En el mundo de las abejas, cada una tiene su papel y cada una su flora

Las abejas son las campeonas de la jerarquía en el trabajo. Un estudio demuestra cómo incluye su estatuto social en las bacterias y hongos que componen su flora intestinal. Los resultados de este estudio son muy valiosos tanto para los amantes de la miel como para el planeta.

 

La vida de una abeja melífera no es un lecho de rosas, salvo quizás para la reina, aunque poner 2 000 huevos diarios no sea una tarea fácil. En función de su edad y de las necesidades de la colonia, la abeja será sucesivamente nodriza, productora de miel, limpiadora de la colmena, guardiana, pecoreadora, etc.: un auténtico modelo de flexibilidad. Además, un equipo de investigadores coreanos descubrió que su flora intestinal se adapta a estos «cambios de puesto» sucesivos.

Los hongos y las bacterias forman un equipo unido

Según ellos, las abejas pecoreadoras tendrían una flora intestinal distinta de la de las abejas nodrizas en lo que a hongos se refiere. Las abejas nodrizas serían colonizadas en gran cantidad por levaduras de tipo Saccharomyces (el grupo de la levadura de panadero), conocidas en otros insectos por favorecer la digestión y ayudar a eliminar la toxicidad de ciertos compuestos de las plantas. A veces llega incluso a establecerse una dinámica beneficiosa entre las bacterias y los hongos: en las abejas nodrizas existiría una forma de «cohabitación mutualista» entre las bacterias de tipo lactobacilos (probióticos bien conocidos presentes en nuestros yogures) y las levaduras muy abundantes en su flora intestinal, que coexisten con los lactobacilos. No es casualidad. La función de estas levaduras podría ser la de digerir el polen, uno de los ingredientes principales –junto con el néctar– de la jalea real, con la que las nodrizas sacian a las reinas y que confiere a su flora intestinal una composición específica.

Una flora que respeta a su huésped

Los incontables viajes al exterior de las abejas pecoreadoras las exponen a numerosos microbios, por lo que sus comunidades de bacterias y hongos intestinales son más diversificadas que las de las nodrizas confinadas en la colmena. La flora de las abejas pecoreadoras, que alberga más bacterias capaces de utilizar aminoácidos (los bloques de construcción de las proteínas), está optimizada para su tipo de nutrición. Puesto que estas abejas se alimentan principalmente de azúcares, las bacterias de sus intestinos no les quitan el «combustible» que necesitan para cumplir su función social, evitando así un conflicto por este recurso. Por supuesto, no se trata de extrapolar estos resultados a las sociedades humanas, sino de conocer mejor este insecto sofisticado e imprescindible llamado abeja.  Desafortunadamente, veinte años después de las primeras señales de alerta, el colapso de las colonias de abejas continúa en todo el mundo.

 

Bibliografia :

Yun JH et al. Social status shapes the bacterial and fungal gut communities of the honey bee. Scientific reports 2018; 8 (2019)