La microbiota pulmonar: ¿un marcador pronóstico de EPOC?

La composición de la microbiota pulmonar podría convertirse en un marcador de severidad de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. De hecho, un equipo de investigación demostró la existencia de una correlación entre la presencia de ciertas bacterias y el pronóstico al año de esta enfermedad.

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La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) afectaba a 3,5 millones de personas en 2010 en Francia. Además, es también responsable de más de 100 000 hospitalizaciones al año por exacerbaciones agudas (EA)*. Estos episodios están asociados con un aumento de la mortalidad a corto y medio plazo. Varios estudios demostraron una reducción de la diversidad de la microbiota pulmonar en pacientes con EPOC y sugirieron que esta disbiosis podría ser responsable de la inflamación de las vías aéreas y del debilitamiento de la inmunidad local.

La diversidad, garantía de un mejor pronóstico

Un nuevo estudio internacional permitió descubrir recientemente un posible marcador de severidad de la EPOC que podría facilitar la identificación de pacientes con riesgo elevado de mortalidad. En el estudio se incluyó a 102 pacientes hospitalizados por EA y sus correspondientes esputos recogidos el día 1. Se realizó un análisis de la microbiota mediante secuenciación del ARN 16S, pero desafortunadamente no se pudo comparar con otros cultivos realizados de forma convencional (examen citobacteriológico de esputo). Se llevó a cabo un seguimiento de los pacientes para determinar su supervivencia un año después de la hospitalización. Atendiendo a diferentes parámetros, existiría una relación lineal inversa entre la diversidad de la microbiota y la mortalidad al año: cuanto más variada sea la microbiota, menor será la tasa de mortalidad a un año.

Una peligrosa combinación de bacterias

En este estudio, se identificaron dos géneros** de bacterias con un alto potencial pronóstico. La primera de ellas, Veillonella, es una bacteria de la flora comensal oral que se encuentra en los pulmones del adulto. Su ausencia en el esputo de los pacientes multiplica por 13 el riesgo de muerte al año y los pacientes Veillonella-positivos (V+) presentan una menor duración media de hospitalización que los pacientes Veillonella-negativos (V-). Además, la presencia de bacterias del género Staphylococcus (S+) en el esputo, multiplica por 7 el riesgo de mortalidad al año y se asocia con una hospitalización más larga. No se observó una mayor comorbilidad en pacientes V-/S+. Un resultado aún más significativo es que la combinación de estos dos criterios es extremadamente perjudicial, ya que los pacientes V-/S+ tienen una probabilidad de fallecer al año 85 veces mayor que los pacientes V+/S-. Por tanto, en espera de otros estudios que lo confirmen, la búsqueda de estos dos géneros bacterianos podría convertirse en una prueba “sistemática” para identificar a pacientes de alto riesgo.

*Datos obtenidos de la Haute Autorité de Santé (Francia)

** La técnica empleada no permitió identificar las especies presentes pertenecientes a estos dos géneros

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Las 3 etapas clave del desarrollo de la microbiota intestinal en la infancia

Un equipo de investigación internacional revela en la revista Nature que la formación de la microbiota intestinal tiene lugar entre los 3 y los 46 meses de edad. La lactancia, el tipo de parto y el entorno contribuyen a la construcción de esta flora.

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Según el mayor estudio jamás realizado en niños, los cuatro primeros años de vida son un período clave para el desarrollo de la microbiota intestinal. El estudio, que se llevó a cabo en 903 niños estadounidenses y europeos, demuestra que “nuestro segundo cerebro” se construye en 3 etapas distintas. Primero, entre los 3 y 14 meses de edad tiene lugar la “fase de desarrollo”, durante la cual las bacterias colonizan el tubo digestivo, se implantan y proliferan. Durante los siguientes 15 meses, la flora sufre una “etapa de transición”: algunas bacterias que estaban presentes hasta ahora desaparecen en beneficio de otras especies. Por último, a partir del 31° mes, la flora intestinal del niño se “estabiliza” hasta alcanzar su estado definitivo.

