Copa menstrual: datos tranquilizadores sobre las infecciones
Los datos disponibles no muestran un aumento del riesgo de infecciones genitales en las mujeres que utilizan la copa menstrual. Incluso sugieren una disminución en la incidencia de vaginosis bacteriana e infecciones de transmisión sexual (ITS), además de preservar una microbiota vaginal sana.
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Acerca de este artículo
La copa menstrual es un dispositivo intravaginal de tamaño variable según el modelo. A diferencia del dispositivo intrauterino, no se aloja en el útero, sino que se sitúa en la vagina para recolectar el flujo menstrual. Gracias a su naturaleza reutilizable, se ha ido consolidando progresivamente junto a los productos de higiene tradicionales —como los tampones— y a opciones más recientes, como las braguitas menstruales. Pese a su creciente uso, sus efectos sobre la microbiota vaginal, las infecciones y la salud reproductiva aún no se habían analizado en profundidad.
De ahí el interés de esta revisión sistemática y metanálisis1,cuyo objetivo fue investigar la relación entre el uso de la copa menstrual como método de protección durante la menstruación y las infecciones del aparato reproductor (IAR), las infecciones de transmisión sexual (ITS) y la microbiota vaginal.
1 800 millones Cada mes, cerca de 1 800 millones de personas en todo el mundo tienen la regla¹.
65 días De media, la duración anual acumulada de las menstruaciones es de 65 días¹.
18 % En los Estados Unidos, el 18% de las mujeres han declarado que utilizan una copa menstrual¹.
Ningún aumento del riesgo de infección
En total se incluyeron 11 estudios —8 de ellos publicados después de 2019— con un total de 10 268 mujeres adultas y adolescentes de África (Kenia, Tanzania), América (Brasil, Estados Unidos) y Europa (Francia, Bélgica, Dinamarca). Su principal limitación metodológica radica en que solo tres de los trabajos se catalogaron como de buena calidad, lo que limita tanto el alcance de la revisión como la solidez de los resultados. A pesar de ello, las conclusiones sobre el uso de este dispositivo resultan tranquilizadoras e incluso alentadoras, al no observarse ningún incremento en el riesgo de contraer ninguna de las infecciones evaluadas entre las usuarias de copas menstruales.
De hecho, se observó más bien la tendencia contraria, ya que se registró una disminución (del orden del 20%) en la prevalencia de la vaginosis bacteriana entre las usuarias de copas menstruales, tanto en estudios observacionales como en ensayos aleatorizados realizados en tres continentes.
Según los resultados de dos ensayos controlados y aleatorizados llevados a cabo con jóvenes kenianas, el uso de la copa menstrual también parece asociarse a una menor prevalencia de ITS (26% menos) en comparación con otros productos y protectores menstruales. Asimismo, un estudio muestra una tendencia a la disminución del riesgo de infección por el virus del herpes simple tipo 2 (VHS-2), aunque los resultados no alcanzaron la significación estadística.
Vaginosis bacteriana: transmisión sexual y consideraciones genómicas
¿Un efecto beneficioso sobre la flora vaginal?
En cuanto a la microbiota vaginal, las usuarias de la copa menstrual albergan con mayor frecuencia una flora de tipo comunitario (CST-I) dominada por Lactobacillus crispatus, tanto en las poblaciones de los tres países europeos estudiados como en Kenia. Este efecto podría explicarse, al menos en parte, por el propio funcionamiento del dispositivo: dado que la sangre menstrual se recoge en la parte superior de la vagina, la microbiota entra menos en contacto con una sangre rica en hierro, la cual podría favorecer el crecimiento de Gardnerella vaginalis y L. iners. De este modo, la copa menstrual podría contribuir al mantenimiento de una flora vaginal sana, dominada por L. crispatus, un perfil que se asocia a una mayor protección frente a la disbiosis vaginal y ciertas ITS. Cabe destacar que no se notificó ningún caso de síndrome de shock tóxico entre las usuarias en los dos estudios que aportaron datos al respecto.
En definitiva, según los autores, la copa menstrual se posiciona como una alternativa económica, viable y sostenible para mitigar la carga de patologías ginecológicas evitables, mejorando al mismo tiempo la higiene menstrual e íntima de las mujeres.
Véase también