Evolución de la microbiota bucal durante los viajes: exposición ambiental, disbiosis y resiliencia
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Acerca de este artículo
1. ¿Cuántas viajes realizamos cada año?
Según la Comisión Europea, los residentes de la UE mayores de 15 años realizaron cerca de 1 200 millones de viajes turísticos con pernoctaciones en 2024, lo que equivale a un promedio de unos tres desplazamientos por persona al año1. Esta frecuencia de viaje reviste una gran importancia biológica, ya que el tránsito constante de un entorno a otro multiplica la exposición a nuevos microbios y acentúa las alteraciones ecológicas a corto plazo. Si bien los cambios en la microbiota intestinal asociados a los desplazamientos —junto con el característico síndrome de diarrea del viajero — se encuentran ampliamente documentados, la microbiota bucal (saliva, lengua y placa dental) ha recibido históricamente mucho menos atención, a pesar de constituir una interfaz fundamental entre nuestro organismo y el exterior.
Si bien las alteraciones de la microbiota intestinal relacionadas con los viajes están bien documentadas, la microbiota bucal —a pesar de encontrarse en la primera línea frente a las novedades del entorno, el agua y la alimentación— permanece prácticamente inexplorada.
2. ¿Por qué los viajes alteran la microbiota bucal?
La cavidad bucal, que se encuentra de manera constante en la primera línea de exposición frente al entorno exterior, es especialmente vulnerable a los cambios bruscos en el estilo de vida y el ambiente. Aunque las comunidades microbianas bucales suelen mantenerse estables en cada individuo, estas reaccionan ante las variaciones en la alimentación, la higiene bucodental, el ritmo circadiano, el estrés y el estado del sistema inmunitario. La salud bucal depende del equilibrio de estos ecosistemas, conocido como homeostasis. Por el contrario, la disbiosis —es decir, cualquier alteración en su composición o funcionamiento— se asocia no solo a diversas enfermedades bucodentales, sino también a patologías sistémicas2.
Los viajes acumulan múltiples factores de alteración —como la exposición a nuevos entornos, a fuentes de agua desconocidas, a alimentos diferentes y a un mayor contacto social3-4 —, todos ellos capaces de modificar las comunidades microbianas residentes. La cavidad bucal, que actúa como la auténtica puerta de entrada al tracto digestivo, posee además la capacidad de influir en el resto del aparato gastrointestinal. De este modo, amplios estudios realizados a escala internacional han demostrado que los microbios bucales pueden migrar hacia el intestino y colonizarlo con mucha más frecuencia de lo que se pensaba, incluso en personas que gozan de una salud perfecta5.
Aunque a menudo resultan transitorios, los desequilibrios microbianos y los marcadores de resistencia provocados por los viajes (los cuales no siempre son totalmente reversibles) suelen persistir mucho más allá de la desaparición de los síntomas clínicos.
3. Los viajes introducen nuevos microbios: disbiosis, intoxicación alimentaria y diarrea
Uno de los principales riesgos asociados a los viajes sigue siendo la infección gastrointestinal aguda —a menudo transmitida por el agua o los alimentos—, la cual va acompañada inevitablemente de una alteración en las comunidades microbianas. En este sentido, los estudios longitudinales revelan que la composición de la microbiota cambia a lo largo de los desplazamientos, y que los episodios de diarrea pueden desestabilizar de forma duradera la estructura de esta comunidad y provocar un aumento exponencial en la abundancia de genes de resistencia a los antimicrobianos durante varias semanas6-7. Asimismo, los viajes favorecen la colonización por organismos multirresistentes, especialmente en las personas que sufren la clásica diarrea del viajero6. Desde un punto de vista clínico, la mayoría de los casos de diarrea del viajero sin complicaciones se resuelven en pocos días. No obstante, los análisis de la microbiota sugieren que nuestro ecosistema muestra únicamente una resiliencia parcial: aunque la composición microbiana tiende a recuperar su perfil original tras el regreso a casa, esta recuperación puede resultar tardía o incompleta. Por último, cabe destacar que, en determinadas cohortes, los marcadores de resistencia a los antimicrobianos adquiridos durante el viaje pueden persistir durante varias semanas después de la alteración inicial6, 8-9.
Los viajes forman a la juventud…, pero también la microbiota y las resistencias a los antibióticos
4. Cuestiones aún sin explorar: tiempo de aclimatación, estabilidad y persistencia
A pesar del creciente interés por la evolución de la microbiota en relación con los viajes, sigue existiendo una notable falta de seguimiento longitudinal directo y detallado de la flora bucal durante los desplazamientos. Las series cronológicas dedicadas a la microbiota intestinal —llevadas a cabo fuera del contexto de los viajes— ponen de manifiesto una fuerte variabilidad diaria, incluso en condiciones de estabilidad. Esta observación subraya la necesidad de realizar un muestreo longitudinal denso, ya que constituye el único método capaz de distinguir las fluctuaciones temporales habituales de los verdaderos cambios inducidos por el viaje4.
En el marco de un programa internacional de año sabático, la Dra. Wendy Lin realiza un seguimiento de la evolución de la microbiota bucal en un grupo de estudiantes que exploran siete regiones del mundo: Estados Unidos, Brasil, Francia, Turquía, Kenia, India y China. Este estudio pretende responder a preguntas fundamentales sobre la flora bucal que todavía siguen sin respuesta:
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¿Cuánto tiempo tarda la microbiota bucal en aclimatarse a un nuevo entorno?
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¿Es estable la microbiota bucal asociada a los viajes o, por el contrario, evoluciona de manera muy dinámica?
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¿En cuánto tiempo recupera la microbiota bucal su perfil inicial tras el regreso a casa?
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¿Persisten a largo plazo los nuevos taxones o variantes de cepas introducidos durante el desplazamiento?
Aún falta desentrañar el ritmo exacto de aclimatación, la estabilidad y la persistencia a largo plazo de los cambios en la microbiota bucal durante los desplazamientos.
Conclusión
Al modificar de forma inevitable nuestro entorno y nuestros hábitos alimenticios, los viajes constituyen una oportunidad natural extraordinaria para estudiar la ecología microbiana humana. Si bien las investigaciones sobre la flora intestinal de los viajeros ponen de manifiesto rápidas variaciones en su composición —agravadas en caso de sufrir diarrea y seguidas a menudo de una recuperación tardía o incompleta—, la microbiota bucal continúa siendo la gran olvidada de estas observaciones, a pesar de representar la primera línea de contacto con los microbios del agua, los alimentos y el entorno. Llevar a cabo estudios longitudinales con cohortes de viajeros, mediante un muestreo bucal frecuente, permitiría arrojar luz sobre cuestiones fundamentales —como la aclimatación, la estabilidad y la persistencia a largo plazo de estas comunidades microbianas— y, al mismo tiempo, determinar si nuestros desplazamientos dejan una huella duradera en nuestra boca mucho después de haber regresado a casa.
2. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5960472
4. https://www.nature.com/articles/s41467-021-27098-7
5. https://elifesciences.org/articles/42693
6. https://www.nature.com/articles/s41467-022-34862-w
7. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4615231
8. https://journals.asm.org/doi/10.1128/mbio.02790-23
9. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1477893925000754
Véase también