¿Podría una bacteria intestinal sustituir al gimnasio?
Hacemos ejercicios, consumimos proteínas… y aun así nuestros músculos se debilitan con la edad. ¿Y si la pieza que falta no estuviera en el plato, sino en el intestino? La respuesta podría encontrarse en una nueva bacteria.
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Imagine esto: se está haciendo mayor y, por mucho que lo intente:
- tiene menos fuerza de agarre,
- las piernas se le cansan antes
- y siente que empieza a no reconocer su cuerpo.
Los médicos llaman a esto sarcopenia, y afecta a hasta un tercio de las personas mayores de 60 años.
La alimentación y el ejercicio ayudan, por supuesto, pero un equipo de científicos 1 en España y Países Bajos acaban de descubrir algo que nadie se esperaba: un aliado microscópico que vive en el intestino podría estar determinando nuestra fuerza inadvertidamente.
Llaman a esta vía el eje intestino-músculo.
Sarcopenia
Es un síndrome que se caracteriza por un declive de la fuerza muscular, a menudo acompañado de pérdida de masa muscular o de un menor rendimiento físico. Cuando esta pérdida de fuerza y masa muscular es clínicamente significativa, los médicos la llaman sarcopenia. 1
Eje intestino-músculo
Un canal de comunicación entre las bacterias intestinales y los músculos esqueléticos que se ha descubierto recientemente. Es como un diálogo oculto en el que las señales del intestino pueden influir en lo fuertes o débiles que están los músculos. 1
¿Un nuevo probiótico para sus músculos?
Los investigadores estudiaron a 124 adultos, jóvenes y mayores, y descubrieron que las personas con más ejemplares de una bacteria intestinal llamada Roseburia inulinivorans eran perceptiblemente más fuertes. Entre los adultos mayores, aquellos con una concentración detectable presentaban una fuerza de agarre un 29 % mayor que la de los que no la tenían.
Microbiota y deporte: microorganismos competitivos
Para comprobar si esto se podía reproducir en un laboratorio, les dieron a unos ratones estas bacterias, tres veces por semana y por vía oral. Tras pocas semanas, la fuerza muscular de los animales aumentó en aproximadamente un 30 %, sin que hubieran pasado ni un minuto corriendo en una cinta.
Incluso sus fibras musculares incrementaron de tamaño y pasaron a ser de tipo II, fibras potentes de contracción rápida gracias a las que podemos correr y agarrar o levantar objetos. Otras bacterias estrechamente relacionadas con estas no mostraron el mismo efecto en la fuerza prensil de los ratones.
Sino que se trataba únicamente de R. inulinivorans.
Fibras musculares de tipo II
Las rápidas y potentes fibras musculares que utilizamos al correr, saltar o agarrar algo con fuerza. En este estudio, R. inulinivorans cambió la composición muscular hacia estas fibras en ratones, lo que ayuda a entender el notable aumento de fuerza observado. 1
Roseburia inulinivorans
Una especie de bacteria intestinal que suele estar presente en los intestinos sanos. De todos los miembros de la familia Roseburia analizados, era el único capaz de estimular la fuerza muscular, un efecto sorprendentemente específico que la distingue como un candidato a probiótico. 1
Una bacteria diseñada para el rendimiento
Y ahora llega lo realmente sorprendente. R. inulinivorans pertenece a una familia de bacterias célebre por producir butirato, un reconocido metabolito intestinal, por lo que podríamos esperar que ese fuera el mecanismo causante. Sin embargo, la concentración de butirato ni se inmutó. En su lugar, los ratones que recibieron R. inulinivorans tenían una menor concentración de varios aminoácidos en el intestino y en la sangre.
Aminoácidos
Los constituyentes moleculares que nuestro organismo utiliza para desarrollar y reparar los músculos. En este estudio, R. inulinivorans consumía aminoácidos en el intestino, lo que paradójicamente parecía redirigir las existencias restantes del organismo hacia el tejido muscular. 1
Era como si esta bacteria consumiera los aminoácidos, es decir, los constituyentes básicos de las proteínas, en el propio intestino. En cierto modo, los microorganismos estaban llevando a cabo su propia estrategia de nutrición en las sombras.
Paradójicamente, al tomar los aminoácidos para sí mismos, parecía que impulsaban al cuerpo a redirigir las provisiones restantes hacia los músculos.
Una vez allí, alimentaban las vías energéticas esenciales para la reparación, el crecimiento y el rendimiento de los músculos.
Lo que no se usa se oxida
Y esta es la parte inquietante: la cantidad de R. inulinivorans disminuye con la edad, justo cuando los músculos más la necesitan. Se observó una tendencia similar en conjuntos de datos públicos de más de 3500 personas, lo que indica que la pérdida muscular con la edad no solo tiene que ver con moverse menos o con cambiar de dieta. El ecosistema intestinal también está transformándose, y un compañero silencioso de nuestra fuerza se está desvaneciendo discretamente.
Deporte —con moderación— para una microbiota intestinal sana
La buena noticia es que ahora los científicos consideran que R. inulinivorans es un prometedor candidato a probiótico. Aún es necesario realizar ensayos clínicos en seres humanos, pero nos queda una idea tangible: un futuro en el que mantener la fuerza muscular podría no empezar con ir al gimnasio, sino con lo que vive en nuestro intestino.
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