Una microbiota vaginal diversificada no es la solución
Siempre se repite que una microbiota diversa es sinónimo de salud. Sin embargo, un nuevo estudio italiano 1 da la vuelta a esa regla en el caso de la vagina: cuanto más variada es la flora bacteriana de esa zona, más genes de resistencia a los antibióticos contiene. Y lo más sorprendente es que son los hábitos diarios los que inclinan la balanza.
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En la intimidad de toda mujer, una pequeña comunidad de bacterias prácticamente invisibles vive en un delicado equilibrio. Cuando este ecosistema está dominado por los lactobacilos, protege contra las infecciones de la misma manera que un seto muy tupido mantiene alejadas a las malas hierbas.
El equipo de investigadores italianos decidió analizar a fondo ese «seto» defensivo mediante una pregunta clave: ¿estará este entorno almacenando discretamente instrucciones genéticas para resistir a los antibióticos? Y, de ser así, ¿qué factores de la vida cotidiana están alimentando ese arsenal secreto?
𝘓𝘢𝘤𝘵𝘰𝘣𝘢𝘤𝘪𝘭𝘭𝘶𝘴 𝘤𝘳𝘪𝘴𝘱𝘢𝘵𝘶𝘴
Se trata de una especie concreta considerada la referencia absoluta en materia de salud vaginal. Cuando predomina, produce ácidos que reducen el pH vaginal, creando un entorno hostil para muchos microbios causantes de infecciones.
Un auténtico currículum grabado en el ADN bacteriano
Para resolver este misterio, el equipo de científicos solicitó la colaboración de 105 mujeres jóvenes y sanas. Cada una de ellas recogió sus propias muestras vaginales mediante el uso de hisopos. Como requisitos esenciales para no alterar los resultados, ninguna estaba embarazada ni había tomado antibióticos en el mes previo al estudio.
Los investigadores rastrearon la presencia de 14 genes de resistencia específicos. Los resultados obtenidos resultaron ser tan inesperados como reveladores. Cinco de esos genes se detectaron en más de dos tercios de las participantes.
Entre ellos figuraban los encargados de proteger a las bacterias de dos de las familias de antibióticos más recetadas: los macrólidos, como la eritromicina (a través del gen erm(F)), y las tetraciclinas (mediante el gen tet(M)).
Esto significa que la mayoría de las mujeres albergaban en su organismo, sin saberlo, un pequeño conjunto de instrucciones genéticas para resistir a los antibióticos más comunes, oculto en el interior de unas bacterias en las que probablemente nunca habían pensado.
Antibióticos: ¿qué impacto en la microbiota y en nuestra salud?
Cuando la diversidad representa un riesgo para la salud
Es en este punto donde la historia da un giro respecto a lo que se suele dar por sentado. Mientras que en el intestino, una microbiota diversa es sinónimo de salud, en la vagina ocurre exactamente lo contrario: la presencia predominante de una única especie bacteriana próspera, Lactobacillus crispatus, es la verdadera señal de equilibrio.
Los investigadores descubrieron que :
- cuanto más variada y densa se volvía la comunidad vaginal, más se inclinaba el ecosistema hacia géneros como Gardnerella, Prevotella u otras bacterias relacionadas con la disbiosis, y más genes de resistencia se acumulaban.
- Por el contrario, la presencia de L. crispatus se asociaba con una menor cantidad de estos genes, actuando casi como un portero implacable que impide su entrada.
Decisiones cotidianas que influyen en los genes de resistencia
¿Qué factores favorecen el aumento del número de genes? Fumar triplica la probabilidad de ser portador de un gen de resistencia específico. Un mayor peso corporal también se asocia con un incremento de esta cifra. La candidiasis vaginal se asocia con una puntuación total de resistencia prácticamente cuatro veces mayor. Incluso los antibióticos del año anterior que no se han tomado dejan una huella duradera.
¿Qué factores, por el contrario, parecen frenar esta tendencia? Los datos señalan tres escudos principales: el uso de anticonceptivos orales, la dieta mediterránea y la educación sanitaria, es decir, comprender cómo funcionan los antibióticos y por qué es crucial completar los tratamientos.
En definitiva, la microbiota vaginal no es una cámara hermética aislada del resto del organismo. Este delicado ecosistema permanece atento a lo que ocurre en la cocina, en el botiquín y en los pulmones de cada mujer. La buena noticia es que gran parte de lo que «escucha» depende, al fin y al cabo, de las decisiones diarias de cada mujer.