

Al igual que nuestras células necesitan buenos combustibles para cumplir sus distintas misiones, ocurre lo mismo con nuestras bacterias intestinales: sus funciones múltiples y fundamentales en la gran sinfonía metabólica se han descubierto recientemente. Pero, ¡cuidado con las consecuencias si esta gran sinfonía se convierte en cacofonía!

Nuestros intestinos albergan un conjunto común de bacterias repartidas principalmente entre dos grandes grupos: Bacteroidetes y Firmicutes. En los sujetos que gozan de buena salud, las primeras son más abundantes que las segundas. Por el contrario, en las personas obesas, el equilibrio tiende a decantarse del lado de las Firmicutes. Ahora bien, estas especies de bacterias, alimentadas por lo que ingerimos —especialmente los azúcares lentos—obtendrían más calorías que las Bacteroidetes, causando sobrepeso.

Un círculo vicioso inflamatorio

En consecuencia, se produce toda una cascada de reacciones perjudiciales del organismo activada por una alimentación demasiado rica en grasas que desequilibra la microbiota intestinal. La función de “barrera” de los intestinos pierde eficacia; estos últimos se vuelven menos resistentes y permiten el paso de moléculas derivadas de las bacterias, lo que provoca una repuesta anormalmente persistente y silenciosa del sistema inmunitario. El páncreas, afectado por esta inflamación crónica, produce menos insulina, que a su vez las células aprovechan menos —lo que se conoce como insulinorresistencia, que es característica de la diabetes de tipo 2—. El almacenamiento de grasas en los tejidos y su transporte en la sangre también se ven alterados. Además de estar saturados por la grasa, los vasos sanguíneos pierden su capacidad de dilatación. Están reunidos todos los ingredientes de un cóctel explosivo cardiovascular compuesto de grasa

Bacterias protectoras de nuestro metabolismo

Por el contrario, en el caso de una alimentación beneficiosa para nuestra flora intestinal como la dieta mediterránea (alimentación rica en frutas, verduras y aceite de oliva y pobre en carne), se pone en marcha un círculo virtuoso: nuestras bacterias producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC), que no solo constituyen una fuente de energía para nuestras células. Estos AGCC intervienen en la regulación del apetito, del tránsito intestinal y de la formación de grasas. Pueden actuar en la producción de insulina y en la tensión arterial. Algunos como el butirato, protegen nuestras células intestinales de la inflamación y les ayudan a luchar contra los microbios agresivos. Tendrían incluso propiedades anticancerosas. Además, las bacterias producen vitaminas (K, H y B) y nos ayudan a absorber el calcio,el magnesio, la vitamina D y el hierro. Algunos investigadores no dudan en afirmar que la microbiota intestinal es un órgano de pleno derecho.

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1 Pascale A, Marchesi N, Marelli C, Coppola A, Luzi L, Govoni S, Giustina A, Gazzaruso C. Microbiota and metabolic diseases. Endocrine. 2018 May 2. doi: 10.1007/s12020-018-1605-5
2 Li X, Watanabe K, Kimura I. Gut Microbiota Dysbiosis Drives and Implies Novel Therapeutic Strategies for Diabetes Mellitus and Related Metabolic Diseases. Front Immunol. 2017 Dec 20;8:1882. doi: 10.3389/ fimmu.2017.01882