Microbiota cervical posparto en mujeres portadoras del VIH

Hasta la fecha no se ha estudiado la comunidad microbiana cervicovaginal después del parto en mujeres seropositivas, aunque estas mujeres están expuestas a un mayor riesgo de infección por el virus del papiloma humano (VPH), que es el primer factor de desarrollo de lesiones cancerosas.

La microbiota vaginal

Por primera vez9 se han publicado datos científicos sobre la microbiota cervicovaginal posparto de mujeres seropositivas (VIH+). Estos datos revelan una gran diversidad de bacterias, al igual que en las mujeres seronegativas durante el mismo periodo. Además, se sospecha que la inmunodeficiencia provocada por el VIH y la disbiosis cervicovaginal podrían estar implicadas en el desarrollo de lesiones precancerosas.

VIH y aumento del riesgo de lesiones

Se sabe que una microbiota vaginal en la que predomina la bacteria Lactobacillus crispatus se asocia con un menor riesgo de infección por el VIH y, en las mujeres seropositivas, con un menor riesgo de infección por el virus del papiloma. A la inversa, una disbiosis vaginal acompañada de una mayor diversidad bacteriana y una disminución de los lactobacilos podría aumentar el riesgo de contraer infecciones por el VIH y el VPH, lesiones cervicales precancerosas y cáncer de cuello uterino. Se sabe asimismo que el posparto se acompaña de una modificación de la composición de la microbiota que se caracteriza por un aumento de la diversidad microbiana y una disminución de Lactobacillus crispatus. Por lo tanto, la microbiota vaginal de las mujeres VIH+ durante el posparto podría exponerlas a un mayor riesgo de infección por el virus del papiloma y, por consiguiente, a un mayor riesgo de lesiones cervicales precancerosas y de cáncer de cuello uterino.

¿Cuál es el papel exacto de la microbiota?

Para confirmar esta hipótesis, un equipo de investigadores brasileños llevó a cabo un seguimiento de 80 mujeres jóvenes seropositivas tratadas con antirretrovirales y analizaron su microbiota vaginal a los 6 y 12 meses después del parto. Identificaron cuatro tipos distintos de microbiota, tres de ellas muy diversificadas, pero ninguna con predominio de Lactobacillus crispatus. En las mujeres con lesiones cervicales precancerosas, los investigadores detectaron un exceso de ciertas bacterias, especialmente Moryella y Schlegellela. Observaron además un aumento de la cantidad de Gardnerella vaginalis en las mujeres cuyas lesiones disminuyeron durante el periodo de seguimiento, pero no así en las mujeres que, por el contrario, desarrollaron lesiones.

Estos hallazgos no permiten determinar si las bacterias identificadas son la causa o la consecuencia de las lesiones cervicales precancerosas, pero subrayan la susceptibilidad de las mujeres seropositivas y aportan precisiones sobre el tipo de microorganismos implicados. Queda pues por determinar el papel exacto de estos microorganismos, sobre todo porque el cáncer de cuello uterino ocupa la 4ª posición entre los cánceres femeninos y es responsable de más de 200 000 muertes al año en todo el mundo.

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Papel de la microbiota vaginal en la salud reproductiva y en la de las generaciones futuras

Tras haberse concentrado específicamente en la microbiota intestinal durante varios años, los investigadores ahora están ampliando su campo de estudio a la comunidad bacteriana vaginal ya que podría desempeñar un papel importante en la salud de las mujeres y la de sus bebés.7 Algunos científicos8 piensan incluso que los microbios representan la herencia más preciosa que puede recibir un hijo de su madre.

La microbiota vaginal

30% 1 de cada 3 mujeres también sabe que el parto, ya sea vaginal o por cesárea, afecta a la microbiota intestinal del recién nacido

La composición de la microbiota vaginal varía a lo largo de la vida de la mujer: mientras que en adolescentes prepúberes contiene cantidades reducidas de Gardnerella vaginalis, Prevotella y lactobacilos, después de la pubertad estos últimos son prácticamente los únicos microorganismos que la colonizan. Los lactobacilos garantizan la buena salud de las mujeres luchando contra patógenos. Su disminución se asocia con distintos trastornos ginecológicos que abarcan desde parto prematuro hasta infertilidad, pasando por infecciones de transmisión sexual o enfermedades inflamatorias pélvicas. Poco antes de la menopausia, las variaciones hormonales provocan cambios importantes en la composición de la microbiota vaginal, que recupera un equilibrio diferente en las mujeres posmenopáusicas.

