Ámbito urinario: una eficacia que requiere confirmación mediante ensayos clínicos

Dado que las infecciones urogenitales bajas parecen estrechamente relacionadas con una disbiosis de la microbiota urinaria o vaginal, se están probando tratamientos que modulan la microbiota para prevenir, e incluso curar, estas infecciones.

La microbiota urinaria Microbiota vaginal y predisposición a la candidiasis La microbiota cervicovaginal como marcador de la persistencia de la infección por el virus del papiloma humano Efecto de la edad sobre la microbiota urinaria de las mujeres continentes

Vaccinium macrocarpon

A fin de devolver a la microbiota urinaria toda la diversidad necesaria para su equilibrio y disminuir el desarrollo de resistencia bacteriana a los antibióticos, también se considera la administración de probióticos y arándano rojo.

Diferentes cepas de lactobacilos mostraron ser útiles, aunque hay que esperar nuevos ensayos clínicos.

Los tratamientos alternativos a los antibióticos, populares entre los pacientes, tienen por objeto limitar las recaídas y el desarrollo de resistencia a los antibióticos. Van en el sentido de las recomendaciones de las autoridades sanitarias, entre ellas la HAS (Haute Autorité de Santé francesa), que trabaja para “favorecer la prescripción apropiada de antibióticos a fin de disminuir las resistencias bacterianas que puedan dar lugar a fracasos terapéuticos”.15 Puede proponerse el arándano rojo como prevención de la cistitis recurrente por E. coli, a la dosis de 36 mg/día de proantocianidina.

El empobrecimiento de la microbiota urinaria en las mujeres sensibles a las infecciones urinarias plantea la cuestión de saber si un aporte de microorganismos a través de los probióticos puede reducir la tasa de infección urinaria. Hay que tener en cuenta que un probiótico ideal debe poder adherirse a las células, prevenir y reducir la adhesión de los patógenos, secretan ácidos (por ejemplo, ácido láctico), peróxido de hidrógeno y bactericidas capaces de reducir el crecimiento de patógenos, carecer de efectos indeseables (ni invasivo, ni carcinógeno, ni patógeno) y ser capaz de formar agregados para producir una flora normal y equilibrada.17

Según la literatura científica, los probióticos se mostraron eficaces en el tratamiento y la prevención de las infecciones urogenitales.17 Está demostrado el efecto beneficioso de diferentes lacto- bacilos (L. rhamnosus, L. fermentum y L. reuteri) en el tratamiento de infecciones urinarias . In vitro, se demostró un efecto inhibidor sobre E. coli; en especial, algunas cepas de lactobacilos (L. rhamnosus y L. plantarum) ejercen una actividad antimicrobiana contra E. coli.19

Cada vez más datos sugieren que es posible utilizar los probióticos como primera etapa en la regulación de la microbiota urinaria, a fin de reducir el riesgo de ciertas enfermedades urinarias o tratarlas. Además, se toleran mejor que los antibióticos y los pacientes los reclaman a menudo.17 No obstante, serán necesarios otros ensayos clínicos futuros que impliquen a un gran número de pacientes para obtener pruebas precisas sobre el papel preventivo y curativo de los probióticos en las infecciones urinarias.17

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Infecciones genitales bajas relacionadas con una disbiosis

A diferencia de la microbiota urinaria y otras muchas microbiotas, la microbiota vaginal se beneficia de una escasa diversidad y del predominio de unos pocos lactobacilos. Una disbiosis que altere este equilibrio se asociará a infecciones genitales bajas (vaginosis bacteriana, candidiasis vulvovaginal).

La microbiota urinaria ¿La microbiota vaginal como marcador de la progresión del papilomavirus? Microbiota vaginal y predisposición a la candidiasis Sistema inmunitario infantil: los beneficios del parto vaginal

Candida albicans

MICROBIOTA VAGINAL SANA: POCA DIVERSIDAD Y PREDOMINIO DE LACTOBACILOS

La microbiota vaginal incluye principalmente lactobacilos con efectos protectores. A pesar de la gran variabilidad de una mujer a otra, generalmente se describen 5 tipos de comunidades, según si están dominadas por Lactobacillus crispatus, L. gasseri, L. iners o L. jensenii, o, a la inversa, con pocos o ningún lactobacilo y una cantidad importante de bacterias anaerobias estrictas (Megasphera, Prevotella, Gardnerella y Sneathia), conocidas por ser características de la vaginosis bacteriana.8 

Por lo tanto, mientras que un número elevado de comunidades microbianas indica la buena salud de numerosas microbiotas (digestiva, etc.), la microbiota vaginal está equilibrada cuando su diversidad es baja y está dominada por una o unas pocas especies de lactobacilos de la comunidad bacteriana vaginal. En la mujer en edad de procrear, las hormonas podrían favorecer la proliferación de lactobacilos: las concentraciones de estrógenos inducen el depósito en las paredes vaginales de cantidades elevadas de glucógeno, principal fuente de energía de los lactobacilos.8 Así pues, de la adolescencia a la menopausia, las altas concentraciones de estrógenos favorecen la colonización vaginal por lactobacilos, que metabolizan el glucógeno, producen ácido láctico y mantienen la salud intravaginal, disminuyendo el pH.