La lactancia materna puede ser determinante…

Los autores señalan que la lactancia materna, ya sea exclusiva o parcial, es “el principal factor que afecta a la composición de la microbiota durante el periodo de desarrollo”. Esto se debe a la presencia de bacterias intestinales beneficiosas (incluso en niños que también han sido alimentados con fórmulas infantiles o con alimentos sólidos), así como a una menor diversidad bacteriana. No obstante, la diversidad de la microbiota es signo de madurez. A los 14 meses de edad, la flora de los niños amamantados estaría menos desarrollada que la de los otros. Pero cuando su dieta ya no incluye leche materna, su microbiota se enriquece y se diversifica. Los investigadores apuntan que “estos resultados parecen confirmar la idea de que es el destete y no la diversificación alimentaria lo que induce la maduración de la flora intestinal”. Cuanto antes se interrumpa la lactancia materna, antes madurará la microbiota, aunque quede por determinar si tendrá un efecto positivo en la salud del niño.

…y el entorno también

Otro resultado de este estudio indica que el tipo de parto, particularmente el parto vaginal, participa en el desarrollo de la flora intestinal de los más pequeños. Del mismo modo, crecer con hermanos y/o estar rodeado de animales domésticos influye en la composición de la microbiota y parece acelerar su maduración. Todos estos resultados serán útiles para futuras investigaciones ya que permitirán a los científicos analizar, de manera más precisa, la relación entre la microbiota y la aparición de ciertas enfermedades, permitiendo valorar la necesidad de nuevas estrategias terapéuticas.

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Bibliografia :

Christopher J. Stewart et al, Temporal development of the gut microbiome in early childhood from the TEDDY study, Nature 2018 Oct;562(7728):583-588.

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Posible papel de la microbiota orofaríngea en el retraso del crecimiento infantil

El retraso del crecimiento es consecuencia de la malnutrición crónica, probablemente iniciada o exacerbada por infecciones entéricas repetidas y por la falta de higiene. Los niños afectados presentan una disbiosis intestinal caracterizada por la presencia inesperada de microorganismos orales y faríngeos.

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El retraso del crecimiento afecta a una cuarta parte de los niños menores de 5 años en el mundo. Una de las causas sería el síndrome de enteropatía ambiental pediátrica, responsable de malnutrición que combina infecciones bacterianas recurrentes (debidas a la falta de higiene) e inflamación crónica debida a la proliferación de bacterias intestinales*. Sin embargo, según un estudio francés realizado en niños con retraso del crecimiento (en Madagascar y en la República centroafricana), no sería éste el único factor.

Translocación de la microbiota oral

A pesar de las diferencias genéticas, ambientales y nutricionales entre ambos países, los investigadores descubrieron en niños enfermos pertenecientes a las dos comunidades, una colonización de la microbiota intestinal por bacterias de la microbiota orofaríngea. En 57 muestras gástricas y 46 muestras duodenales estudiadas se observaron, entre otras, especies pertenecientes a los géneros Haemophilus, Neisseria, Moraxella o Porphyromona, algunas de las cuales se asocian, según la literatura científica, con enfermedades inflamatorias (entre ellas cánceres gastrointestinales, diabetes de tipo 2, enfermedades cardiovasculares).

Un marcador fecal con fines diagnósticos

Estas bacterias orofaríngeas también se encontraron en muestras duodenales y en proporción excesiva en 404 muestras perianales recogidas en niños con retraso del crecimiento, pero no se hallaron en los niños del grupo de control. También fueron más abundantes las bacterias enteropatógenas pertenecientes a los géneros Escherichia coli/Shigella y Campylobacter. Se detectó igualmente una disminución de Clostridiales en las heces de niños afectados. Estas bacterias producen butirato, un ácido graso de cadena corta (AGCC) nutriente de las células epiteliales y responsable de la resistencia del huésped en situaciones de proliferación de bacterias oportunistas. Las heces de los niños enfermos eran pues portadoras de una clara “firma” característica del retraso del crecimiento que combina la presencia de bacterias orofaríngeas enteropatógenas y una baja cantidad de Clostridiales. Este descubrimiento podría abrir el camino al desarrollo de marcadores no invasivos.

