¿El final de los malvados patitos de goma?

Los juguetes de plástico para el baño representan un cuerno de la abundancia para bacterias y hongos que pueden causar enfermedades. Un estudio detalla los factores de riesgo y las medidas para protegerse.

 

Los juguetes de baño aspersores, deleite de los niños cuando chapotean, no dejan de ser nidos de bacterias en potencia. Un equipo suizo-estadounidense se interesó en esta cuestión y analizó las bacterias y hongos que colonizan estos modernos objetos de diversión acuática, tanto de pequeños como de mayores.

Depósitos de microbios

Los investigadores recogieron 19 juguetes de baño (patos, cocodrilos, etc.) en cuatro hogares suizos. Al mismo tiempo, un experimentador adulto utilizó 6 juguetes idénticos durante 11 semanas en condiciones controladas (agua limpia vs. agua sucia). A continuación, cortaron todos los juguetes en dos para ver qué acumulaciones de bacterias (o biopelículas) habían «crecido». El resultado no dejó lugar a dudas: las biopelículas eran más numerosas en los juguetes utilizados de forma real que en los de control. En particular, el 33 % de los juguetes recogidos en los hogares dieron positivo para Legionella pneumophila, bacteria implicada en la legionelosis, el 47 % para estafilococos responsables de diversas infecciones, sobre todo de la piel, y el 50 % para estreptococos, lo que refleja una contaminación fecal. Peor aún: el 61 % contenían una bacteria conocida por su resistencia a los antibióticos, Pseudomonas aeruginosa, que puede ser muy peligrosa para pacientes vulnerables hospitalizados. Algunos hongos sinónimos de micosis potenciales completaban este panorama poco apetitoso.

Fluidos y plástico en el banquillo de los acusados

Más allá del mero inventario, el equipo descubrió los factores que favorecen el desarrollo de estas biopelículas: el PVC y la silicona que componen los juguetes (anclaje perfecto y alimento para las bacterias a través del carbono liberado), la calidad del agua del grifo (contaminada de forma natural pero pobre en nutrientes), los fluidos corporales y productos de higiene (una delicia para las bacterias) y la contaminación por las bacterias procedentes del medio exterior y traídas por el bañista.

Tapar la salida de agua

Para prevenir infecciones de la piel, otitis o gastroenteritis debidas a desafortunadas «salpicaduras», los autores proponen, además de utilizar otros materiales de fabricación, que se vacíe el agua de los juguetes, que se hiervan después de usarlos o, de forma más drástica, que se tape el orificio de salida del agua, con el riesgo de decepcionar a los más pequeños. Los más radicales podrán optar incluso por tirar el patito feo con el agua de la bañera.

 

Bibliografia : 

Neu L et al. Ugly ducklings - the dark side of plastic materials in contact potable water. Biofilms and Microbiomes 2018; 4:7