Deporte y microbiota: todo es cuestión de equilibrio

¿Demasiado complicado practicar deporte durante el confinamiento? Con la desescalada se acabaron los pretextos. Ha llegado la hora de volver a la rutina pero con calma, sin sobrepasarse, porque al igual que el sedentarismo, el exceso de actividad física podría alterar la microbiota intestinal y perjudicar los músculos.

 

Numerosos estudios han demostrado que la práctica regular de actividad física moderada aumenta la diversidad bacteriana intestinal y favorece el desarrollo de especies beneficiosas. Todo ello podría contribuir a los efectos positivos del deporte, siempre y cuando uno siga un entrenamiento regular. De hecho, la suspensión total de la actividad puede traer como consecuencia un desequilibrio de la microbiota intestinal (disbiosis).

¡Cuidado con el exceso de deporte!

Sin embargo, existe igualmente el peligro inverso. Independientemente de que uno sea un simple aficionado o un profesional, un entrenamiento demasiado intenso y desproporcionado respecto a su nivel puede provocar una disbiosis. Además, cuanto más intensa la actividad, más rápido será el desarrollo de la disbiosis, que podría dar lugar a un aumento de la permeabilidad intestinal y provocar inflamación al favorecer el paso de bacterias y de sus componentes al torrente sanguíneo. La disbiosis también podría explicar el dolor abdominal, las náuseas y la diarrea que experimentan algunas personas tras un esfuerzo extremo.

¿Un eje intestino-músculo?

La hipótesis más probable es que las bacterias intestinales y los músculos comunican entre sí a través de un eje intestino-músculo que funciona de manera bidireccional: mientras que la microbiota intestinal influiría en la salud muscular, el ejercicio físico modularía la composición de la microbiota. En el ser humano, si bien esta hipótesis se basa en la asociación entre la disbiosis intestinal y diversas alteraciones metabólicas relacionadas con los músculos (síntesis de proteínas, liberación de moléculas que promueven el desarrollo de los músculos, etc.), aún falta demostrarla.

¿El sistema inmunitario en el centro del eje intestino-músculo?

El sistema inmunitario, moldeado por las bacterias del aparato digestivo, también podría desempeñar un papel clave en la salud muscular. Al contribuir a la formación de un sólido sistema de defensa del organismo, una microbiota intestinal «sana» podría influir en el eje intestino-músculo y contribuir a la buena salud de los músculos, especialmente en personas activas. A la inversa, una disbiosis resultante de una interacción negativa con el sistema inmunitario podría favorecer trastornos musculares. Aún falta comprobar esta hipótesis para entender por fin la relación entre el ejercicio, el sistema inmunitario, la microbiota intestinal y el estado de salud de los músculos.

 

Bibliografia: 

Ticinesi A., Lauretani F., Tana C., et al. Exercise and immune system as modulators of intestinal microbiome: implications for the gut-muscle axis hypothesis. EIR 25 2019