Microbios y reproducción

La microbiota vaginal podría estar implicada en la fertilidad, independientemente de que el embarazo se consiga por concepción natural o por fecundación in vitro (FIV). La presencia de las bacterias Gardnerella vaginalis y Atopobium vaginae en la microbiota vaginal se ha asociado con tasas de embarazo más bajas, mientras que el tratamiento de la vaginosis bacteriana –frecuente en caso de infertilidad– mejora sus probabilidades de conseguir el embarazo. El éxito depende asimismo de la proporción de lactobacilos en las secreciones sexuales masculinas y de la presencia de determinadas especies en las trompas de Falopio y la mucosa uterina (endometrio), cuya microbiota podría aumentar o reducir la probabilidad de implantación del embrión.

La salud del bebé comienza in utero

El sistema inmunitario y metabólico del bebé parece estar predeterminado desde la vida intrauterina a través de la exposición a los microbios maternos presentes en la placenta y el líquido amniótico. Estos microorganismos también están presentes, al menos parcialmente, en las primeras heces del recién nacido (meconio). Por el momento se desconoce si la placenta alberga su propia microbiota. Sin embargo, se sabe que es similar a la flora materna oral, lo cual podría explicar por qué las mujeres embarazadas que padecen afecciones periodontales están expuestas a un mayor riesgo de sufrir complicaciones relacionadas con el embarazo. Por otro lado, se ha observado una asociación entre ciertas variaciones de su composición y partos prematuros.

Riesgos y beneficios

Si bien la madre representa un almacén de microbios para su hijo, otros factores están implicados en la modulación de la microbiota del bebé. La administración de antibióticos a la madre (especialmente a partir del segundo trimestre de embarazo) se asocia con un mayor riesgo de obesidad infantil, al igual que la cesárea porque el bebé no entra en contacto con la microbiota vaginal materna. A la inversa, según la investigadora Jessica Younes, los probióticos parecen ser beneficiosos tanto para la madre como para el futuro bebé. En la mujer embarazada, podrían atenuar el riesgo de parto prematuro, diabetes gestacional, depresión posparto e infecciones urinarias y vaginales, mientras que en el recién nacido podrían reducir los cólicos, la predisposición a ciertas alergias (atopia), la resistencia a los antibióticos y atenuar (o incluso suprimir) el riesgo de enterocolitis necrotizante, que es una afección mortal. Por su parte, la lactancia, ya sea materna o con fórmula, podría también ejercer una gran influencia en la formación de la microbiota del niño, aunque todavía se desconocen sus efectos en la salud infantil.

Bibliografia

7 Younes JA, Lievens E, Hummelen R, et al. Women and Their Microbes: The Unexpected Friendship. Trends Microbiol. 2018 Jan;26(1):16-32. 

8 Conferencias organizadas en 2015 y 2016 en Ámsterdam, con el título «Los microbios de la mujer»

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¿Presentan algunas mujeres una predisposición a las enfermedades de transmisión sexual (ETS)?

Basándose en los resultados de una serie de estudios epidemiológicos que demostraron una relación entre la vaginosis bacteriana, la candidiasis vulvovaginal, la colonización de la microbiota vaginal por bacterias patógenas y ciertas enfermedades de transmisión sexual (ETS), una investigadora holandesa6 intentó determinar si la microbiota vaginal de ciertas mujeres podía predisponerlas a contraer ETS.

La microbiota vaginal

Una microbiota vaginal sana se compone de microorganismos diversos, entre los que suelen predominar los lactobacilos. Sin embargo, los adelantos en la biología molecular han permitido demostrar que los lactobacilos ofrecen un grado de protección variable. Por ejemplo, Lactobacillus crispatus tiene un perfil antiinflamatorio y parece proteger a las mujeres de los gérmenes patógenos. Por el contrario, Lactobacillus iners, al igual que las bacterias patógenas, parece fomentar un desequilibrio de la microbiota vaginal (disbiosis) propicio para la vaginosis bacteriana.

