Los antibióticos tomados durante el embarazo podrían dejar huellas en la piel del bebé
A menudo se considera que tomar antibióticos durante la gestación es una solución a corto plazo: la infección se erradica y el problema queda resuelto. Sin embargo, un metanálisis de 30 estudios1 indica que el tratamiento con antibióticos podría tener repercusiones en la piel del niño; en concreto, un incremento modesto, pero constante, en la incidencia de dermatitis atópica.
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Los antibióticos figuran entre los medicamentos más recetados a las mujeres embarazadas; según un metanálisis previo que abarcó aproximadamente 34 millones de gestaciones, la tasa de exposición estimada alcanza el 23,6%. Si bien su repercusión en la madre está bien documentada —dado que el tratamiento antibiótico altera la microbiota intestinal—, su efecto sobre el desarrollo inmunitario temprano del lactante sigue siendo, en contraste, mucho menos claro. Una nueva revisión sistemática publicada en Scientific Reports por un equipo de investigadores de la Universidad de Szeged arroja luz sobre la dermatitis atópica, una patología que sin duda ya conocen bien los hijos de sus pacientes.
El tratamiento profiláctico con antibióticos en el periparto reduce la concentración de bacterias del género Bifidobacterium en la leche materna
Treinta estudios, pero una señal modesta
Tras consultar cuatro bases de datos hasta agosto de 2025 conforme a un protocolo registrado en PROSPERO, el equipo recopiló 30 estudios observacionales que incluían a más de 4,1 millones de madres y 4,3 millones de niños. De estos, 26 estudios evaluaron la exposición materna a los antibióticos en cualquier etapa de la gestación. Los datos disponibles no permitieron efectuar comparaciones fiables en función del trimestre del embarazo en el que se produjo dicha exposición. La exposición prenatal demostró asociarse a un mayor riesgo de dermatitis atópica en el niño, con una razón de posibilidades (odds ratio, OR) ajustada de 1,32 (IC del 95%: 1,12 a 1,56) en 14 estudios, y una razón de riesgos instantáneos (HR) combinada ajustada de 1,10 (IC del 95%: 1,05 a 1,14) en 4 estudios. La edad de los niños en el momento del diagnóstico varió entre los diferentes estudios analizados. Ante los indicios de un posible sesgo de publicación, los investigadores aplicaron un método de ajuste de tipo «trim-and-fill». El OR ajustado descendió entonces a 1,22 (IC del 95%: 1,03 a 1,44), pero continuó siendo estadísticamente significativo: aunque el cálculo bruto pudo haber sobreestimado el efecto, la corrección no logró anularlo. De hecho, la asociación se mantuvo significativa en los análisis de sensibilidad realizados por exclusión sucesiva (leave-one-out), incluso tras descartar los estudios individuales que presentaban un elevado riesgo de sesgo. Los propios autores califican este efecto como modesto. Sus estimaciones del efecto relativo no cuantifican el incremento absoluto del riesgo ni implican que todos los niños expuestos vayan a desarrollar dermatitis atópica.
La exposición prenatal se refiere a la administración de antibióticos en cualquier momento de la gestación. Por el contrario, la exposición intraparto corresponde al uso de profilaxis antibiótica durante el trabajo de parto y el alumbramiento, tal como se contempla en los protocolos de prevención de la infección por estreptococo del grupo B evaluados en los estudios incluidos en este metanálisis. La exposición prenatal mostró una asociación moderada con la dermatitis atópica, mientras que no se apreció ninguna señal significativa en relación con la exposición intraparto.
La dermatitis atópica es una afección cutánea inflamatoria crónica, caracterizada por eritema, xerosis y prurito intenso como consecuencia de una alteración de la función de barrera de la piel. Aunque el término «eccema» abarca un espectro clínico muy amplio, ambos conceptos se emplean con frecuencia de manera indistinta, lo que motivó a los autores a analizarlos conjuntamente como una misma manifestación clínica.
Odds ratio (razón de posibilidades) recalculado para neutralizar el efecto de posibles factores de confusión, tales como el sexo del lactante, la edad materna, los antecedentes de alergia o atopia y el tabaquismo durante el embarazo. Un OR ajustado de 1,32 indica que el riesgo de dermatitis atópica fue un 32% mayor en los niños expuestos una vez realizados dichos ajustes.