La microbiota vaginal está equilibrada cuando su diversidad es baja y está dominada por una o unas pocas especies de lactobacilos

VAGINOSIS BACTERIANA: G. VAGINALIS DESPLAZA LOS LACTOBACILOS

A pesar de más de 60 años de investigación, aún se desconoce la causa de la VB. Sin embargo, parece dibujarse la pista de la disbiosis, según la cual los lactobacilos dominantes serían sustituidos por una flora polimicrobiana compuesta por numerosos géneros bacterianos (Gardnerella, Atopobium, Prevotella, etc.): de hecho, G. vaginalis está presente en el 90% de los sujetos sintomáticos y en el 45% de los sujetos normales; a la inversa, Lactobacillus sp. está presente en el 70% de los sujetos manifiestamente sanos y en el 40% de los sujetos sintomáticos.9 Por ello, se sospechó que G. vaginalis era el principal agente patógeno de la VB. Aun así, la controversia persistió largo tiempo : esta bacteria virulenta también se observaba en mujeres vírgenes y mujeres sexualmente activas con una microbiota vaginal normal; su colonización no siempre desencadena una VB.

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Una vía de explicación reciente podría poner fin a los debates: no existe una sino al menos 13 especies del género Gardnerella, algunas de las cuales podrían no ser patógenas. Incluso se sugirió un mecanismo de establecimiento de la disbiosis:10 G. vaginalis, transmitido sexualmente, podría insinuarse entre los lactobacilos vaginales sanos, como L. crispatus, iniciando la formación de una biopelícula, estructura que protege más al patógeno contra el H2O2 y el ácido láctico secretados por los lactobacilos; al reducir el potencial redox de la microbiota vaginal, G. vaginalis reduciría progresivamente la población de lactobacilos en beneficio de bacterias anaerobias estrictas como P. bivia y A. vaginae; G. vaginalis y P. bivia favorecerían su desarrollo mutuo, la primera proporcionando aminoácidos a la segunda, la segunda aportando amoníaco a la primera; por último, los dos patógenos producirían una enzima capaz de destruir el moco del epitelio vaginal, facilitando la adherencia de diferentes bacterias asociadas a la VB, como A. vaginae, y potencialmente una infección polimicrobiana.

La microbiota vaginal también desempeña un papel importante en el mantenimiento de la salud vaginal y la protección del huésped contra la adquisición y la transmisión de enfermedades de transmisión sexual.

CANDIDIASIS VULVOVAGINAL: PROLIFERACIÓN DE CANDIDA

La candidiasis vulvovaginal (CVV) podría guardar relación con un desequilibrio de la microbiota vaginal; acompañada de una proliferación del hongo Candida (C. albicans en el 80% al 92% de los casos11 y, en menor medida, C. glabrata, C. tropicalis, C. parapsilosis y C. krusei).12 Entre Chlamydia tractomatis los factores desencadenantes, la exposición a los antibióticos, ya sean locales o sistémicos, sería una de las principales causas de la CVV.13 La reducción de ciertas especies bacterianas, lactobacilos o no, que controlan la replicación y la virulencia del hongo permitiría a las levaduras del género Candida ya presente en la vagina para multiplicarse e inducir una infección. Se necesitan futuros estudios que incluyan nuevas tecnologías de secuenciación para caracterizar mejor la interacción entre la microbiota vaginal, estas levaduras y la aparición y recurren- cia de la CVV.

UNA MICROBIOTA VAGINAL SANA, ESCUDO CONTRA LAS ETS

La microbiota vaginal también desempeña un papel importante en el mantenimiento de la salud vaginal y la protección del huésped contra la adquisición y la transmisión de enfermedades de transmisión sexual. Por ello, mientras que una microbiota vaginal limitada a un número restringido de comunidades dominadas por lactobacilos (en especial, Lactobacillus crispatus) es la que presenta la correlación más estrecha con la salud vaginal, un aumento de la diversidad parece favorecer una menor resiliencia frente al desequilibrio y una mayor sensibilidad a las ETS. Esto sucede en el caso del herpes (la vaginosis bacteriana aumenta el riesgo de herpes y viceversa), el papilomavirus (aumento de la prevalencia, de la probabilidad de contraer el VPH, de eliminación retardada y de mayor severidad de la displasia intraepitelial cervical), el VIH (riesgo mayor de contagio y de transmisión) y otras infecciones (gonorrea, clamidiasis, tricomoniasis).14

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Infecciones urinarias relacionadas con una disbiosis

La microbiota parece desempeñar un papel importante en las infecciones urogenitales bajas, tanto si se trata de la microbiota urinaria (la orina no es estéril) en caso de infecciones urinarias, como de la microbiota vaginal en la vaginosis bacteriana y la candidiasis vulvovaginal, aunque con una diferencia importante: la diversidad es favorable para una y desfavorable para la otra.