Microbiota, vaginosis y ETS: relaciones peligrosas

Además, la vaginosis, la candidiasis vaginal, la colonización de la microbiota vaginal por patógenos y las ETS comparten numerosos factores biológicos y conductuales que podrían explicar las relaciones que mantienen entre sí. Si bien estrictamente hablando la vaginosis y la candidiasis vaginal no son ETS (ya que pueden ocurrir sin relaciones sexuales), los estudios de Janneke Van de Wijgert muestran que la transmisión por vía sexual de los microorganismos responsables de estas afecciones desempeñan muy probablemente algún papel en su desarrollo. Además, las disbiosis y las vaginosis fragilizan la mucosa vaginal y provocan una inflamación cervicovaginal que favorece la infección por el VIH. El riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual depende pues, al menos parcialmente, de la salud de la microbiota vaginal. Las mujeres podrían reducir su riesgo de contraer ETS preservando su flora microbiana. Así pues, los estudios futuros deberán centrarse en determinar de qué forma expone la microbiota vaginal a una mujer a un riesgo elevado de ETS, lo que mejorará la detección y el tratamiento, en particular mediante la administración de probióticos locales.

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Escherichia coli o influencia de la microbiota intestinal en las infecciones urinarias

Por razones anatómicas, las mujeres son mucho más propensas a sufrir infecciones urinarias que los hombres. La forma más frecuente de infección urinaria en las mujeres es la cistitis, que es una inflamación de la vejiga debida a su colonización por la bacteria Escherichia coli.

La microbiota urinaria

Esta bacteria, presente naturalmente en nuestra microbiota intestinal, se vuelve patógena cuando utiliza algunas de sus propiedades infecciosas, por ejemplo, su capacidad de adherencia a la vejiga. Se habla entonces de Escherichia coli uropatógena. Se desarrollan infecciones urinarias cuando la flora fecal contamina la región genitourinaria. Las bacterias pueden infectar la uretra solamente (uretritis), llegar a la vejiga y provocar cistitis aguda, o incluso infectar los riñones y causar pielonefritis. Esta migración bacteriana de la región anal al ámbito genitourinario plantea dos preguntas. La primera es: ¿existen diferencias genéticas entre las cepas responsables o necesitan adaptarse al pasar del intestino a la vejiga? Y la segunda: ¿es posible, con fines de prevención, predecir el riesgo de infección urinaria basándose en el análisis de Escherichia coli en muestras fecales?

No se produce ninguna adaptación

Varios estudios4, 5de un equipo danés han aportado información que podría ayudar a responder a estas preguntas. Los investigadores observaron que las cepas fecales de Escherichia coli de las pacientes infectadas no eran diferentes de las cepas detectadas en su orina ni de las cepas identificadas en personas sanas, excepto por unas pocas variaciones genéticas sin consecuencias. Dicho de otro modo, Escherichia coli es capaz de migrar del intestino a la vejiga sin necesidad de adaptación específica. Los hechos hablan por sí mismos: la composición de la microbiota fecal no permite predecir el riesgo de infección urinaria. Entonces, ¿cuál es la causa? La infección de la vejiga por Escherichia coli uropatógena resulta probablemente de una combinación de factores vinculados tanto con las bacterias (capacidad de adherirse a las células del intestino, virulencia, etc.) como con el estado inmunológico del huésped que genera un entorno propicio para el desarrollo de la infección.

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¿Es la vaginosis bacteriana una verdadera enfermedad?

La microbiota vaginal desempeña un papel fundamental en la salud de las mujeres. Suele componerse principalmente de lactobacilos que protegen a las mujeres durante toda su vida no solo de patógenos procedentes de la microbiota intestinal o del entorno exterior (bacterias, hongos, virus), sino también de desequilibrios de la microbiota vaginal (disbiosis) responsables de diversas infecciones y trastornos genitourinarios. Entre las afecciones más frecuentes cabe mencionar la cistitis, la vaginosis y las enfermedades de transmisión sexual (ETS). Pero hay un aspecto positivo: es posible evitar su desarrollo o su recidiva gracias, entre otras medidas, a determinadas normas de higiene y a un suministro selectivo de probióticos cuya función es restablecer el equilibrio microbiano.

La microbiota vaginal Vaginosis bacteriana - desequilibrio de la microbiota vaginal
Is bacterial vaginosis a disease?

Aunque afecta cada año a cerca del 20% de las mujeres francesas1 y a millones de mujeres de todo el mundo, la vaginosis bacteriana sigue siendo infradiagnosticada y recibe un tratamiento inadecuado debido a su definición imprecisa.

