La hibernación como modelo de armonía entre el intestino y su flora

¿Se resiente la salud con la llegada del frío? Si bien esto nos puede suceder en invierno, los animales que hibernan están protegidos ya que sus defensas intestinales tienden a reforzarse sin perjudicar la flora bacteriana.

 

Un equipo de investigadores estadounidenses revisó diferentes estudios que exploraron lo que sucede en los intestinos de los animales que duermen durante el invierno. Para ello se interesaron, por supuesto, en el emblemático oso pardo, pero sobre todo en el espermófilo, una ardilla cuyo nombre significa «que le gustan las semillas» en griego. Tan puntuales como los veraneantes que regresan de vacaciones, estos roedores hibernan pase lo que pase desde finales de agosto hasta la primavera. Sin embargo, hasta ahí llega la comparación ya que pasan de cinco a nueve meses de ayuno absoluto.

Bacterias «locávoras»

Estos meses de ayuno representan un verdadero reto para sus bacterias intestinales. Durante la hibernación su diversidad disminuye significativamente, con una notable ventaja para las bacterias que son capaces de valerse con los recursos disponibles alimentándose, por ejemplo, de mucina, un líquido con un alto contenido de azúcares que recubre la mucosa intestinal. Pasado este periodo difícil, la flora se reconstituye en su totalidad sin problemas cuando la ardilla vuelve a alimentarse en primavera.

Un modelo de tolerancia

A pesar de los cambios en la alimentación y en la flora que podrían desestabilizar a más de un ser humano, el sistema inmunitario de los animales que hibernan no ataca sus bacterias beneficiosas. Todo lo contrario, se vuelve más tolerante mientras se refuerza mediante la producción de moco protector contra la invasión de microbios externos, alimentando de paso a sus propias bacterias.

Un ejemplo que podría ayudar a los pacientes alimentados artificialmente

Así pues, la inmunidad y la microbiota se adaptan la una a la otra durante este periodo de privación intensa. La medicina podría inspirarse en la hibernación de los animales para evitar complicaciones en pacientes en reanimación o en cuidados paliativos con enfermedades intestinales graves, o incluso efectos secundarios provocados por la quimioterapia. La microbiota debilitada de estos pacientes, incapaces de alimentarse de otra forma que por infusión de soluciones nutritivas directamente en la sangre («nutrición parenteral»), les expone a inflamaciones e infecciones que pueden llegar a ser generalizadas. Su salvación podría, por lo tanto, venir del estudio de estas criaturas de orejas cortas, verdaderas «bellas durmientes del bosque» y del despertar de sus intestinos.

 

Bibliografia :

Carey et Assadi-Porter. The Hibernator Microbiome: Host-Bacterial Interactions in an Extreme Nutritional Symbiosis. Annu Rev Nutr 2017, 21;37:477-500.