La microbiota urinaria Un catálogo de genes de la microbiota vaginal ¿La microbiota vaginal como marcador de la progresión del papilomavirus? Efecto de la edad sobre la microbiota urinaria de las mujeres continentes

Si bien se pensó durante mucho tiempo que el aparato urinario era estéril, en realidad posee una microbiota compuesta por más de 500 especies bacterianas.

 Una pérdida de diversidad parece constituir un factor de riesgo de infección urinaria.

LA ORINA NO ES ESTÉRIL

Históricamente, la orina se consideraba un líquido estéril. Sin embargo, los avances técnicos demostraron recientemente que no es así: se identificaron 562 especies bacterianas en la microbiota urinaria humana.6 Entre ellas, 352 especies (62,6%) se han asociado al menos a un caso de infección humana, de las que 225 (40,0%) se describieron como agente causal de infecciones urinarias. Las 8 bacterias implicadas con mayor frecuencia en las IU son Escherichia coli, Staphylococcus aureus, Pseudomonas aeruginosa, Chlamydia trachomatis, Neisseria gonorrhoeae, Klebsiella pneumoniae, Proteus mirabilis y Enterococcus faecalis.6 En cambio, las bacterias secretoras de ácido láctico, es decir, Lactobacillus y Streptococcus, desempeñarían un papel protector frente a los patógenos:7 el ácido láctico disminuye el pH urinario (pH ≈ 4,5), lo cual genera un microentorno desfavorable para la mayoría de las bacterias patógenas; los lactobacilos producen también metabolitos antibacterianos (peróxido de hidrógeno (H2O2) y bacteriocinas).

MICROBIOTA GLOBAL, INTESTINAL Y URINARIA

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DISBIOSIS: UNA PUERTA ABIERTA A LOS PATÓGENOS

Los estudios publicados hasta el momento han demostrado de manera inequívoca el papel de la microbiota urinaria en las infecciones urinarias y en la respuesta al tratamiento.7 Se han propuesto varios mecanismos6 para explicarlo: las bacterias comensales actúan como barrera contra los uropatógenos (secreción de moléculas inhibidoras o bactericidas); y una pérdida de diversidad de la microbiota urinaria representa un factor de riesgo de infección urinaria. Por ello, aunque la mayoría de los microorganismos colonizan el cuerpo humano sin producir infección, podrían volverse patógenos en determinadas condiciones (inmunodepresión, tratamiento con antibióticos, etc.). Podría desarrollarse una infección urinaria bajo los efectos de bacterias comensales, a causa de una disbiosis. Se han sugerido otros factores: trastornos traumáticos (catéter), bioquímicos (acidez, etc.), hormonales (embarazo), mecánicos (estreñimiento), alimentarios (agente patógeno alimentario que, al salir del aparato digestivo, pasa a las vías urinarias),6 etc. A la inversa, algunos hábitos dietéticos (consumo de productos lácteos fermentados que contienen bacterias probióticas o jugo de arándano) podrían participar en la reducción del riesgo de infección urinaria recurrente a través de la modulación de la microbiota.6,7

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Infecciones vaginales

La vaginosis bacteriana y la candidiasis vulvovaginal son dos enfermedades infecciosas ginecológicas muy frecuentes. La primera es una infección bacteriana mientras que la segunda se debe a la proliferación de un hongo.

La microbiota urinaria La microbiota vaginal como predictor del riesgo de parto prematuro Un catálogo de genes de la microbiota vaginal Sistema inmunitario infantil: los beneficios del parto vaginal

VAGINOSIS BACTERIANA

Se considera que la vaginosis bacteriana (VB) es el síndrome microbiológico más frecuente en las mujeres en edad de procrear. Los criterios de Amsel, aunque controvertidos, constituyen el método de referencia para diagnosticar la vaginosis bacteriana. Se exige el cumplimiento de al menos 3 de los siguientes criterios clínicos:3

  1. flujo vaginal poco espeso y homogéneo;
  2. pH vaginal >4,5;
  3. olor a amina (pescado) en la prueba con hidróxido de potasio aplicada a un frotis vaginal;
  4. presencia de “clue cells” (células epiteliales vaginales a las que se adhieren abundantes bacterias) en el examen microscópico de las secreciones vaginales.