Aún no se ha encontrado una definición precisa de la vaginosis, que se describe a veces como una enfermedad infecciosa o inflamatoria, a veces como una disbiosis (desequilibrio de la microbiota), a veces como un síndrome o una situación absolutamente normal. Por ello sigue suscitando mucha controversia en los medios científicos. Aunque el descubrimiento de esta afección se remonta a 1954 cuando se definía como una infección causada por Gardnerella vaginalis, el término «vaginosis bacteriana» no apareció sino hasta 1983, recuerda el microbiólogo canadiense Gregor Reid2. Sin embargo, un hecho importante pone en tela de juicio esta teoría: la bacteria supuestamente responsable también puede estar presente en mujeres que gozan de buena salud sin provocar vaginosis. Seis años después, la vaginosis se describía como «un cambio complejo en los microorganismos vaginales, acompañado de flujo vaginal maloliente sin inflamación aparente». Un poco más tarde, unos investigadores observaron precisamente un aumento de los marcadores de inflamación y decidieron clasificar a la vaginosis como una enfermedad inflamatoria, definición que fue refutada en 2010 por falta de pruebas. Más recientemente, se agregó el término «disbiosis» a la lista. En resumen, cerca de 65 años no han sido suficientes para llegar a un consenso.

Imagen
Гарднерела вагінальна
Legend

Gardnerella Vaginalis

Definición imprecisa, tratamiento inadecuado

Según la literatura científica, la vaginosis no es una enfermedad en sentido propio (alteración del estado de salud caracterizada por signos específicos). Se manifiesta más bien por un conjunto de síntomas (inflamación, mal olor vaginal, aumento de la diversidad bacteriana, etc.) que pueden variar de una mujer a otra, e incluso puede ser asintomática en ciertos casos. Sin embargo, el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de la vaginosis dependen estrechamente de su definición. Hasta la fecha, las autoridades sanitarias solo han dado apoyo financiero al tratamiento farmacológico, en detrimento de las estrategias destinadas a restablecer y mantener la flora, tales como los probióticos y prebióticos. Gregor Reid considera que se trata de una auténtica aberración y aboga por abandonar la palabra «vaginosis» y reemplazarla por una denominación más precisa de cada uno de los trastornos que incluye. En su opinión, el uso de términos como «disbiosis vaginal» o «inflamación vaginal» permitiría seleccionar un tratamiento más adecuado.

LO QUE CONVIENE EVITAR DURANTE LA HIGIENE ÍNTIMA

  • Duchas vaginales3
     
  • Aseo demasiado frecuente3
     
  • Antisépticos químicos3
     
  • Lavado con agua sola Jabones o desodorantes íntimos3
     
  • Compresas o tampones fuera de los periodos menstruales3
Bibliografia

1 Collège national des gynécologues et obstétriciens français (CNGOF).

2 Reid G. Is bacterial vaginosis a disease? Applied Microbiology and Biotechnology (2018) 102:553–558

3 Microbiote vaginal, la révolution rose, Jean-Marc Bohbot & Rica Etienne

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Artritis reumatoide: alteración de la microbiota intestinal desde los estadios incipientes de la enfermedad

Desde los estadios incipientes de la artritis reumatoide, la microbiota intestinal sufre una disbiosis caracterizada por una reducción de la diversidad microbiana, la sobre o infrarrepresentación de ciertos taxones y alteraciones de las funciones genéticas.

La microbiota intestinal Alzheimer: influencia de la disbiosis intestinal en la enfermedad amiloide Sarcopenia: implicación de la microbiota intestinal en la pérdida funcional y de masa de los músculos esqueléticos Enfermedad de parkinson: papel de los antibióticos y de la microbiota
Actu PRO : Polyarthrite : le microbiote intestinal altéré dès les stades précoces

 

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune crónica que afecta a las articulaciones y se caracteriza por una inflamación de la membrana sinovial que se extiende a los cartílagos y huesos cercanos. Desde hace varios años, la microbiota intestinal suscita el interés de la comunidad científica dado que se sospecha que podría estar implicada en la AR.

