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La enfermedad coronaria

La enfermedad coronaria abarca un conjunto de problemas provocados por un aporte insuficiente de oxígeno al músculo cardíaco.

Sus causas: la alimentación, el sedentarismo y la microbiota 

En 2012, la enfermedad coronaria provocó 7.4 millones de muertes, según la OMS. La más frecuente es una complicación de la aterosclerosis, que se caracteriza por el depósito de sustancias grasas en el interior de las arterias coronarias, encargadas de transportar la sangre al músculo cardíaco. Este depósito forma poco a poco una placa de ateroma que reduce el diámetro de las arterias y disminuye el flujo sanguíneo. La aterosclerosis se debe a distintos factores, como una alimentación desequilibrada y la falta de actividad física. 

La gravedad de la enfermedad coronaria depende del alcance de la zona privada de oxígeno y de la importancia del estrechamiento arterial. Así pues, se distinguen: la angina de pecho, el infarto de miocardio y la muerte súbita.

¿Existe un vínculo entre corazón y microbiota?

La enfermedad coronaria también estaría relacionada con la naturaleza de la microbiota. Algunas bacterias intestinales producen TMA (trimetilamina), una sustancia cuya oxidación en el hígado favorece la formación de coágulos capaces de obstruir las arterias más finas, como las coronarias que irrigan al corazón. 

Crear nuevos vasos en el músculo cardíaco

En fase aguda (infarto de miocardio), el objetivo del tratamiento es destapar la arteria afectada para aportar oxígeno al músculo cardíaco. La participación de la microbiota intestinal en el desarrollo de esta cardiopatía permite imaginar numerosas aplicaciones terapéuticas preventivas: mediante probióticos enriquecer la flora intestinal con bacterias que no producen TMA, eliminar las bacterias productoras de TMA o, algo más radical, el trasplante de una microbiota fecal con escasa producción de trimetalamina.