En numerosos países también se utiliza el índice de Nugent, basado en el examen microscópico de una tinción de Gram de las secreciones vaginales, para clasificar la flora bacteriana en 3 grupos: sana si el índice se sitúa entre 0 y 3, intermedia si se sitúa entre 4 y 6, y, por último, vaginosis bacteriana si el índice es superior a 6. Según algunos autores, el término de VB en realidad podría abarcar un conjunto de signos y síntomas clínicos comunes provocados por un amplio abanico de bacterias proinflamatorias, asociadas a una respuesta inmunitaria dependiente del huésped, a tal punto que algunos especialistas prefieren utilizar el término “vaginosis polimicrobiana.3

35% Solo 1 de cada 3 mujeres sabe que la vaginosis bacteriana está relacionada con un desequilibrio de la microbiota vaginal

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CANDIDIASIS VULVOVAGINAL

La candidiasis vulvovaginal (CVV), así llamada por su relación con la proliferación de hongos (más específicamente levaduras) del género Candida, se considera la segunda enfermedad infecciosa vaginal más frecuente después de la VB ya que podría afectar al 70 a 75% de las mujeres al menos una vez en su vida, al 50% dos veces y al 5 a 10% de forma recurrente.

Los síntomas y signos de la CVV son inespecíficos, sobre todo teniendo en cuenta que la colonización por el hongo no es un buen indicador ya que algunas mujeres son asintomáticas a pesar de estar colonizadas4. Las manifestaciones clínicas más frecuentes son: prurito vulvar, ardor acompañado de dolor e irritación vaginal que pueden llegar a dispareunia y disuria y, a veces, eritema vulvar y vaginal, edema y lesiones.4

Los factores de riesgo incluyen el embarazo (y otras situaciones asociadas con un aumento de las concentraciones de estrógenos), la diabetes, la inmunosupresión y el tratamiento con antibióticos sistémicos. La incidencia aumenta con el inicio de la actividad sexual, aunque no existe una asociación clara con diferentes tipos de an- ticonceptivos.5

Por último, numerosas levaduras del género Candida alternan entre una fase unicelular y una fase filamentosa mucho más virulenta: las formas filamentosas ofrecen una mayor resistencia mecánica, lo cual favorece la colonización y la invasión de los tejidos del huésped y confiere una mayor resistencia a la fagocitosis.4

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Infecciones urinarias

Las infecciones urogenitales bajas son extremadamente frecuentes en las mujeres: 7 de cada 10 sufrirán al menos una vez una infección urinaria o una candidiasis vulvovaginal; serán todavía más numerosas las que presenten una vaginosis bacteriana.

La microbiota urinaria Papel de las microbiotas vaginal, uterina e intestinal en la endometriosis La microbiota vaginal como predictor del riesgo de parto prematuro Efecto de la edad sobre la microbiota urinaria de las mujeres continentes

Las infecciones urinarias bajas no complicadas son mucho más frecuentes entre las mujeres que entre los hombres.

Raramente se deben a una anomalía estructural y se explican generalmente por la colonización de un patógeno procedente del aparato digestivo, a menudo Escherichia coli, que viaja por las vías urinarias.

77 MUJERES DE CADA 10

Con 150 millones de nuevos casos anua- les, las infecciones urinarias (IU) representan un problema de salud pública mundial. Se observa una desigualdad hombre-mujer ya que esta última se ve dos veces más afectada a igual edad: se diagnostica una IU en una mujer de cada tres antes de los 24 años, en una de cada dos antes de los 35 años y hasta en 7 de cada 10 una vez en la vida (de las cuales el 30% son infecciones recurrentes).1

La frecuencia de IU aumenta con la edad de la paciente y alrededor de dos periodos clave: el inicio de la actividad sexual y la menopausia.2 Diferenciar las IU complicadas de los casos simples reviste una gran importancia clínica ya que de ello dependerán el tipo de tratamiento y su duración. Hay que tener en cuenta que, en general, las IU no complicadas afectan a pacientes que no presentan ninguna anomalía anatómica o funcional del sistema urinario, mientras que las IU complicadas pueden verse favorecidas por distintos factores como obstrucciones del tracto urinario, embarazo, inmunosupresión, fiebre, colocación de un catéter, insuficiencia renal o diabetes. La presencia de síntomas prolongados (>1 semana), la falta de respuesta al tratamiento y la persistencia de bacterias a pesar del tratamiento también son características de las IU complicadas.1

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COLONIZACIÓN DE PATÓGENOS DIGESTIVOS

Es muy infrecuente que la infección urinaria sea secundaria a una anomalía estructural subyacente; en general, se produce debido a una colonización de la vagina y la zona periuretral por uropatógenos procedentes del tracto digestivo, que viajan por las vías urinarias. La virulencia de los patógenos, en especial de E. coli, se debe principalmente a su capacidad de adherencia y de colonización del árbol urinario hasta formar biopelículas en la barrera urotelial, que los mantiene protegidos del sistema inmunitario del huésped.1

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Papel de la microbiota intestinal en la insuficiencia renal

La disbiosis intestinal que se observa en los pacientes con insuficiencia renal podría agravar la enfermedad debido a la producción de toxinas que se acumulan en la sangre. Un probiótico parece contrarrestar parcialmente estos efectos.

