Las alergias alimentarias, un fenómeno en constante evolución, siguen siendo difíciles de tratar. Pero el descubrimiento de la importancia de la microbiota en su desarrollo ha permitido introducir nuevos tratamientos.
Las alergias alimentarias son una disfunción del sistema inmune, que reacciona de manera anormal después de ingerir un alimento determinado. A este alimento, que normalmente es inofensivo para el organismo, se lo denomina «alérgeno». Afectan a un 3 % de la población general y a un 5 % de los niños.
Numerosos alimentos pueden provocar alergia
Hay muchos productos que pueden provocar alergia alimentaria y estos difieren según la edad y los hábitos alimenticios de la persona. Las páginas web gubernamentales actualizan continuamente la lista de alérgenos identificados. Mientras que los niños presentan más sensibilidad a los huevos, la mostaza y la leche de vaca, los adultos son más sensibles a los crustáceos y moluscos, a ciertos frutos o incluso a la soja.
A diferencia de la intolerancia alimentaria, los síntomas de una alergia alimentaria aparecen repentinamente: pueden ser de índole digestivo, respiratorio o cutáneo. El edema de Quincke, una crisis asmática o una reacción anafiláctica constituyen una urgencia vital.
Desequilibrio de la microbiota
No se ha explicado por qué determinados alimentos provocan una reacción inmune inadecuada. Algunos estudios han permitido vincular estos fenómenos alérgicos a una alteración de la microbiota: todos los pacientes alérgicos tienen una microbiota diferente a la de las personas sanas. El estudio de la disbiosis en las personas afectadas ha demostrado que hay ciertas bacterias responsables del desarrollo de hipersensibilidad a las proteínas alimentarias.
¿Prevención con probióticos?
Aunque el tratamiento principal de las alergias alimentarias es evitar los alimentos que la provocan, numerosos estudios sugieren que una modulación de la microbiota mediante probióticos y prebióticos podría evitar el desarrollo de las mismas.
El alcohol y la obesidad son responsables de las enfermedades hepáticas
Las enfermedades hepáticas (hepatopatías) presentan distintos niveles de gravedad, que van desde la esteatosis hepática, benigna y reversible, hasta el carcinoma hepatocelular (cáncer de hígado), pasando por esteatohepatitis no alcohólica (NASH), hepatitis, fibrosis y cirrosis. Las hepatopatías, que son asintomáticas en sus formas menos graves, pueden manifestarse con ictericia (coloración amarillenta), náuseas y fiebre, en sus formas avanzadas.
Si el abuso del alcohol es una causa conocida de las hepatopatías de origen alimentario (enfermedad hepática alcohólica o EHA), el sobrepeso y la obesidad no lo son tanto. Y, sin embargo, la enfermedad hepática grasa no alcohólica (o NAFLD) que provoca representa la principal causa de hepatopatías crónicas en los países industrializados.
La disbiosis intestinal, cofactor de las enfermedades hepáticas
Sin embargo, parece que estos factores de riesgo no son suficientes por sí mismos para provocar una hepatopatía. La existencia de un desequilibrio en la microbiota intestinal también estaría implicada. Una prueba: todos los pacientes que sufren una hepatopatía, sea cual fuere la causa, presentan una disbiosis y una alteración de la barrera intestinal. Cuanto mayor es el daño hepático, más importante es la disbiosis.
Probióticos, prebióticos y trasplante fecal, tres líneas de investigación prometedoras
El tratamiento actual de las enfermedades hepáticas incluye normas higiénicas y dietéticas (pérdida de peso y actividad física), asociadas o no a tratamientos médicos más o menos fuertes (medicamentos, trasplante de hígado).
El papel de la microbiota no deja lugar a dudas, su modificación por parte de los prebióticos, los probióticos y el transplante fecal constituye una línea de investigación prometedora en lo relativo a métodos preventivos y terapéuticos.
El síndrome metabólico agrupa un conjunto de trastornos metabólicos relacionados con la obesidad, tales como la hipertrigliceridemia o la hipertensión arterial, que multiplican el riesgo de diabetes y de complicaciones cardiovasculares.
El síndrome metabólico no es una enfermedad en el sentido estricto; se define como la presencia de obesidad abdominal (contorno de cintura > 94 cm para los hombres y > 80 cm para las mujeres), asociada con al menos dos de los siguientes problemas: hipertrigliceridemia, niveles anormalmente elevados de insulina, hipertensión arterial, hiperglucemia, nivel demasiado bajo de colesterol HDL (“colesterol bueno”).
