¡La actividad física es buena para la microbiota!

La práctica del deporte modifica favorablemente la composición y la función de la microbiota intestinal, pero sus efectos cesan en cuanto uno deja de entrenar.

 

Entre los distintos factores ambientales y conductuales que influyen en la composición y la función de la microbiota intestinal cabe mencionar la alimentación, la obesidad y la vía de parto. La actividad o el sedentarismo también parecen influir en el ecosistema microbiano: varios estudios realizados con animales mostraron que los ejercicios de resistencia física provocan modificaciones del metabolismo, de la inmunidad y del comportamiento, así como un aumento de la producción de ácidos grasos de cadena corta en el intestino*. Se desconocen sus efectos en el ser humano.

Deporte y alimentación

Para entenderlos mejor, un equipo de investigadores estadounidenses reclutó a 32 adultos delgados u obesos. Los participantes, que hasta entonces eran sedentarios, fueron sometidos durante 6 semanas a 3 sesiones semanales de actividad física de resistencia (bicicleta o caminadora), aumentando progresivamente la duración y la intensidad de las sesiones para luego volver a sus costumbres sedentarias. También se tomaron muestras de heces para analizar la microbiota intestinal de los sujetos antes y después del periodo de actividad, y luego 6 semanas después de volver a la inactividad. La alimentación se controló durante todo el estudio.

Efecto efímero pero positivo

Las diferencias de composición de la microbiota que se observaron al principio del estudio entre los sujetos delgados y obesos se disiparon al cabo de las 6 semanas de actividad física, lo cual demuestra los efectos del deporte en la microbiota. Los ejercicios de resistencia afectaron tanto la composición como la función de las bacterias y su efecto fue más pronunciado en los sujetos delgados. Las modificaciones se acompañaron de cambios favorables en la composición corporal (aumento de la masa muscular, disminución de la masa grasa), aunque estos efectos positivos no persistieron después del periodo de actividad. Los investigadores concluyeron que el ejercicio físico produce modificaciones de la composición y función de la microbiota intestinal que no dependen de la alimentación sino del índice de masa corporal** y que podrían prevenir determinadas enfermedades intestinales como el cáncer colorrectal o el síndrome del intestino irritable.

 

* Los ácidos grasos de cadena corta, que representan una fuente de energía para los tejidos, reducen la inflamación y mejoran la sensibilidad a la insulina.

** El índice de masa corporal (IMC) es el cociente entre el peso (kg) y la estatura al cuadrado (m2), y permite determinar si una persona es delgada, de corpulencia normal o si padece sobrepeso u obesidad.

 

Bibliografia :

Allen et al. Exercise Alters Gut Microbiota Composition and Function in Lean and Obese Humans. Medicine & Science in Sports & Exercise. Nov 2017.