La microbiota intestinal La microbiota intestinal: un marcador de la severidad de la nefropatía crónica Lesión medular y trastornos colorrectales: el efecto de la microbiota intestinal Trasplante renal: ¿la disbiosis preoperatoria es un factor de diabetes?

La progresión de la insuficiencia renal crónica (IRC) a insuficiencia renal terminal (IRT) y sus complicaciones parece estar vinculada a la acumulación de toxinas en la sangre, muchas de las cuales podrían originarse en la microbiota intestinal. Sin embargo, hasta ahora se desconocía el origen microbiano preciso de estos metabolitos como las toxinas urémicas, así como los mecanismos subyacentes. Se llevó a cabo un estudio internacional a gran escala (223 pacientes con IRT, 69 controles) para caracterizar las relaciones entre la composición de la microbiota, las toxinas urémicas y los síntomas de IRT.

Los metabolitos fecales y séricos son el reflejo del estado clínico

Los metabolitos séricos y fecales de los pacientes con IRT mostraron diferencias respecto a los controles y una estrecha correlación entre sí. En las heces de los pacientes se detectaron más precursores de toxinas urémicas y ácidos biliares secundarios (AbS) y menos ácidos grasos de cadena corta. Por su parte, los metabolitos séricos se caracterizaban por una mayor abundancia de 9 toxinas urémicas y un desequilibrio en los ácidos biliares, mostrando una estrecha asociación con el estado clínico de los pacientes. Así pues, las alteraciones metabólicas intestinales de los pacientes con IRT podrían contribuir de manera significativa a la acumulación de toxinas urémicas séricas. Esta hipótesis se confirmó en una segunda cohorte independiente (12 pacientes con IRT y 12 controles).

Disbiosis intestinal

Mediante un análisis metagenómico (shotgun) se detectó una disbiosis intestinal en los pacientes con IRT, caracterizada por una mayor abundancia de ciertas especies bacterianas. Más específicamente, estas bacterias poseían genes que codifican para la síntesis de toxinas urémicas y la biosíntesis de AbS. De hecho, la composición microbiana no solo mostró una correlación con las variables clínicas de los pacientes, sino también con la producción de toxinas urémicas y AbS. Según los autores, la microbiota intestinal acelera la producción de sustancias tóxicas y contribuye así a agravar la enfermedad.

Confirmación del papel de la microbiota en roedores

El trasplante de heces de pacientes con IRT a ratones axénicos (germ-free) dio lugar a un aumento de la producción de toxinas urémicas séricas, a un agravamiento de la fibrosis renal y a estrés oxidativo en los roedores. Por lo tanto, la disbiosis intestinal podría ser responsable, al menos en parte, de la insuficiencia renal a través de las toxinas urémicas. , Parecen estar implicadas dos especies productoras de precursores de dichas toxinas (Eggerthella lenta y Fusobacterium nucleatum). Por último, la administración de un probiótico (una cepa de Bifidobacterium animalis) consiguió reducir las concentraciones de toxinas y la severidad de la enfermedad en ratas. Así pues, la disbiosis intestinal de los pacientes con IRC parece generar metabolitos nocivos que agravan la enfermedad. Esto sugiere que, a la inversa, la microbiota intestinal podría representar un blanco prometedor para reducir la toxicidad urémica en tales pacientes.

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Noticias Nefrología Gastroenterología

Deporte y microbiota: todo es cuestión de equilibrio

¿Demasiado complicado practicar deporte durante el confinamiento? Con la desescalada se acabaron los pretextos. Ha llegado la hora de volver a la rutina pero con calma, sin sobrepasarse, porque al igual que el sedentarismo, el exceso de actividad física podría alterar la microbiota intestinal y perjudicar los músculos.

La microbiota intestinal ¿Qué alimentos favorecen el equilibrio de la microbiota?
Actu GP : Sport et microbiote : une question d’équilibre !

Numerosos estudios han demostrado que la práctica regular de actividad física moderada aumenta la diversidad bacteriana intestinal y favorece el desarrollo de especies beneficiosas. Todo ello podría contribuir a los efectos positivos del deporte, siempre y cuando uno siga un entrenamiento regular. De hecho, la suspensión total de la actividad puede traer como consecuencia un desequilibrio de la microbiota intestinal (disbiosis).

¡Cuidado con el exceso de deporte!