Francia está a salvo
Con un 14 % a un 21 % de la población afectada, frente a una cuarta parte de los estadounidenses y hasta un 46 % de los griegos, Francia se salva por poco de la “epidemia” del síndrome metabólico. Pero parece que esto no va a durar mucho tiempo…
Un estilo de vida poco saludable, principal factor de riesgo
Además de la posible predisposición genética, un estilo de vida poco saludable es el responsable del síndrome metabólico. La “comida basura”, acompañada de una actividad física insuficiente, provoca disfunciones metabólicas que desencadenan una inflamación crónica, que a su vez origina desórdenes metabólicos. De este modo, se establece un círculo vicioso en el que participaría el desequilibrio de la microbiota intestinal o disbiosis.
No existen síntomas visibles
Excepto la obesidad, el síndrome metabólico no tiene síntomas visibles, porque en el momento en que aparecen los síntomas, significa que el síndrome se ha convertido en enfermedad: diabetes tipo 2, aterosclerosis, enfermedad cardiovascular, etc.
Comer mejor, moverse más
Por el momento, no existe tratamiento para el síndrome metabólico. Las únicas indicaciones médicas que se aplican tanto para la prevención como para su curación son: una alimentación equilibrada, que priorice los alimentos con bajo índice glucémico y la práctica regular y continua de ejercicio físico. Si se confirma la acción de probióticos y prebióticos como reguladores del peso y del consumo alimenticio, también podría inscribirse en el tratamiento del síndrome metabólico.
Tu serie regresa con un segundo episodio dedicado a la microbiota intestinal, un aliado indispensable de nuestra salud. ¡Explora este fascinante mundo con Louise y Julie!
La serie MICROREVEAL tiene como objetivo crear conciencia sobre la importancia de las microbiotas en nuestra vida diaria. Después de haber comprendido los desequilibrios de la microbiota vaginal en el 1.er episodio, la periodista Louise Ekland se interesa ahora en la microbiota intestinal. Más conocida como “flora intestinal”, esta microbiota está compuesta por más de 100 billones de microorganismos (bacterias, levaduras, virus) y es una de las microbiotas más ricas de nuestro cuerpo.
Un rol no solo en la diarrea
En este nuevo episodio, Julie sufre de diarrea. Para explicarle este trastorno, Louise entrevistó al Dr. Alexis Mosca. Como un verdadero ecosistema, la microbiota intestinal evoluciona a lo largo de la vida y varía en función de numerosos factores externos (alimentación, toma de antibióticos, etc.) e internos (origen geográfico, etc.). Su composición estaría asociada a muchas enfermedades (diarrea asociada a los antibióticos, alergias, etc.
Por sus propiedades antagonistas, los bacteriófagos tienen la capacidad de modular la microbiota intestinal. Un estudio demostró que el trasplante de comunidad viral convierte el fenotipo de los ratones receptores obesos en un fenotipo cercano al de los ratones donantes delgados.
En los últimos años se ha demostrado sin lugar a dudas que existe una relación entre la disbiosis intestinal y ciertas afecciones como el síndrome metabólico, la obesidad o la diabetes. Entre las soluciones contempladas figura el trasplante de microbiota fecal (TMF)1 porque muestra una eficacia terapéutica potencial contra tales enfermedades. Más recientemente, el trasplante de viroma fecal (TVF) -el viroma fecal es la comunidad viral de la microbiota- ha logrado eliminar los síntomas de los pacientes con infecciones recurrentes por Clostridioides difficile. De hecho, la comunidad viral intestinal, dominada por bacteriófagos, podría desempeñar un papel fundamental en la estructura de la microbiota.
El trasplante de viroma fecal (TVF) para normalizar el peso y el metabolismo
Con el fin de evaluar la eficacia potencial del TVF para convertir un fenotipo inicialmente obeso en uno delgado, se midieron algunos parámetros fisiológicos (peso, glucemia), así como la expresión de genes clave del metabolismo en ratones delgados (LF)2 y en ratones alimentados con una dieta rica en grasas (HF)2 durante 14 semanas. Resultados: el TVF procedente de un donante LF redujo el aumento de peso y normalizó la glucemia y la homeostasis energética en ratones HF. En particular, el TVF afectó a 7 genes implicados en las vías de señalización de la leptina, en el metabolismo de la glucosa y en la lipólisis, entre otros, lo cual tiende a indicar que produce un efecto beneficioso adicional sobre el peso y el metabolismo.
