Transplante fecal

El trasplante fecal consiste en introducir las heces de una persona sana dentro el tubo digestivo de un paciente para reconstituir su flora intestinal y ayudarle a combatir las bacterias patógenas.

Por efecto de varios fenómenos, el equilibrio entre las bacterias “buenas” y las bacterias “malas” de la microbiota puede romperse; este desequilibrio, conocido con el término de disbiosis, puede originar diversas enfermedades más o menos graves. El trasplante fecal (también denominado injerto fecal o bacterioterapia fecal) es una posible solución terapéutica.

El trasplante fecal, una terapia que se remonta al… ¡siglo IV!

El trasplante fecal es un tratamiento muy antiguo, pues ya se practicaba en China en el siglo IV. Sin embargo, las sociedades cultas europeas no reconocieron su eficacia hasta el 2013. Hasta la fecha, sólo está indicado en el tratamiento de las recidivas de infecciones por la bacteria patógena C. difficile, ya que permite la recuperación en un 90 % de los casos. 
Sin embargo, las implicaciones de la microbiota en muchas otras enfermedades (Enfermedades Inflamatorias del Intestino, diabetes, obesidad, enfermedades neuropsiquiátricas, etc.) sugieren que pronto se podrían ampliar las indicaciones de trasplante fecal.

El trasplante fecal en la práctica

Una vez seleccionado, el donante se somete a una preparación que consiste en la toma de laxantes; a continuación, sus heces se diluyen en una solución estéril y luego se filtran para ser administradas al receptor. Por su parte, el receptor ingiere una preparación similar a las que se utilizan en las colonoscopías para eliminar la microbiota alterada.

Existen muchas vías de administración de las heces: introducción de una sonda por la nariz hasta el estómago o hasta el duodeno, colonoscopía, enema o, menos frecuentemente, ingestión de cápsulas gastrorresistentes. El paciente debe elegir junto con su médico la vía que mejor se adapte a su situación.