Sin embargo, existe igualmente el peligro inverso. Independientemente de que uno sea un simple aficionado o un profesional, un entrenamiento demasiado intenso y desproporcionado respecto a su nivel puede provocar una disbiosis. Además, cuanto más intensa la actividad, más rápido será el desarrollo de la disbiosis, que podría dar lugar a un aumento de la permeabilidad intestinal y provocar inflamación al favorecer el paso de bacterias y de sus componentes al torrente sanguíneo. La disbiosis también podría explicar el dolor abdominal, las náuseas y la diarrea que experimentan algunas personas tras un esfuerzo extremo.

¿Un eje intestino-músculo?

La hipótesis más probable es que las bacterias intestinales y los músculos comunican entre sí a través de un eje intestino-músculo que funciona de manera bidireccional: mientras que la microbiota intestinal influiría en la salud muscular, el ejercicio físico modularía la composición de la microbiota. En el ser humano, si bien esta hipótesis se basa en la asociación entre la disbiosis intestinal y diversas alteraciones metabólicas relacionadas con los músculos (síntesis de proteínas, liberación de moléculas que promueven el desarrollo de los músculos, etc.), aún falta demostrarla.

¿El sistema inmunitario en el centro del eje intestino-músculo?

El sistema inmunitario, moldeado por las bacterias del aparato digestivo, también podría desempeñar un papel clave en la salud muscular. Al contribuir a la formación de un sólido sistema de defensa del organismo, una microbiota intestinal «sana» podría influir en el eje intestino-músculo y contribuir a la buena salud de los músculos, especialmente en personas activas. A la inversa, una disbiosis resultante de una interacción negativa con el sistema inmunitario podría favorecer trastornos musculares. Aún falta comprobar esta hipótesis para entender por fin la relación entre el ejercicio, el sistema inmunitario, la microbiota intestinal y el estado de salud de los músculos.

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Bibliografia: 

Ticinesi A., Lauretani F., Tana C., et al. Exercise and immune system as modulators of intestinal microbiome: implications for the gut-muscle axis hypothesis. EIR 25 2019

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Noticias

¿Una disbiosis oral responsable del síndrome de Sjögren?

Una disbiosis de la microbiota oral podría estar implicada en la patogenia del síndrome de Sjögren, especialmente en el cambio fenotípico que se produce en las células epiteliales de las glándulas salivales y en la inflamación de las mismas.

La microbiota ORL La doble cara de los antibioticos : Salvavidas y pero alteradores de la microbiota La microbiota intestinal podría bloquear los efectos de algunos antidepresivos ¿Una nueva generación de antibacterianos? El plásmido asesino que destruye las bacterias patógenas
Photo : Is Sjögren syndrome caused by an oral dysbiosis?

El síndrome de Sjӧgren (SS) es una epitelitis autoinmune caracterizada por xerostomía y xeroftalmia (boca y ojos secos). Las células epiteliales de las glándulas salivales son a la vez protagonistas y dianas en el SS dado que se transforman en células capaces de activar el sistema inmunitario (linfocitos T, células dendríticas, luego linfocitos B) y sintetizar quimiocinas responsables de la infiltración de linfocitos. Uno de los criterios de diagnóstico es precisamente la inflamación de las glándulas salivales causada por estos infiltrados. Sin embargo, aún se desconoce el factor desencadenante del SS. Se sospecha de una disbiosis de la microbiota oral, que también está implicada en otras enfermedades autoinmunes (lupus sistémico, enfermedad de Crohn, poliartritis reumatoide). De ahí el presente estudio cuyo objetivo era caracterizar la microbiota oral de pacientes con SS e investigar su papel potencial en la patogenia de la enfermedad.

Una disbiosis de la microbiota oral

Mediante un lavado bucal completo se recogieron comunidades bacterianas orales de 25 controles (14 sin xerostomía y 11 con ella) y de 25 pacientes afectados por una forma primaria de SS (8 sin xerostomía y 17 con ella). El interés de estos subgrupos era que permitía caracterizar los cambios en la microbiota intestinal relacionados con el SS excluyendo los efectos de la xerostomía. En comparación con los controles, la microbiota oral de los pacientes con SS presentaba una mayor carga bacteriana y, de forma correlacionada, una mayor diversidad, aún más pronunciada en los pacientes sin xerostomía.

