¿Existe una relación entre la enfermedad de parkinson y la microbiota intestinal?

La pérdida de ciertas neuronas quizás no sea la única causa de la enfermedad de Parkinson ya que también podría estar implicada la microbiota intestinal, nuestro segundo cerebro. Un equipo de investigación italiano intentó identificar qué bacterias pueden participar en este proceso.

 

La enfermedad de Parkinson afecta a más del 1% de la población mayor de 60 años y es el segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente a nivel mundial. Si bien varios estudios anteriores demostraron que existe una relación entre la alteración de la microbiota intestinal (disbiosis) y el desarrollo de la enfermedad de Parkinson a través del eje intestino-cerebro, no han logrado identificar una composición bacteriana característica de la enfermedad.

Una disbiosis presente en los enfermos

Un estudio reciente comparó la microbiota intestinal de 80 personas con distintos estadios de la enfermedad de Parkinson con la de 72 personas sanas, y reveló la presencia de una disbiosis: la flora intestinal de los pacientes presentaba una mayor abundancia de especies bacterianas pertenecientes a las familias Lactobacillaceae, Enterobacteriaceae y Enterococcaceae pero una menor cantidad de Lachnospiraceae. Cuánto más severa es la enfermedad de Parkinson y más importantes los trastornos motores, mayor es la diferencia en el caso de Enterobacteriaceae y Lachnospiraceae, lo que lleva a pensar que estas dos familias bacterianas podrían estar relacionadas con la progresión de la enfermedad.

Inflamación tóxica para las neuronas

La composición de la microbiota intestinal de los pacientes estudiados se ve afectada por diversos parámetros asociados con la enfermedad (duración, fase evolutiva, toma de medicamentos antiparkinsonianos) que, sin embargo, no ejercen su acción en ninguna familia bacteriana en concreto. Los pacientes presentan también una alteración de la actividad de neuromediadores, que son moléculas implicadas en la regulación del estado de ánimo (serotonina, dopamina y norepinefrina); también producen lipopolisacáridos, esto es, sustancias que generan un proceso inflamatorio capaz de dañar las neuronas cuando atraviesan la barrera intestinal y la barrera hematoencefálica (que protege al cerebro de la sangre circundante). A pesar de los indiscutibles avances científicos que se han logrado recientemente, serán necesarios estudios adicionales para profundizar más en estos temas (relación entre disbiosis e inflamación gastrointestinal, papel de los neuromediadores en la comunicación intestino-cerebro, etc.).

 

Bibliografia :

Petrucci D, Cerroni R, Unida V et al. Dysbiosis of gut microbiota in a selected population of Parkinson's patients. Parkinsonism Related Disord. 2019; doi.org/10.1016/j.parkreldis.2019.06.003