Diagnóstico del autismo: ¿tan simple como sacar la lengua?

Un equipo chino demostró por primera vez que existe una relación entre los trastornos del espectro autista y modificaciones de la flora bucal en niños. Gracias a este descubrimiento, una simple prueba de saliva podría ser suficiente para diagnosticar el autismo.

 

Para detectar el autismo hay que tener colmillo. Mientras que cada estudio nuevo confirma los vínculos existentes entre la microbiota intestinal y los trastornos del espectro autista (TEA), pocos investigadores se han interesado en las bacterias presentes en nuestra flora bucal. Un equipo de Shanghai decidió paliar esta carencia tomando muestras de saliva y placa dental a un centenar de niños de 7 a 14 años de edad con TEA para comparar su microbiota oral con la de niños sanos.

Mala digestión de azúcares

Una de las diferencias observadas más importantes fue que la placa dental de los niños autistas contenía mucho menos bacterias de tipo Prevotella. Estas bacterias «buenas», que también colonizan nuestro intestino,  ayudan a producir ciertas vitaminas y a digerir un determinado tipo de azúcares presentes en cereales, frutas y verduras. Este hallazgo podría explicar, al menos en parte, por qué los trastornos intestinales relacionados con la mala absorción de azúcares son tan frecuentes en personas autistas.

Bacterias nocivas

Los investigadores descubrieron además que las bacterias nocivas eran más abundantes en muestras bucales de niños autistas (más bacterias del grupo Haemophilus, algunas de las cuales pueden causar meningitis, y también más estreptococos responsables de anginas que, según algunos estudios, podrían estar implicadas en el síndrome de Tourette o la enfermedad de Parkinson). En caso de alteración de la flora bucal, el hecho de cepillarse los dientes o de masticar podría liberar estas bacterias «malas» en el torrente sanguíneo, llevándolas al cerebro donde participarían en la progresión de la enfermedad. Y cabe recordar que los niños autistas suelen tener una mala higiene dental, tanto por su falta de destreza manual como por la difícil tarea de sus padres de supervisar sus prácticas de higiene.

¿Hacia una detección sistemática en el laboratorio?

Por último, partiendo de su análisis muy detallado, los investigadores desarrollaron una herramienta de diagnóstico vinculada con la severidad de los trastornos autistas, que ofrece una eficacia superior al 96%. Una simple prueba de la microbiota oral, más práctica y menos molesta que la recolección de muestras de heces, podría ser el soporte ideal del primer ensayo de laboratorio para la detección de TEA, cuyo diagnóstico actual sigue dependiendo más de observaciones clínicas que de pruebas científicas.

 

Bibliografia :

Qiao et al. Alterations of oral microbiota distinguish children with autism spectrum disorders from healthy controls. Scientific reports 2018 ; 8 :1597