Papel de Prevotella melaninogenica

Para evaluar el posible papel patogénico de las especies asociadas con el síndrome, los investigadores probaron in vitro tres de las especies de bacterias orales características de la disbiosis de los pacientes con SS, seleccionando aquellas capaces de expresar porinas (proteínas que permiten intercambios a través de la membrana). Entre estas especies, P. melaninogenica podía inducir cambios funcionales (secreción de interferón λ por parte de células tumorales e inflamación subsiguiente) y fenotípicos (expresión de antígenos) en las células epiteliales de las glándulas salivales. Posteriormente se confirmó que esta bacteria era capaz de llegar hasta las glándulas salivales ya que una serie de biopsias reveló su presencia en las células de los conductos salivales y en las zonas de infiltración. La presencia de la bacteria podría deberse a una ruptura de la barrera epitelial causada por inflamación y/o fibrosis. De acuerdo con este primer escenario, la infección bacteriana podría agravar la inflamación y la desregulación ya iniciada en las células epiteliales de las glándulas salivales. Sin embargo, puesto que la bacteria también está presente en zonas no inflamadas, se contempla otro escenario posible en el que la infección bacteriana sería anterior a la infiltración de linfocitos. En resumen, una disbiosis de la microbiota oral podría desencadenar la desregulación de las células epiteliales de las glándulas salivales. A esta desregulación seguiría la invasión de bacterias en las células de los conductos salivales, que a su vez podría perpetuar la inflamación.

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Noticias Neurología Gastroenterología

¿Comer más sano para reforzar la inmunidad?

Independientemente de si estamos en tiempos de epidemia o no, una dieta equilibrada refuerza nuestra inmunidad suministrando al sistema inmunitario todo lo que necesita para funcionar y modelando la microbiota intestinal para que produzca una respuesta inmunitaria adecuada.

La microbiota intestinal ¿Qué alimentos favorecen el equilibrio de la microbiota?
Actu GP : Mieux manger peut-il renforcer l’immunité ?

En estos tiempos de pandemia, todos quisiéramos fortalecer nuestro sistema inmunitario para mejorar nuestra resistencia a las infecciones. Actualmente proliferan los artículos sobre el papel clave de la nutrición, pero ¿qué podemos esperar realmente de la dieta en materia de inmunidad? Comencemos recordando que hasta la fecha ningún estudio ha demostrado que comer más sano podría ayudar a luchar contra un virus1,2 (la protección más eficaz sigue siendo el uso de medidas de barrera y el distanciamiento social). Sin embargo, una dieta equilibrada puede optimizar nuestras defensas inmunitarias.

Dos medios de acción

Los alimentos son fuentes de nutrientes esenciales que contribuyen al correcto funcionamiento del sistema inmunitario3, sobre todo el zinc4, la vitamina D5,6, la vitamina A7 y antioxidantes como la vitamina C5. Además, la dieta influye en nuestra inmunidad modelando nuestra microbiota intestinal8,9. Nuestro intestino alberga miles de millones de bacterias que mantienen un diálogo permanente con nuestras células inmunitarias3 y desempeñan un papel importante en la respuesta inmunitaria producida en caso de infección10-12. Una microbiota equilibrada también permite regular el sistema inmunitario y evitar una respuesta descontrolada, impidiendo que se mantenga en un estado de alerta nocivo en vez de volver al modo de espera una vez cumplida su misión. Por ello el objetivo no es «potenciar» el sistema inmunitario sino «reforzarlo»13.

Alimentos beneficiosos

En la práctica, ¿qué alimentos conviene consumir? Para suministrar al sistema inmunitario todas las materias primas que necesita1, deberíamos comer frutas y verduras porque son fuentes de vitaminas antioxidantes, así como pescado azul porque es fuente de vitamina D, sin olvidar la exposición al sol cuando sea posible para fomentar la síntesis cutánea de vitamina D. Además, una dieta diversificada rica en fibra y en alimentos probióticos como el yogur contribuirá al desarrollo de una microbiota beneficiosa para la salud y la inmunidad14,15. A la inversa, una dieta hipercalórica, excesivamente rica en grasas y alimentos procesados con aditivos, tenderá a empobrecer la microbiota1,8,14.

Bibliografia

1 Physicians Committee for Responsible Medicine. Foods To Boost the Immune System. 13 March 2020. https://www.pcrm.org/news/blog/foods-boost-immune-system [last consult: 15 April 2020].

2 Harvard School of Public Health. Ask the Expert: The role of diet and nutritional supplements during COVID-19. 09 April 2020. https://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/2020/04/01/ask-the-expert-the-role-of-diet-and-nutritional-supplements-during-covid-19/ [last consult : 04 May 2020].

3 Childs CE, Calder PC, Miles EA. Diet and Immune Function. Nutrients. 2019 Aug; 11(8): 1933. doi: 10.3390/nu11081933.

4 Read SA, Obeid S, Ahlenstiel C, et al. The role of zinc in antiviral immunity. Advances in Nutrition. 2019 Jul 1;10(4):696-710. doi: 10.1093/advances/nmz013.

5 Ströhle A, Wolters M, Hahn A. Micronutrients at the interface between inflammation and infection--ascorbic acid and calciferol: part 1, general overview with a focus on ascorbic acid. Inflamm Allergy Drug Targets. 2011 Feb;10(1):54-63. doi: 10.2174/187152811794352105.

