Emolientes y dermatitis atópica: beneficios comprobados

Los emolientes —sustancias que favorecen la relajación y suavización de la piel— figuran desde hace tiempo entre los principales tratamientos de la dermatitis atópica. Se utilizan para restaurar la barrera cutánea de la piel, así como medida preventiva para los bebés en riesgo. Sin embargo, no se sabe con seguridad de qué manera actúan en la microbiota cutánea. Este es un aspecto importante que aclarar para mejorar las soluciones terapéuticas disponibles.

La dermatitis atópica, una enfermedad crónica inflamatoria y alérgica de la piel, se manifiesta principalmente durante los seis primeros meses de vida32. Sin embargo, no todos los recién nacidos se ven afectados por ella de la misma manera: los bebés cuyos padres también están afectados por la dermatitis atópica o por una enfermedad alérgica como el asma o la rinitis alérgica están expuestos a un riesgo dos veces —incluso tres veces— mayor de desarrollar la enfermedad que los bebés sin antecedentes familiares.33.

Estafilococo dorado: un enemigo identificado

Los microorganismos que componen la microbiota cutánea colonizan la piel continuamente. Pero en el caso de la dermatitis atópica, su función como «barrera» se altera y deja de protegernos adecuadamente de las agresiones externas. Este estado la debilita, la vuelve más vulnerable y más propensa a una colonización microbiana no deseada34. En este caso, el Staphylococcus aureus (o estafilococo dorado) desempeña un papel fundamental: los análisis han demostrado que la bacteria estaba presente en la piel de más del 90% de los bebés afectados por dermatitis atópica con lesiones. Esta cifra baja hasta el 78% en el caso de la dermatitis sin lesiones, pero cae hasta el 10% si la piel está sana35. La densidad de Staphylococcus aureus estaría, por tanto, relacionada con la severidad de la enfermedad. No obstante, puesto que esto no es sistemático, los investigadores consideran que la enfermedad es heterogénea de una persona a otra. Otros métodos analíticos permitieron caracterizar mejor las comunidades bacterianas de la piel afectada por esta enfermedad: ciertamente, la proporción de estafilococos dorados aumenta durante las fases de agudización, pero se observaron cambios significativos durante el tratamiento y después del mismo en otras bacterias (habituales o menos frecuentes)36

Una mejor comprensión del papel de los emolientes

Las cremas emolientes son eficaces y gozan de una gran aceptación en el tratamiento de la dermatitis atópica en bebés ya que rehidratan la piel afectada, la reparan —regenerando los tejidos dañados— y reducen la severidad de la enfermedad37. Aplicarlas de forma regular durante los seis primeros meses de vida sobre la piel de los bebés con una alta probabilidad de desarrollar la enfermedad permitiría prevenir sus manifestaciones, incluso si los resultados divergen de una persona a otra38. Algunos investigadores las estudiaron para comprender mejor los efectos profilácticos de estos emolientes en la flora cutánea. Compararon diferentes parámetros de la piel, siguieron el desarrollo de la dermatitis atópica y analizaron genéticamente muestras de piel tomadas en diferentes partes del cuerpo, en función de si los bebés (todos de alto riesgo) habían recibido o no emolientes39.

Resultado: la piel de los bebés tratados con anterioridad tenía un pH más bajo que la del grupo de control (la piel sana tiene un pH ligeramente ácido que contribuye a su buen funcionamiento, mientras que el de la piel con dermatitis atópica es más elevado40, favoreciendo la colonización por Staphylococcus aureus). Por lo tanto, la modulación del pH sería un instrumento para reequilibrar la microbiota cutánea. De forma general, el género bacteriano Streptococcus contribuyó también claramente a las diferencias observadas entre las muestras de los dos grupos. La piel de los bebés tratados presentaba una mayor riqueza y diversidad bacteriana, lo que se asemeja a una restauración del equilibrio de la microbiota cutánea. En concreto, la bacteria Streptococcus salivarius era más abundante. Esta última coloniza el organismo (la boca, principalmente) desde los primeros instantes de vida y parece tener un papel protector; su proporción es más elevada en los bebés sin dermatitis atópica que en aquellos que la padecen. Este resultado concuerda con los de otros estudios realizados en niños de mayor edad que demostraron que, cuanto mayor era la proporción de Streptococcus salivarius, más leve era la dermatitis atópica.

Estos datos confirman el interés del uso preventivo y duradero de emolientes en bebés con alto riesgo. Aportan nuevos elementos sobre la forma en la que los emolientes actúan, si bien falta identificar los mecanismos implicados, así como las repercusiones de los cambios localizados de la microbiota cutánea en el desarrollo de la enfermedad en estos bebés.

 
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