Microbiota del lactante: ganan las bacterias maternas

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Por primera vez, un equipo de investigadores analizó extensamente la transmisión de microbiotas entre las madres y sus bebés. Las bacterias intestinales de origen materno parecen tener una mayor capacidad para colonizar de forma duradera las microbiotas intestinal y oral de los recién nacidos.

 

Partiendo de la observación de que la microbiota se forma en gran medida durante los primeros meses de vida, un equipo internacional estudió los efectos de la microbiota materna en la microbiota de los bebés. Para ello, los investigadores realizaron un seguimiento de 25 madres y sus bebés el día siguiente al parto y luego a los 3 días, a la semana, al mes y a los 4 meses. Analizaron las microbiotas intestinal, vaginal, oral y cutánea de las madres y tomaron muestras bucales y fecales de los lactantes.

La microbiota alcanza un pico de diversidad antes de ser objeto de una rápida selección

Durante el primer día de vida de los bebés se produce una transmisión masiva de bacterias no solo de la madre sino también del entorno, lo que confiere una gran diversidad a sus microbiotas. A los tres días, esta diversidad disminuye considerablemente y luego vuelve a aumentar después de la primera semana de vida a raíz de un proceso de selección de las bacterias pioneras durante el cual algunas desaparecen mientras que otras permanecen –por ejemplo, Bacteroides vulgatus o Bifidobacterium longum en la microbiota intestinal.  Este fenómeno tiene lugar paralelamente al cambio de entorno: las bacterias anaerobias estrictas que estaban presentes inicialmente (condiciones in utero) ceden el paso durante los primeros días a especies más tolerantes al oxígeno y luego se multiplican nuevamente tras esta fase de transición, aprovechando las condiciones favorables que prevalecen en la boca y el intestino.

Sostenibilidad de las bacterias maternas

La microbiota intestinal materna asume un papel muy importante en el suministro de cepas transmitidas ya que representa el 22,1 % de la abundancia bacteriana intestinal de los recién nacidos en su primer día de vida, seguida por las microbiotas vaginal (16,3 %), oral (7,2 %) y cutánea (5 %). De las 23 cepas maternas transmitidas en el momento del nacimiento, 6 aún estaban presentes al final del estudio. Además, esta transmisión madre-hijo parece desempeñar un papel determinante dado que las cepas procedentes de la madre fueron las mejor conservadas: el 70,5 % de ellas no habían sido reemplazadas al cabo de 4 meses, frente a solo el 27 % de las cepas de origen ambiental. Se obtuvieron resultados similares en la microbiota oral: las bacterias bucales maternas predominan en la microbiota oral de los bebés y luego pasan por un proceso de selección que las favorece.

Un proceso de maduración aún mal conocido

Este estudio confirma pues los efectos importantes que ejerce la microbiota de la madre en la del bebé. También revela que estas microbiotas nacientes presentan una diversidad y una heterogeneidad de magnitud insospechada y que, si bien muestran una cierta convergencia, siguen siendo muy diferentes a las de las madres a los 4 meses, lo cual sugiere que el tiempo de maduración es más largo de lo que se creía hasta ahora. Falta determinar el papel de otras microbiotas en esta transmisión vertical, a saber, la del entorno y la de los familiares en contacto con los recién nacidos.

 

Bibliografia :

Ferretti P et al. Mother-to-Infant Microbial Transmission from Different Body Sites Shapes the Developing Infant Gut Microbiome. Cell Host Microbe. 2018 Jul 11;24(1):133-145.e5