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Menos antibióticos = menos disbiosis = menos asma infantil

La disminución de la incidencia de asma infantil que se observa desde hace varios años podría ser una consecuencia positiva inesperada de la menor prescripción de antibióticos a lactantes. Posible explicación: menos disbiosis intestinal.

La microbiota intestinal La microbiota intestinal podría bloquear los efectos de algunos antidepresivos Exposición a los antibióticos entre el nacimiento y los 6 años de edad: perturbación de la microbiota intestinal y alteración del desarrollo del niño Antibióticos y riesgo de desarrollar una EII crónica en adultos
Photo : Fewer antibiotics, less dysbiosis, less childhood asthma

El asma infantil afecta al 8% de los niños estadounidenses y canadienses. La prevalencia ahora tiende a bajar tras haberse duplicado durante la segunda mitad del siglo XX. Los autores plantearon la hipótesis de que esta disminución podría deberse a una menor prescripción de antibióticos y, por tanto, a una mejor preservación de la comunidad microbiana intestinal. Para confirmarlo, analizaron los datos administrativos relativos a los diagnósticos de asma y las (sidenote: Datos procedentes de la base gubernamental BC PharmaNet que recoge todos los datos de los ambulatorios de la provincia (población incluida en la base de datos: 4,7 millones) )  (Canadá), así como la microbiota intestinal de 2 644 niños de la (sidenote: cohorte del estudio canadiense CHILD Estudio prospectivo Canadian Healthy Infant Longitudinal Development que incluyó a niños reclutados antes del nacimiento entre 2008 y 2012 )

Menos antibióticos = menos asma

A escala poblacional, entre 2000 y 2014, la incidencia de asma en niños de 1 a 4 años disminuyó un 7,1‰ en valor absoluto, pasando del 27,3‰ al 20,2‰ según los datos administrativos canadienses. Al mismo tiempo, bajó drásticamente la prescripción de antibióticos a niños menores de 1 año (del 1 253,8‰ al 489,1‰). De hecho, en 2014, 1 niño de cada 3 (34,8%) recibía al menos un antibiótico antes de cumplir 1 año, frente a 2 de cada 3 (66,9%) en el año 2000. Ahora bien, el análisis estadístico reveló una correlación entre la prescripción de antibióticos y el asma ya que la incidencia de asma aumentó un 24% por cada incremento del 10% de la prescripción de antibióticos. Esta tendencia observada a escala poblacional se confirmó a nivel individual en la cohorte del estudio CHILD. Tras excluir a los niños que recibieron antibióticos debido a síntomas respiratorios, el diagnóstico de asma a los 5 años fue más frecuente en aquellos niños a quienes se prescribieron antibióticos antes de que cumplieran 1 año. Además, la frecuencia aumentó con el número de prescripciones: 5,2% con 0 antibióticos, 8,1% con 1, 10,2% con 2 y 17,6% con 3 o más antibióticos.

Los antibióticos representan un extraordinario descubrimiento científico y salvan millones de vida, pero su uso excesivo e inadecuado ahora suscita grandes inquietudes para la salud, especialmente debido a la aparición de resistencia a los antibióticos y disbiosis. Leamos la página dedicada a esta cuestión.

El papel ambivalente de los antibióticos

Al destruir las bacterias responsables de las infecciones, también afectan a la…

Papel de la microbiota

Según los autores, una disbiosis intestinal en los lactantes podría explicar la asociación entre la exposición a antibióticos y el asma infantil. Los niños con asma a los 5 años mostraban una menor diversidad de la microbiota intestinal a la edad de 1 año, y esta diversidad tendía a disminuir cuanto mayor era el número de tratamientos antibióticos prescritos y cuanto menor era la edad de prescripción (reducción drástica en caso de administración antes de los 3 meses de edad). La disminución de la diversidad se acompañaba de una menor abundancia de 5 taxones bacterianos primordiales -incluidas dos especies bacterianas específicas- implicados en la producción de ácidos grasos de cadena corta inmunomoduladores. Así pues, la reducción de la abundancia de determinadas especies podría influir en el desarrollo inmunitario del niño y favorecer la progresión a un fenotipo alérgico. De ahí la utilidad potencial de estrategias dirigidas a mantener la diversidad de la microbiota después de un tratamiento antibiótico, y la necesidad de más prudencia antes de prescribir antibióticos a niños menores de 1 año.

¿Qué es la Semana mundial de concienciación sobre la RAM?

Desde 2015, la OMS organiza cada año la Semana mundial de concienciación sobre la RAM (WAAW), cuyo objetivo es sensibilizar al público sobre la resistencia mundial a los antimicrobianos. 

Esta campaña, que tendrá lugar del 18 al 24 de noviembre, alienta al público general, a los profesionales sanitarios y a los responsables a hacer un uso razonable de los antimicrobianos para evitar el desarrollo de resistencia a los antimicrobianos.

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