Efecto beneficioso gracias a la modulación intestinal
El tratamiento previo de ratones HF con ampicilina (Amp)2 restó eficacia al TVF, lo cual indica que el efecto beneficioso del TVF se debe a la modulación de la microbiota intestinal. De hecho, los distintos tratamientos examinados (TVF o TVF + Amp) modificaron el índice de diversidad de Shannon viral y bacteriano de los ratones HF. Como era de esperarse, la Amp o la dieta HF provocan una disminución de la diversidad bacteriana, que el TVF restaura hasta un nivel similar al de los ratones LF. Mientras que la dieta HF no parece afectar mucho la diversidad viral, esta aumenta significativamente tras la administración de Amp, seguida o no de un TVF. La administración de Amp podría tener como consecuencia la inducción de prófagos3 modificando profundamente las comunidades bacterianas y virales, que el TVF restaurará, aunque solo parcialmente.
Efectos en la microbiota y el metaboloma
El TVF podría tener una potente influencia en la composición bacteriana y viral de la microbiota intestinal de los ratones receptores. De hecho, el perfil microbiano del grupo HF+TVF fue significativamente diferente del de los dos grupos HF y LF, lo cual puede explicarse por la gran diversidad viral existente dentro de los grupos LF y por las dietas distintas (LF o HF). Esta misma observación es aplicable a ciertos metabolitos circulantes asociados con la obesidad, dado que se observaron diferencias significativas entre los grupos HF+TVF, HF y LF. Así pues, los virus trasplantados podrían modular la composición de la microbiota y provocar su conversión a un fenotipo más cercano al de los ratones delgados. Este estudio inicial subraya la utilidad de seguir evaluando el TVF para el tratamiento de enfermedades asociadas con una disbiosis en el ser humano.
1) Por ahora, el TMF se usa exclusivamente contra infecciones recurrentes por Clostridioides difficile (denominada anteriormente Clostridium difficile).
2) Cinco grupos de tratamiento: LF (Low Fat): grupo de control compuesto por ratones delgados que recibieron una dieta normal; HF (High Fat): ratones que recibieron una dieta rica en grasas durante 14 semanas; HF + ampicilina (Amp); HF + Amp + TVF; HF + TVF; tratamiento con Amp: 24 horas antes del TVF; TVF: durante las semanas 6 y 7.
3) El prófago es la forma del bacteriófago incorporado en el genoma de la bacteria infectada.
Algunas bacterias características de los productos lácteos, llamadas lactobacilos, también pueden vivir en la nariz. Unas especies concretas, más peludas, podrían reducir el riesgo de sinusitis.
Cuando oye la palabra «lactobacilos», quizá piense en el yogur, en el que abundan estas bacterias, o en la microbiota intestinal. Pero ¿sabía que estos microorganismos en forma de bastoncillos, que producen ácido láctico (de ahí su nombre), también están presentes en las vías nasales?
Pero, sobre todo, algunos tipos de Lactobacillus casei (una especie de lactobacilos) aislados en narices sanas cuentan con múltiples pelos que les permiten adherirse con fuerza a las paredes nasales. Al igual que el Hombre Araña trepando un edificio, estos lactobacilos específicos pueden escalar nuestras cavidades nasales contra viento (estornudos) y marea (secreciones). Cuando llega al lugar adecuado, L. casei inhibe a los agentes infecciosos, que no podrán instalarse en un terreno ya ocupado y cuyo crecimiento se verá dificultado por el ácido láctico que producen dichos lactobacilos.
¿Pronto un espray probiótico?
Estos primeros resultados impulsaron a los investigadores a probar un espray con «lactobacilos peludos» en 20 voluntarios sanos. El resultado es que las bacterias parecen conseguir implantarse, al menos temporalmente, en la cavidad nasal. Así pues, el papel beneficioso de los lactobacilos no se limitaría a la microbiota intestinal y vaginal dado que su efecto sobre las vías respiratorias, hasta ahora poco conocido, ofrece nuevas pistas terapéuticas en lasafecciones respiratorias crónicas.