Factores que influyen en la persistencia o la atenuación de la señal
El riesgo se incrementó en función del número de ciclos de tratamiento antibiótico recibidos: las razones de riesgos instantáneos ajustadas combinadas fueron de 1,07 para un solo ciclo, de 1,10 para dos y de 1,16 para más de dos, si bien solo tres estudios aportaron datos a estas estimaciones. La ubicación geográfica representó asimismo un factor determinante: los estudios realizados en poblaciones europeas mostraron una asociación significativa (OR ajustado de 1,40; IC del 95%: 1,08 a 1,83), mientras que las investigaciones llevadas a cabo en Asia y Estados Unidos no alcanzaron el umbral de significación estadística. Por supuesto, esta ausencia de significación en estos últimos ámbitos no implica la ausencia de una asociación entre la exposición prenatal a los antibióticos y el eccema en dichas regiones. Los resultados fueron más pronunciados cuando fueron los propios padres quienes notificaron el diagnóstico de eccema, en comparación con los casos extraídos directamente de los registros médicos. Por último, en los estudios de mayor envergadura (que incluyeron a más de 10 000 niños), la asociación no alcanzó la significación estadística tras la agrupación y el ajuste de los datos. En términos generales, la heterogeneidad fue muy elevada (con un valor de I2 que alcanzó el 99,7%) y el nivel de certeza de la evidencia, evaluado mediante la metodología GRADE, se clasificó como bajo. Por su parte, la exposición intraparto mostró un comportamiento diferente: el análisis agrupado de cuatro estudios no evidenció una asociación significativa (OR de 1,64; IC del 95%: 0,84 a 3,17). Sin embargo, los resultados de los estudios individuales resultaron inconsistentes, con una heterogeneidad notable y un nivel de certeza de la evidencia muy bajo. Las observaciones también variaron en función de la vía del parto, dado que algunas investigaciones señalaron discrepancias entre el parto vaginal y la cesárea. Debido a que la ventana temporal de exposición intraparto es considerablemente más acotada, esto podría reflejar un efecto meramente transitorio sobre la microbiota del lactante, si bien un estudio identificó una señal cuando dicha exposición se prolongó durante más de 24 horas.
Este período abarca desde la concepción hasta los dos años de edad aproximadamente, una fase crítica durante la cual se produce la maduración simultánea de la microbiota y del sistema inmunitario. Es precisamente en este intervalo cuando las exposiciones analizadas se consideran más determinantes.
Método estadístico que permite estimar los estudios faltantes debido a un sesgo de publicación, con el propósito de recalcular el efecto combinado. En este análisis, dicha corrección redujo el OR ajustado de 1,32 a 1,22, valor que continúa siendo estadísticamente significativo.
Marco metodológico que permite evaluar el grado de confianza o certeza que se otorga a un conjunto de evidencia científica. En este estudio, los resultados correspondientes a la exposición prenatal se clasificaron con una certeza baja, y los de la exposición intraparto con una certeza muy baja, debido a la presencia de sesgos, inconsistencias e imprecisiones.
Un mecanismo verosímil, pero no demostrado
El metanálisis se centró en la exposición y sus consecuencias clínicas, sin evaluar directamente la microbiota. El razonamiento subyacente es el siguiente: los antibióticos alteran las comunidades microbianas intestinales y vaginales maternas, las cuales actúan como fuente de colonización para el intestino del recién nacido. En consecuencia, un perfil microbiano inicial modificado podría repercutir en la programación inmunitaria temprana durante los primeros 1 000 días de vida. Tanto la vía del parto como el tipo de lactancia influyen igualmente en el desarrollo de esta microbiota. Asimismo, investigaciones previas ya han vinculado una menor diversidad microbiana intestinal con la dermatitis atópica. Con todo, es imperativo adoptar una postura de máxima prudencia. El uso posnatal de antibióticos —un factor plausible por derecho propio— no ha sido objeto de un ajuste sistemático, y los datos observacionales disponibles no permiten establecer una relación de causalidad. Los autores recomiendan prescribir antibióticos únicamente ante una indicación clínica clara, durante el tiempo mínimo eficaz y priorizando los fármacos de espectro estrecho siempre que la indicación lo permita. La conclusión fundamental no es que deba privarse de antibióticos a las mujeres embarazadas que presentan una infección, cuyo tratamiento sigue siendo imprescindible, sino valorar cada prescripción de forma meditada, con base en la relación beneficio-riesgo, considerando a partir de ahora el posible impacto sobre la salud cutánea del niño.
1. Petrás S, Vargané Szabó B, Kiss T, Bahar MA, Csupor D, Tóth B. Prenatal maternal antibiotic use increases the risk of childhood eczema: a systematic review and meta-analysis. Sci Rep. 2026;16:21156. doi:10.1038/s41598-026-51441-x.
Véase también