Depresión: ¿podría estar implicado un eje microbiota-metabolismo?
¿Y si la microbiota intestinal contribuyera a la depresión mediante una desregulación del metabolismo energético? Un estudio multiómico en humanos, complementado con un modelo murino, revela la existencia de un eje microbiota-metabolitos-fenotipo depresivo.
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Acerca de este artículo
Lejos de limitarse a síntomas afectivos y cognitivos, el trastorno depresivo mayor (TDM) suele ir acompañado de profundas alteraciones del metabolismo energético. Entre ellas destacan desequilibrios glucémicos, disfunciones mitocondriales y perturbaciones en vías metabólicas tan esenciales como la glucólisis, el ciclo de Krebs o el metabolismo de los aminoácidos. En paralelo, la práctica clínica pone de manifiesto que los pacientes con TDM presentan frecuentemente una disbiosis intestinal. En este desequilibrio cobran especial protagonismo determinadas bacterias —como Faecalibacterium prausnitzii y Escherichia coli—, reconocidas por su capacidad para modular de manera indirecta las vías metabólicas. De ahí la hipótesis que plantean los investigadores1 : ¿podría la microbiota intestinal influir en la homeostasis energética del huésped y ayudar a combatir la depresión?
El trastorno depresivo mayor (TDM)
El trastorno depresivo mayor (TDM) es una patología psiquiátrica altamente incapacitante que genera una carga considerable a escala mundial, con una prevalencia a lo largo de la vida situada entre el 10% y el 20%1.
El eje microbiota-metabolitos-fenotipo depresivo al descubierto
El análisis comparativo de muestras séricas y fecales procedentes de 100 pacientes con depresión y 68 controles sanos confirma que las personas depresivas presentan alteraciones significativas en las principales vías del metabolismo energético. Concretamente, se identificaron alteraciones en 14 metabolitos clave, entre las que destacan concentraciones séricas disminuidas de glucosa, ornitina, AMP y AMP cíclico, y concentraciones séricas elevadas de lactato, glutamato, arginina, citrulina e isocitrato. Asimismo, se observó una correlación entre varios de estos metabolitos y las puntuaciones de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo, lo que indica una agudización de los síntomas.
Quizás lo más importante es que los autores demostraron que 92 especies bacterianas pertenecientes en particular a la familia Firmicutes (50 en exceso y 42 en déficit) presentaban diferencias significativas en los pacientes con depresión. De hecho, identificaron 36 especies bacterianas cuya abundancia podría guardar relación directa con procesos como la síntesis mitocondrial de ácidos grasos, la cetogénesis o el metabolismo de los aminoácidos. De este grupo, 28 especies podrían estar implicadas en la conexión entre la microbiota, los metabolitos energéticos y el estado de ánimo, la cognición y la ansiedad. En definitiva, todo parece apuntar a la existencia de un eje «microbiota intestinal – metabolitos – fenotipo depresivo», en el que determinados metabolitos bacterianos podrían actuar como mediadores.
332 millones Unos 332 millones de personas en todo el mundo padecen depresión².
La validación preclínica confirma el papel causal de la microbiota
Como ocurre con frecuencia en la investigación sobre la microbiota, faltaba determinar si se trataba de una mera correlación estadística o de una auténtica relación de causalidad. Para despejar esta duda, los investigadores tomaron muestras de la microbiota de ratones y sometieron a los animales a un protocolo de estrés crónico durante 14 días. Este procedimiento indujo en los animales comportamientos de tipo depresivo —tales como una disminución de la preferencia por la sacarosa o un aumento de la inmovilidad—, acompañados de un deterioro de su memoria. Tras cada ciclo de estrés, se llevó a cabo un trasplante de microbiota fecal (TMF) autólogo. Esta intervención consiguió reducir los comportamientos de tipo depresivo, mejorar la memoria y normalizar tanto la estructura como la funcionalidad de la microbiota; en cambio, se mantuvo la alteración de la barrera intestinal. Por encima de todo, el TMF logró corregir por completo las alteraciones metabólicas (glucosa, lactato, glutamato, ciclo de la ornitina, etc.) y restablecer la integridad estructural de las mitocondrias localizadas en la corteza prefrontal y el hipocampo de los roedores. Según los autores, estos resultados evidencian el papel de la microbiota intestinal en la regulación del metabolismo energético en el trastorno depresivo.
Aunque, por el momento, el experimento solo se ha llevado a cabo en ratones, el TMF autólogo temprano podría convertirse algún día en una herramienta terapéutica contra la depresión en los seres humanos. Sin embargo, esta pista aún queda por explorar.
Modulación de la microbiota por FMT: resultados controvertidos
Mientras tanto, puede resultar beneficioso seguir una dieta equilibrada que incluya algunos cítricos y realizar actividad física, como correr.
2. Global Burden of Disease, 2021
Véase también