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Problemas funcionales del intestino

Los trastornos funcionales del intestino (TFI), la afección intestinal más frecuente, son un conjunto de síntomas digestivos crónicos que no están asociados a ninguna anomalía anatómica detectable.

El síndrome del intestino irritable (SII) es el TFI más frecuente.

Los TFI engloban un conjunto de síndromes como el SII, estreñimiento, diarrea, hinchazón funcional y los TFI inespecíficos.

Sólo el SII afecta al 10 % de la población y se diferencia de los otros TFI por la presencia de dolor abdominal relacionado con estreñimiento, diarrea o una combinación de ambos. A menudo, viene acompañado por hinchazón abdominal y un nivel de estrés más elevado que el de la población general.

Los niños no están a salvo de los TFI

En los más pequeños, los TFI representan la causa más frecuente de consulta en los servicios de gastroenterología pediátrica. Se presentan cólicos del lactante, con problemas de regurgitaciones y estreñimiento, SII, así como otros trastornos funcionales menos caracterizados. Los dolores de barriga, las hinchazones, las diarreas o el estreñimiento a menudo están asociados con los TFI y pueden tener consecuencias importantes en la vida cotidiana del niño. El estrés y la ansiedad pueden impulsar o mantener determinados síntomas, especialmente los dolores.

Alteración de la comunicación entre el intestino y el cerebro

Todavía se desconocen las causas del SII. El riesgo de desarrollar SII puede multiplicarse por cinco después de una infección bacteriana que provoque diarrea aguda. Se evoca una disfunción en la comunicación entre el cerebro y el intestino relacionada con un desequilibrio de la flora intestinal. En la mayoría de los casos, se ha observado una pérdida de la diversidad de las especies bacterianas que componen la microbiota, con menos bacterias favorables y más bacterias perjudiciales. Estas disfunciones serían las causantes de trastornos motrices del intestino: el tránsito se vuelve lento, se modifica la barrera intestinal y se desarrolla una ligera inflamación. Provocan una hipersensibilidad de la mucosa que hace que fenómenos habitualmente normales como el movimiento de los gases intestinales se vuelvan dolorosos.

Datos prometedores para los probióticos

En el caso de los adultos, las opciones de tratamiento incluyen, además de una alimentación controlada, la ingesta de antiespasmódicos, laxantes o antidiarreicos. En el caso de los niños, se eligen técnicas de relajación y de hipnosis que pueden aliviar los dolores. En ciertas ocasiones, también pueden recetarse antiespasmódicos. Para actuar sobre la microbiota, existen actualmente datos prometedores sobre probióticos, especialmente las bifidobacterias y los lactobacilos, así como los trasplantes fecales. Sin embargo, todavía deben realizarse pruebas clínicas a gran escala para confirmar cada una de estas opciones.

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