Presencia de disbiosis desde los estadios incipientes de la enfermedad

Mientras que varios estudios han descrito estados de disbiosis en pacientes con AR avanzada, un equipo coreano se interesó en los estadios incipientes de la enfermedad, exclusivamente en mujeres, más afectadas por la AR que los hombres. Las 29 pacientes incluidas en el estudio se encontraban en un estadio preclínico (PC, n=17), o en un estadio clínico incipiente (ECI, inicio de la aparición de signos clínicos, n=12), y no estaban recibiendo fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FARME). El ADN bacteriano extraído de muestras fecales de las pacientes se comparó con el de 25 controles sanas. El primer hallazgo fue que la microbiota de las pacientes con AR se caracterizaba por una menor diversidad bacteriana (sin que hubiese diferencia alguna entre los grupos PC y ECI). Además, se observaron diferencias entre los perfiles de especies bacterianas presentes, por ejemplo, sobrerrepresentación de bacterias del filo Bacteroidetes en las pacientes con AR e infrarrepresentación de Actinobacterias, sobre todo del género Collinsella.

Alteraciones de las funciones genéticas

Estas diferencias de composición correspondían a diferencias genéticas: los genes implicados en la síntesis de ubiquinona (coenzima Q10) y menaquinona (vitamina K2) eran más abundantes en las controles, mientras que los genes implicados en el transporte y la absorción del hierro eran más abundantes en las pacientes con AR. Esta particularidad, que facilita la absorción del hierro por parte de las bacterias de la microbiota, podría explicar la anemia que se observa frecuentemente en pacientes con AR. Por último, los genes que codifican la síntesis de lipopolisacáridos –moléculas expresadas en la superficie de las bacterias gramnegativas que atraviesan la barrera intestinal y generan inflamación sistémica– estaban sobrerrepresentados en las pacientes con AR y signos clínicos. Este resultado resalta el carácter inflamatorio de la AR. Se necesitan estudios de mayor envergadura basados en tecnologías complementarias de secuenciación para definir con mayor precisión el papel de la microbiota intestinal en la AR y determinar si la disbiosis observada es una causa o una consecuencia de la enfermedad.

 

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Noticias Reumatología Gastroenterología

El polvo de la granja: un aliado contra el asma

Varios estudios anteriores demostraron que los niños que crecen en una granja gozan de cierta protección contra el asma y las alergias. En esta ocasión, un equipo de investigadores intenta profundizar en este tema mediante el análisis de la composición microbiana del polvo de nuestros hogares y su comparación con el de granjas y otros entornos. Todo ello con el objetivo de identificar una microbiota doméstica que sea favorable para la salud.

La microbiota intestinal Asma y microbiota
Actu GP : Contre l’asthme, bienvenue à la poussière de la ferme !

 

Desde siempre, los niños pequeños han tenido que adaptarse a la riqueza microbiana de su entorno de vida. Sin embargo, con el proceso de urbanización, nuestros hogares han perdido esta riqueza y la frecuencia de asma y alergias está en aumento constante. Numerosos científicos suponen que existe una relación entre ambos fenómenos e intentan demostrarlo y comprender los mecanismos implicados. Un equipo de investigación internacional acaba de dar un paso importante en esta dirección.

La microbiota como reflejo del entorno

La primera fase consistió en analizar la microbiota (conjunto de microorganismos) presente en el polvo recolectado en granjas por un lado, y en otras casas por otro, en el contexto de dos estudios llevados a cabo en grupos de niños finlandeses de dos meses de edad (diagnosticados de asma durante los 6 primeros años de vida). Se encontraron diferencias importantes en la composición de la microbiota: el polvo procedente de las granjas presentaba una gran riqueza bacteriana y contenía, aunque en una menor proporción, bacterias específicas y especies de (sidenote: arqueas microorganismos de reducido tamaño que no se distinguen de las bacterias por su morfología sino por su genética )  características del (sidenote: rumen primera de las cavidades que forman el estómago de los rumiantes )  del ganado. La microbiota doméstica urbana incluía cantidades importantes de bacterias asociadas al hombre. Por último, la variación de la abundancia de hongos en función del entorno no fue significativa.

Diversidad = protección

Los investigadores buscaron una correlación entre estas diferencias de composición y el desarrollo de asma durante los 6 primeros años de vida. Resultado : en aquellos niños que crecían en un entorno no agrícola, cuanto más se aproximaba la composición microbiana del polvo de sus hogares a la de las granjas, menor era el riesgo de desarrollar asma. Esta tendencia se confirmó posteriormente con niños alemanes que vivían en medio rural. Aunque el “efecto protector de la granja” sigue siendo misterioso, el conjunto de datos recogidos confirma la hipótesis según la cual las bacterias y las arqueas específicas presentes en el entorno doméstico y principalmente en el polvo, pueden ofrecer protección contra la aparición del asma. Esta buena noticia podría conducir al desarrollo de nuevas estrategias de prevención.