Un equipo de investigadores identificó un «perfil» bacteriano asociado con el deterioro cognitivo y descubrió que una dieta mediterránea y cetogénica (rica en grasas y pobre en azúcares) puede frenar la evolución de la enfermedad de Alzheimer.
La enfermedad de Alzheimer es el trastorno neurodegenerativo más frecuente. Todavía se desconocen sus mecanismos exactos, aunque parece seguro que la microbiota intestinal participa en su desarrollo. Puesto que la microbiota también depende de lo que comemos, se está difundiendo cada vez más la idea de prevenir esta enfermedad gracias a la alimentación. La dieta mediterránea y la dieta cetogénica –conocida por su acción sobre la microbiota intestinal y el cerebro– estarían especialmente indicadas. Sin embargo, aún falta comprender cómo influyen en la progresión de la enfermedad...
Una dieta combinada
Un grupo de investigadores estadounidenses intentó identificar marcadores microbianos y cerebrales en los estadios incipientes de la enfermedad para observar los efectos de la alimentación en su desarrollo. Para ello, seleccionaron a 17 individuos –11 pacientes con un trastorno cognitivo moderado (estadio temprano de la enfermedad) y 6 personas sanas– y los sometieron alternadamente a dos dietas distintas: una combinaba los principios de la dieta mediterránea con los de la dieta cetogénica y la otra era pobre en grasas y rica en glúcidos. También compararon su microbiota intestinal antes y después de estas dietas.
«Perfiles» bacterianos característicos del deterioro cognitivo
A pesar de una diversidad microbiana relativamente comparable entre los individuos sanos y los enfermos antes y después del inicio de una de las dos dietas, los investigadores identificaron en los pacientes varios marcadores (entre ellos, la actividad de determinadas bacterias intestinales) que podrían ser útiles para detectar un deterioro cognitivo moderado. Por otra parte, observaron que las dos dietas modificaban la microbiota intestinal de los participantes, pero con efectos muy diferentes según el tipo de dieta y según el estado cognitivo de los participantes. Estos resultados abren la vía a la realización de nuevos estudios para definir nuevos marcadores del deterioro cognitivo relacionados con la microbiota intestinal y comprender cómo estas interacciones con la alimentación podrían mejorar el estado de los pacientes de alto riesgo, concluyen los científicos.
Nagpal R, Neth BJ, Craft S et al. Modified Mediterranean-ketogenic diet modulates gut microbiome and short-chain fatty acids in association with Alzheimer's disease markers in subjects with mild cognitive impairment. EBioMedicine. Vol: 47.p.529-542. 2019; https://doi.org/10.1016/j.ebiom.2019.08.032
Ciertas bacterias intestinales y metabolitos sanguíneos podrían caracterizar la progresión de la nefropatía crónica. Además de abrir el camino hacia el descubrimiento de biomarcadores, estos estudios proponen pistas etiológicas.
La nefropatía crónica (NC) se acompaña de modificaciones específicas de la microbiota intestinal y de ciertos metabolitos circulantes. Sin embargo, aún se sabe poco de las funciones de la microbiota y de su compleja relación con el metabolismo del huésped durante la progresión de la NC. De ahí la idea de realizar este estudio que incluyó a 72 pacientes con NC de distintos grados de severidad (26 casos leves, 26 moderados y 20 severos) y a 20 controles con función renal intacta. Se llevó a cabo la (sidenote:
Técnica de secuenciación del ADN de alta velocidad, denominada «secuenciación aleatoria», que permite secuenciar grandes cantidades de ADN en un tiempo récord. Por ejemplo, esta técnica puede aplicarse para secuenciar genomas enteros.
) de las heces y se determinó el perfil de metabolitos sanguíneos centrado en los ácidos biliares (AB), los ácidos grasos de cadena corta y las toxinas urémicas.
Un perfil bacteriano y metabólico característico
Trece especies bacterianas y seis metabolitos circulantes presentaron modificaciones significativas (aumento o descenso) desde los estadios incipientes hasta los más avanzados de la NC, o bien únicamente en uno o varios estadios específicos. Por ejemplo, se pudo diferenciar entre controles y pacientes con estadios incipientes de NC gracias a Bacteroides eggerthii, mientras que Prevotella sp. 885 mostró una correlación con la excreción de urea, reflejando la progresión de la enfermedad. Así pues, ciertas bacterias intestinales podrían ser biomarcadores útiles para el diagnóstico temprano y el seguimiento de la NC. En cuanto a los metabolitos, la concentración de ácido propiónico presentó un descenso significativo en pacientes con estadios avanzados de la enfermedad, facilitando la discriminación de los mismos.
