En la guardería, el bebé también desarrolla su microbiota intestinal
En la guardería, el bebé conoce a sus primeros amigos… ¡y a sus bacterias intestinales, que empezarán a intercambiar a lo loco! Este «trueque» de microbios juega un papel tan crucial en su desarrollo como la herencia que traen de casa.
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Acerca de este artículo
Le preocupaba que su bebé trajera algún virus de la guardería? Pues no andaba del todo descaminado, aunque la realidad es mucho más sorprendente y alentadora. Es cierto: la guardería es una auténtica encrucijada de intercambios microbianos. Pero, lejos de ser una mala noticia, se trata de una oportunidad de oro para la salud de los más pequeños.
De hecho, un estudio científico italiano a gran escala —el proyecto microTOUCH-baby— acaba de demostrarlo 1. Durante todo un año, un equipo de investigadores siguió muy de cerca a 43 bebés de tres guarderías públicas de la ciudad de Trento, sin olvidar a sus padres, hermanos, al personal de los centros e incluso a las mascotas del hogar, sumando un total de 134 participantes. Para no perderse ningún detalle, los científicos analizaron a intervalos regulares la composición de la microbiota intestinal de cada uno de ellos.
Bebés que saben compartir
¿Cuál fue el resultado? Al principio, los bebés llegan a la guardería con una microbiota heredada de su madre, su padre y, en ocasiones, enriquecida por sus hermanos. Sin embargo, una vez allí, demuestran ser sumamente generosos: ¡empiezan a compartir sus bacterias intestinales sin pensárselo dos veces!
De hecho, al cabo de un año, estos microorganismos intercambiados entre compañeros tienen más peso en la composición de su flora intestinal que los que les transmitieron sus propios padres. Con el paso de los meses, esta red de transmisión se vuelve cada vez más compleja. Imaginen el recorrido: algunas cepas bacterianas pasan de un progenitor a su bebé, de este a su compañero de juegos y, finalmente, terminan en los padres de ese segundo niño… ¡como por arte de magia!
Guarderías vegetalizadas y microbiota: ¡el poder de las flores!
Factores que marcan la diferencia
¿Hermanos en casa? ¡No hay sitio para nadie más! Los bebés que tienen hermanos presentan una microbiota más diversa y «robusta». Al llegar a la guardería, su sistema es menos propenso a dejar hueco a nuevas cepas, por una razón muy sencilla: ¡el espacio ya está ocupado!
Por otro lado, la flora de los bebés que han tomado antibióticos vive un proceso fascinante. Aunque el tratamiento la debilita temporalmente, después se repuebla a toda velocidad con las bacterias de sus compañeros de guardería. Es como si su microbiota, tras verse empobrecida, hiciera un esfuerzo extra para reconstituirse rápidamente; un proceso mucho más ágil y dinámico del que suele observarse en los adultos.
Además, otros resultados enviarán un mensaje de tranquilidad a las madres: el efecto que tienen en la microbiota la vía de parto (ya sea vaginal o por cesárea) o el uso de antibióticos justo antes de nacer parece haberse disipado por completo a los 10 meses. Esa era, precisamente, la mediana de edad de los bebés del estudio al comenzar la guardería.
Un acelerador de los intercambios microbianos
En definitiva, las interacciones sociales durante la primera infancia no solo son juegos sino que contribuyen activamente a dar forma a la microbiota intestinal, ese ecosistema que desempeña un papel clave en la salud a largo plazo. Así que, la próxima vez que su bebé vuelva de la guardería con la nariz un poco congestionada, ¡no se desanime! Piense que, además del resfriado, también trae consigo a nuevos y valiosísimos «inquilinos» para sus intestinos.