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Bibliografia :

Kirjavainen PV, Karvonen AM, Adams RI, et al. Farm-like indoor microbiota in non-farm homes protects children from asthma development. Nat Med. 25(7):1089-1095. 2019

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Noticias

¿Existe una firma microbiana en nuestras alergias alimentarias?

Los primeros meses de vida son fundamentales para el adecuado desarrollo del sistema inmunitario del recién nacido. Este está estrechamente relacionado con la composición de la microbiota intestinal, que depende a su vez de factores como el tipo de parto, las secreciones del aparato digestivo, el medio ambiente, la alimentación… Ahora que las alergias se relacionan cada vez más con desequilibrios de la microbiota intestinal, los investigadores esperan comprender mejor cómo se desarrolla mediante el estudio de los primeros instantes de vida.

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ADVERTENCIA

Este contenido fue escrito y publicado en octubre de 2019. Por lo tanto, es probable que esté desactualizado. Para obtener información más reciente sobre alergias, lo invitamos a consultar esta página.

En la línea de la hipótesis higienista, que consiste en pensar que el exceso de higiene de los últimos años es, al menos en parte, responsable de la explosión de las alergias en el mundo industrializado, se acepta actualmente que un sistema inmunitario menos expuesto a microorganismos en la primera infancia puede causar alergias en etapas posteriores de la vida14. Esta problemática, muy intensa en los países industrializados, llega a tener un eco preocupante en Japón, donde la incidencia de asma en los niños de Tokio menores de tres años pasó del 8,5% en 2004 al 16,7% en 201415. Los científicos locales se movilizan frente a este desafío para la salud pública.

ASPECTOS CLAVE: LA HIPÓTESIS HIGIENISTA

Teoría que tiende a establecer una relación causal entre el exceso de higiene y el desarrollo de las alergias.

Este exceso ocasionaría:

  • un desequilibrio entre Th1 y Th2, dos líneas de células inmunitarias (linfocitos)
  • un predominio de las Th2 que orienta la inmunidad hacia ciertas reacciones de tipo alérgico

Los defensores de esta teoría sostienen que:

  • las poblaciones infectadas por parásitos en un alto grado presentan una frecuencia muy baja de asma y rinitis alérgicas.
  • los niños contaminados por agentes infecciosos en la primera infancia padecen menos alergias posteriormente
  • los niños que viven en el campo y en contacto permanente con animales de granja presentan menos alergias que los que viven en la ciudad. (Fuente: ANSES)

En Japón se sabe que todo (o casi todo) se decide durante el primer año de edad

Algunos de estos científicos se interesaron en el primer año de vida con el objetivo de encontrar una especie de «firma microbiana» en los bebés que hayan desarrollado alergias alimentarias antes de los dos años de edad16. En sus hipótesis, estos investigadores estuvieron muy atentos a dos momentos clave de la evolución de la microbiota intestinal: el periodo de lactancia (en general, hasta los nueve meses de edad), durante el cual la flora está dominada por bacterias lácticas (Bifidobacterium); y luego el periodo del destete, durante el cual la microbiota se diversifica, se hace más abundante y tiende hacia la del adulto17. Durante estos periodos se desarrolla la tolerancia a los antígenos alimentarios, macromoléculas externas al organismo que provienen de los alimentos y que son capaces de desencadenar una reacción inmunitaria a través de la producción de anticuerpos. Toda alteración del proceso puede, por lo tanto, dar lugar a alergias en niños18. En este estudio prospectivo realizado en 56 bebés, el equipo japonés analizó las heces al mes, a los dos meses, a los seis meses y al año: catorce bebés desarrollaron alergias alimentarias antes de la edad de dos años —incluso antes del primer año en diez de ellos—. Al correlacionar estos resultados con los análisis de microbiotas, los investigadores observaron que, durante la fase de lactancia y desde los dos meses de edad, algunas bacterias productoras de ácidos lácticos eran menos abundantes en los niños que desarrollaron alergias alimentarias antes de la edad de dos años. Esto tiende a confirmar el papel protector de algunas especies presentes en la leche materna y que provienen de la microbiota intestinal de la madre, como sugieren algunos estudios19. Los investigadores ta mbién señalaron diferencias notables en cuanto a las bacterias que asimilan el lactato (Veillonella) y que están infrarrepresentadas en niños alérgicos.

