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Dr Maxime Prost
Dr Maxime Prost
Director de Asuntos Médicos de Francia
 Camille Aubry
Camille Aubry, PhD
Responsable de Asuntos Médicos Internacionales

Estimados lectores: Clostridium difficile, aislada por primera vez en 1935 por Hall y O’Toole en las heces de un bebé lactante en buena salud y recientemente rebautizada como “Clostridioides difficile”, es una bacteria comensal del intestino que se encuentra en el 5 % de los adultos y entre el 15 y el 70 % de los niños. Su nombre de especie, difficile, refleja las dificultades a las que se enfrentaron sus descubridores para aislarla y hacerla crecer en un medio de cultivo. Su reclasificación como Clostridioides hace unos años no fue menos compleja. El género Clostridium fue propuesto en 1880 por Prazmowski, basándose en la especie tipo Clostridium butyricum, y se convirtió en un “almacén” de un gran número de bacterias grampositivas anaeróbicas, con forma de bastón y esporulantes. La evolución de las tecnologías de secuenciación ha permitido redefinir la filogenia del género Clostridium, poniendo de manifiesto una diversidad filogenética muy amplia, además de la necesidad de crear otros nuevos géneros. La denominación C. difficile, o C. diff. se utiliza en todo el mundo, y un cambio radical de nombre habría tenido consecuencias en todos los niveles. Una modificación en los hospitales (nombres de las pruebas y de los resultados, códigos para las farmacias, materiales epidemiológicos, manuales de formación), en las organizaciones de salud nacionales e internacionales (sitios web, bibliografía y documentos oficiales) pero también en la industria farmacéutica y biotecnológica, habría supuesto un coste global muy elevado. Ese es el motivo por el que se ha conservado la letra “C” como primera letra del nuevo nombre de la familia Clostridioides, que significa literalmente organismo similar a Clostridium.

La responsabilidad de C. difficile en las colitis pseudomembranosas se demostró en 1978. Hacia finales del siglo XX aumentó claramente la incidencia de las infecciones por C. difficile, lo que las situó como principales responsables de las infecciones nosocomiales en todos los servicios de los hospitales, convirtiéndose así en una amenaza urgente que había que tratar según los CDC. Entre los factores de riesgo, se suele mencionar a la toma de antibióticos, que debilita la microbiota, pero ya no es el único factor: un estudio de 2018 (comentado en nuestra newsletter Microbiota de octubre de 2018) demostró la posible influencia de la trehalosa, un aditivo alimenticio muy utilizado, en la virulencia de ciertas líneas epidémicas de C. difficile. De hecho, parece que algunas de estas cepas únicamente son capaces de utilizar este azúcar, en baja cantidad, como fuente exclusiva de carbono para su metabolismo, favoreciendo su aparición y contribuyendo a su virulencia.

En este número, el profesor Ianiro menciona la importancia de la microbiota intestinal, tanto en la psicopatología como en el abordaje de la infección por C. Difficile: algunos factores de riesgo (antibióticos de amplio espectro, inhibidores de la bomba de protones) se asocian a una disbiosis, y la modulación de la microbiota (probióticos, trasplante fecal) constituye actualmente una de las posibles opciones para prevenir o tratar esta infección.

Que disfrute de la lectura.

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