Una nueva hipótesis

Los autores sugieren que la presencia de bacterias orofaríngeas en la microbiota fecal podría contribuir a la fisiopatología de la enteropatía ambiental pediátrica. La proliferación de estas bacterias orofaríngeas en el intestino delgado y el colon desencadenaría un proceso inflamatorio. Junto con la presencia de enteropatógenos y cantidades reducidas de butirato, produciría en los niños un estado de malnutrición crónico y como consecuencia, un retraso del crecimiento. Esta hipótesis podría confirmarse en un estudio de cohorte en 1000 niños que se encuentra actualmente en curso.

 

* o SIBO (Small Intestine Bacterial Overgrowth)

 

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Muéstrame tu flora intestinal y te diré de dónde vienes

Un estudio publicado en la revista Cell revela que la migración desde un país no occidental hacia Estados Unidos está asociada con cambios significativos en la diversidad y en las funciones de la microbiota que podrían predisponer a los individuos a enfermedades metabólicas.

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Investigadores internacionales observaron este fenómeno mediante el estudio de más de 510 mujeres con edades comprendidas entre 18 y 78 años que pertenecían a las tribus Hmong y Karen, minorías originarias del sudeste de Asia y particularmente afectadas por la obesidad entre las poblaciones migrantes de Estados Unidos. Ahora bien, la literatura científica estableció una relación entre el sobrepeso y las alteraciones de la microbiota. Para comprender los efectos de la migración, los científicos analizaron, por un lado, la flora intestinal de mujeres que viven en Tailandia, por otro lado, la flora de mujeres que dejaron su país natal y, por último, la de 50 voluntarias pertenecientes a la segunda generación de inmigrantes. También llevaron un seguimiento de 19 refugiados de la tribu Karen antes de su partida o después de su llegada a Estados Unidos, así como de 36 personas nacidas en Estados Unidos y originarias de Europa.

Desaparición de bacterias indígenas

Estos diferentes análisis demuestran que la diversidad y riqueza de la microbiota es mayor en los individuos que viven en Tailandia que en los inmigrantes. La microbiota de los migrantes y la de las personas nacidas en Estados Unidos eran similares. Los investigadores observaron la desaparición de algunas bacterias en beneficio de otras, lo que sugiere una “occidentalización” de la flora de los migrantes en sólo unos pocos meses. La consecuencia de todo esto es que los migrantes de la primera y segunda generación perdieron una enzima capaz de degradar azúcares complejos (especialmente las fibras vegetales), ausente en las personas nacidas en Estados Unidos pero muy abundante en los tailandeses que todavía viven en su país de origen.

La alimentación no lo explica todo

Sin embargo, los investigadores piensan que el cambio de dieta no es suficiente para explicar estas variaciones y subrayan que la dieta de los niños de inmigrantes era diferente de la de las personas nacidas en Estados Unidos, pero sorprendentemente su microbiota era similar. Señalan, además, que la exposición a antibióticos, el estrés y el cambio en la composición del agua podrían ser también responsables de estas alteraciones. Aún es demasiado pronto para concluir que la migración sea la causa de estas alteraciones o para afirmar que contribuyen directamente a la alta incidencia de obesidad en los inmigrantes que viven en los Estados Unidos.

Recomendado por nuestra comunidad

"Nosotros los microbiólogos conocemos esta diferencia desde hace mucho tiempo. De hecho, algunos de los problemas digestivos que experimentan los turistas (diarrea, etc.) se deben frecuentemente a la llegada de nuevos microbios en la flora intestinal... De la misma manera, los microbios patógenos también pueden entrar a través del aparato digestivo o respiratorio." - Comentario traducido de Rudolph Di Girolamo (De My health, my microbiota)

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Bibliografia :

Vangay et al. US Immigration Westernizes the Human Gut Microbiome. 2018, Cell 175, 962–972 November 1, 2018

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