La lactancia y el destete en el centro del proceso alérgico

Al momento del destete, la microbiota intestinal de los niños con alergias (alimentarias y de otro tipo) se caracterizaba por la presencia más abundante de ciertos tipos de enterobacterias —una de las familias de bacterias más importantes— y la de los niños con alergias alimentarias por dos especies de Clostridium, cuyo modo de acción deberá ser objeto de estudios más detallados. La diversidad bacteriana de los niños alérgicos era, sin embargo, significativamente inferior a la de los niños sanos. Los investigadores interpretan este hecho como un signo de aparición inminente de la alergia. Por último, estos resultados —que muestran que alteraciones muy tempranas de la microbiota intestinal durante la lactancia y el destete pueden inducir alergias alimentarias— concuerdan en líneas generales con los resultados de estudios anteriores realizados en otros países. Falta determinar si es la disbiosis la que genera la alergia o viceversa. Gracias a los resultados de esta investigación, la microbiota de la madre, fuente de bacterias protectoras productoras de ácidos lácticos, constituye una pista para la prevención de alergias alimentarias infantiles.

 

DATOS CLAVE 

SOBRE LAS ALERGIAS ALIMENTARIAS :

1 al 3% de los adultos y del 4 al 6% de los niños en el mundo son afectados para las alergias alimentarias (Datos de la OMS)

75% de las alergias alimentarias infantiles se deben a un reducido número de alimentos: huevos, cacahuetes, leche, pescado, nueces, avellanas y almendras (Datos de la OMS)

Más del 30% de los niños afectados son alérgicos o intolerantes a la leche de vaca en Francia (Fuente: ANSES)

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Pr. Patrice Debré

El profesor Patrice Debré es Profesor Emérito de Inmunología en la Universidad de la Sorbona y miembro de la Academia Nacional de Medicina. Para este ex Jefe del servicio de Inmunología del Hospital Pitié-Salpêtrière (APHP, Paris) y ex Director de unidades de investigación del CNRS y del Inserm, el estudio de la microbiota intestinal es imprescindible para una mejor comprensión de numerosas patologías humanas no transmisibles, particularmente las que tienen un componente inmunitario.

La microbiota intestinal Cómo la microbiota intestinal controla al timo a distancia Papel de la microbiota en la comunicación entre el intestino y el cerebro Microbiota fetal: ¿el final de una controversia?
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Patrice Debré

SISTEMA INMUNITARIO: ES IMPRESCINDIBLE TENER EN CUENTA LA MICROBIOTA INTESTINAL

¿En qué punto se encuentra la investigación sobre la relación entre la inmunidad y la microbiota intestinal?

El conocimiento de la microbiota, descubierta por Pasteur pero olvidada durante mucho tiempo, ha mejorado en los últimos veinte años. Los adelantos técnicos (cultivo de bacterias y metagenómica) han permitido identificar mejor las bacterias del tubo digestivo, hasta el momento poco accesibles. No obstante, es necesario perfeccionar nuestros conocimientos sobre su interacción con los mecanismos de defensa del organismo, sobre los mecanismos de intervención de la microbiota (intestinal y otras) en el desarrollo del sistema inmunitario, que a su vez repercute en la heterogeneidad de los patógenos. La noción de “shaping” (o modulación de las bacterias intestinales por la producción de IgA en el tubo digestivo) es un fenómeno importante. Esta vía de investigación todavía poco explorada será imprescindible en los próximos años. Las interacciones entre la microbiota intestinal y la inmunidad constituyen un verdadero cambio de paradigma y los resultados de su observación no han sido valorados en su justa medida hasta el momento.

“Las interacciones entre la microbiota intestinal y la inmunidad constituyen un verdadero cambio de paradigma”

¿Conocemos todas las patologías asociadas a esta relación?

