La microbiota fúngica también participa en el asma

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El vínculo entre la disbiosis y el asma infantil se establece durante los primeros meses de vida. Un estudio realizado en un área rural de Ecuador abre el camino a nuevos medios de prevención del asma favoreciendo la presencia de bacterias y hongos protectores.

 

En 2016, un equipo de investigación internacional descubrió, en niños canadienses, que el asma se perfila desde los primeros meses de vida y que el factor predictivo es la microbiota intestinal. En un nuevo estudio, los mismos investigadores exploraron si este mismo fenómeno también se observaba en países en desarrollo. Para ello, se interesaron en un área rural de Ecuador, donde la prevalencia del asma también se acerca al 10% y donde las condiciones promueven microbiotas muy diferentes a las de un país industrializado.

Disbiosis de los niños sibilantes

Durante tres años, los investigadores recogieron muestras de heces de 2404 bebés de tres meses de edad.  Cinco años después, formaron un grupo de 27 niños atópicos con respiración sibilante y un grupo de control compuesto por 70 niños sanos, y analizaron su microbiota fecal. Pese a las diferencias respecto al estudio canadiense inicial, esta nueva investigación reveló que los pacientes asmáticos ecuatorianos también padecen disbiosis, caracterizada en particular por un exceso de los géneros bacterianos Streptococcus y Bacteroides, y una insuficiencia de Bifidobacterium. Esto confirma que en los niños existe una firma microbiana temprana asociada con el riesgo de desarrollo de la enfermedad.

Metabolismo microbiano compartido

Dado que los ácidos grados de cadena corta (AGCC) pueden estimular los linfocitos T reguladores capaces de atenuar la reacción inflamatoria alérgica, se midieron las  concentraciones de AGCC (incluidos el butirato, el propionato y el acetato) con el objetivo de relacionar la disbiosis bacteriana con cambios metabólicos en la microbiota. Los niños sibilantes incluidos en ambos estudios tenían una menor cantidad de acetato en sus heces, lo cual indica que los sujetos asmáticos comparten un mismo metabolismo microbiano. Dicho de otro modo, la presencia de una baja concentración de acetato en un bebé podría incrementar el riesgo de que desarrolle asma en el futuro.

Micobiota y regulación inmunitaria

El análisis de la microbiota fúngica arrojó resultados aún más sorprendentes. Los investigadores se interesaron en ella porque estudios preclínicos anteriores habían demostrado que, durante los tres primeros meses de vida, la comunidad fúngica es mucho más diversificada que en etapas posteriores de la vida y que desempeña un papel en la regulación inmunitaria (en ratones, una disbiosis inducida por antibióticos provoca la proliferación de Candida albicans, a su vez responsable de una inflamación bronquial). En el estudio que se llevó a cabo en Ecuador, la disbiosis fue más pronunciada en el ámbito fúngico que en el ámbito bacteriano y se observó una abundancia significativa de la levadura Pichia kudrazvezii en niños asmáticos. Estos resultados incitan a continuar las investigaciones sobre estos microorganismos poco conocidos de la microbiota intestinal y ofrecen una posibilidad de prevención del asma desde los primeros meses de vida mediante la corrección de la microbiota alterada, incluida la micobiota.

 

Bibliografia :

MC Arrieta et al. Associations between infant fungal and bacterial dysbiosis and childhood atopic wheeze in a nonindustrialized setting. J Allergy Clin Immuno 2017 Nov 30. pii: S0091-6749(17)31649-4