Pistas etiológicas
Se observó una mayor presencia de genes bacterianos relacionados con la biosíntesis de AB en la NC incipiente, lo cual indica que podría ser al principio del descenso de la función renal cuando las bacterias intestinales transforman los AB primarios en AB secundarios. En los estadios avanzados se observó un enriquecimiento de las siguientes vías:
- por un lado, aquellas relacionadas con el metabolismo de (sidenote:
Esteroides, éter-lípidos, ácidos grasos poliinsaturados
) probablemente implicados en el síndrome metabólico –síndrome frecuentemente acompañado de dislipidemia, un conocido factor causal de la NC–,
- y por otro lado, aquellas relacionadas con la biosíntesis de lipopolisacáridos (LPS, endotoxinas inflamatorias). Así pues, las modificaciones del metabolismo de la microbiota y la inflamación del huésped podrían contribuir a la salud renal.
Asociaciones entre bacterias y metabolitos
Por último, el equipo de investigadores identificó bacterias intestinales implicadas en las alteraciones de los metabolitos circulantes, lo cual apunta a un posible papel de la microbiota intestinal en la patogenia de la NC. Se demostró una correlación entre el claro descenso de B. eggerthii en pacientes con NC y la síntesis de AB secundarios en el estadio incipiente de la enfermedad. Además, el aumento de la síntesis de LPS en los estadios avanzados podría atribuirse, al menos en parte, a un aumento de Escherichia coli y otras especies de enterobacterias. Estas asociaciones entre bacterias y metabolitos tienden a indicar que, o bien la especie produce ese metabolito, o bien el metabolito promueve o inhibe el crecimiento de la especie en cuestión. Esta mejor comprensión de la relación entre las especies intestinales y el metabolismo del huésped en distintos estadios de la NC abre pistas interesantes sobre la etiología y el diagnóstico de la enfermedad.
Un estudio reciente revela por fin el modo de acción beneficioso de ciertas bacterias intestinales en la concentración de colesterol en el ser humano y propone un nuevo y valioso papel de la microbiota intestinal en la salud.
La hipercolesterolemia, esto es, una concentración excesiva de colesterol circulante, está estrechamente relacionada con el desarrollo y la progresión de las enfermedades cardiovasculares, que son el origen de (sidenote:
Bibliografia: Goldstein, J.L., and Brown, M.S. (2015). A century of cholesterol and coronaries: from plaques to genes to statins. Cell 161, 161–172.
) Los medicamentos como las estatinas constituyen estrategias que permiten disminuir la concentración de colesterol en la sangre. Por desgracia, estas moléculas no actúan sobre el colesterol aportado por la alimentación y pueden tener numerosos efectos secundarios. ¿Y si en las profundidades del intestino se encontrara una nueva pista para el tratamiento de la hipercolesterolemia?
Descubrimiento del mecanismo implicado en el ser humano
Unos investigadores acaban de identificar en la microbiota intestinal el mecanismo de degradación del colesterol en el intestino por ciertas bacterias, que permite disminuir su concentración fecal y sanguínea. No es nueva la idea de que unas bacterias intestinales puedan degradar el colesterol puesto que esta actividad bacteriana ya se conocía hace un siglo. Sin embargo, nunca se había podido identificar el funcionamiento preciso en el ser humano porque la mayoría de las bacterias son difíciles de cultivar en placas de Petri en el laboratorio, lo cual complica mucho su estudio.
El factor clave es el gen IsmA
Mediante múltiples métodos analíticos, los investigadores identificaron en estas bacterias el gen «IsmA» (gen A del metabolismo intestinal de los esteroides), que estaría implicado en la degradación del colesterol en el intestino. Las personas portadoras de este gen en la microbiota intestinal tenían cantidades reducidas (55 a 75%) de colesterol en las heces con respecto a las personas no portadoras. La concentración de colesterol en la sangre también era baja en los portadores.
¿Hacia nuevas estrategias terapéuticas?
Estas nuevas investigaciones prometedoras permiten imaginar nuevas estrategias dirigidas a la microbiota intestinal: si se introdujeran estas bacterias que degradan el colesterol en la microbiota intestinal o se aumentara su cantidad mediante la administración de prebióticos, se podría luchar contra la hipercolesterolemia.