Estas patologías son diversas. Sin seguir un orden jerárquico y en relación con el sistema inmunitario, conviene mencionar enfermedades autoinmunes y alérgicas, caracterizadas por una pérdida de la tolerancia inmunológica. El cáncer se caracteriza por fenómenos inflamatorios y por una ruptura del equilibrio fisiológico entre poblaciones bacterianas (disbiosis). De manera menos evidente, refiriéndonos al sistema inmunitario, hay que mencionar la obesidad y las enfermedades metabólicas en las se identificaron procesos inflamatorios relacionados con bacterias que se encuentran en el tejido adiposo. Las enfermedades neuropsiquiátricas podrían también tener un papel en todo esto: la producción intestinal de serotonina transportada hasta el cerebro a través del nervio vago merece ser investigada, aunque no es del todo evidente que esté relacionada con anomalías de la inmunidad. El autismo también merece ser considerado ya que varios estudios han sugerido una relación con la microbiota intestinal. Para confirmar esta hipótesis, hay que esperar a que se identifiquen de forma convincente los mecanismos subyacentes

Modulación de la microbiota intestinal: ¿para cuando una práctica clínica regular?

Podríamos contemplar la posibilidad de corregir la disbiosis o mejorar la flora intestinal con la ayuda de probióticos de segunda generación, es decir, más específicos de cada tipo de disbiosis en comparación con los de primera generación. Los trasplantes de microbiota fecal siguen siendo delicados debido a una falta de estandarización de los protocolos y de la recolección de muestras, así como de sus condiciones de almacenamiento hasta su utilización. La modulación de la microbiota intestinal se considera más bien como adyuvante. Por ejemplo, aunque se hayan establecido relaciones entre algunas poblaciones bacterianas y determinados tipos de cáncer, no es posible prescindir de los tratamientos antineoplásicos. Será necesario llevar a cabo estudios estandarizados para determinar qué poblaciones deben proliferar o cuáles deben ser destruidas; posteriormente será necesario comprobar la eficacia de las modificaciones inducidas y garantizar una colonización permanente. Antes de poder sacar conclusiones definitivas, conviene esperar nuevos adelantos en la investigación.

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Palabra de experto Gastroenterología

Estimulación de las respuestas inmunitarias innata y adaptativa

Algunos estudios ponen de manifiesto el interés de una modulación dirigida de la microbiota intestinal para prevenir infecciones respiratorias. De hecho, ciertas cepas podrían modular las funciones inmunitarias y mejorar la calidad de vida. La toma de algunos probióticos y prebióticos podría contribuir también al desarrollo de una mayor resistencia frente a este tipo de infecciones y a una disminución de la morbilidad asociada.

La microbiota intestinal Cómo la microbiota intestinal controla al timo a distancia Papel de la microbiota en la comunicación entre el intestino y el cerebro Microbiota fetal: ¿el final de una controversia?

En 2011, 198 estudiantes de un campus universitario de Massachusetts participaron en un estudio aleatorizado doble ciego que consistió en evaluar la acción de probióticos frente a placebo durante 3 semanas para prevenir la morbilidad asociada a infecciones de las vías aéreas superiores18. Estas infecciones prevalecen en personas jóvenes potencialmente estresadas, con falta de sueño y que viven confinadas en dormitorios comunes. Los voluntarios que recibieron una dosis diaria de cepa de Lactobacillus y de Bifidobacterium estuvieron enfermos en promedio 2 días menos (de un total de 6 días para la media de infecciones que aparecieron en la cohorte) y la severidad de sus síntomas se redujo en un 34%. Los probióticos les proporcionaron una mejor calidad de vida y una mayor resistencia a los patógenos respiratorios ambientales.

SIMBIÓTICOS A PRUEBA

En el año 2008, un equipo de investigación italiano se centró en estudiar la contribución de los simbióticos (combinación de prebióticos y probióticos) en la salud intestinal (distensión abdominal y tránsito intestinal especialmente) y en la resistencia a las infecciones respiratorias19. Durante 90 días, más de 230 participantes fueron repartidos en diferentes grupos, combinando probióticos (3 a 5 cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium), prebióticos como fructooligosacáridos (FOS) y/o lactoferrina y/o galactooligosacáridos (GOS). Se demostraron beneficios en la función intestinal y en la resistencia a infecciones respiratorias (disminución de la cantidad, duración y severidad) en pacientes que habían recibido simbióticos. La lactoferrina no pareció ser beneficiosa en comparación con los FOS y GOS. Sin embargo, la combinación de las 5 cepas de probióticos con FOS y GOS parece mejorar los síntomas. Los FOS actuarían en sinergia con las bacterias facilitando la colonización de la mucosa intestinal para que estas puedan ejercer sus efectos inmunomoduladores. Según los investigadores, se trata de una posible alternativa en la prevención a largo plazo de este tipo de patologías para las cuales los tratamientos actuales no están exentos de efectos adversos.

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