Según un nuevo estudio publicado en la revista The Lancet Gastroenterology & Hepatology, una exposición intensa a antibióticos en adultos podría asociarse con un aumento del riesgo de desarrollar una enfermedad inflamatoria intestinal (EII) crónica, independientemente de la predisposición genética y de los factores de exposición durante la niñez.
En los últimos años, la incidencia de enfermedades inflamatorias intestinales (EII) crónicas se ha disparado de forma alarmante en el mundo. La predisposición genética, ciertos factores ambientales (higiene, antibióticos, etc.) y la microbiota intestinal son tres factores de riesgo que podrían participar en la etiología de las EII crónicas. Mientras que se conoce la asociación entre el uso de antibióticos durante los primeros años de vida y el riesgo de EII crónica en niños, los datos disponibles en adultos son más escasos y controvertidos. Un equipo investigó la relación entre el tratamiento con antibióticos y el riesgo de EII crónica en un estudio prospectivo de casos y controles a gran escala.
Cribado exhaustivo de la población sueca
Para seleccionar a sus pacientes, los autores utilizaron la información generada por el estudio (sidenote:
ESPRESSO
Epidemiología fortalecida por informes de histopatología en Suecia
) que agrupa todos los casos de enfermedades gastrointestinales notificados en Suecia entre 1965 y 2016, y cruzaron dicha información con los registros de datos administrativos y prescripciones de pacientes suecos. Luego, los investigadores identificaron en la población general hasta 5 controles por cada paciente, equiparados por edad, sexo, lugar de residencia y año civil. Por último, dado que los hermanos y hermanas no afectados compartían factores de riesgo genéticos o ambientales con los pacientes, también se incluyeron en el estudio como grupo de control secundario. En total, el estudio incluyó a 23 982 pacientes de 16 a 65 años con EII crónicas, a 117 827 controles y a 28 732 hermanos y hermanas.
Aclamados como uno de los principales adelantos de la medicina en el siglo XX, los antibióticos han salvado millones de vidas. Sin embargo, también afectan a nuestra microbiota y provocan disbiosis. Examinemos de más cerca este papel ambivalente.
Duplicación del riesgo de desarrollar una EII crónica
Según el estudio, el riesgo de desarrollar una EII crónica fue 1,88 veces mayor al tomar antibióticos frente a no usarlos, siendo el cociente de riesgos de 1,74 para la colitis ulcerosa (CU) y de 2,27 para la enfermedad de Crohn. El mayor número de prescripciones de antibióticos y el uso de antibióticos de amplio espectro también se asociaron con un aumento del riesgo. Según los autores, este resultado respalda la hipótesis de que una disbiosis intestinal causada por los antibióticos provoca una disfunción de la barrera intestinal, una respuesta inflamatoria local y, por consiguiente, un mayor riesgo de desarrollar una EII crónica.
¿Qué es la Semana mundial de concienciación sobre la RAM?
Esta campaña, que tendrá lugar del 18 al 24 de noviembre, alienta al público general, a los profesionales sanitarios y a los responsables a hacer un uso razonable de los antimicrobianos para evitar el desarrollo de resistencia a los antimicrobinos.
¿Representa la exposición a antibióticos un riesgo independiente?
Cuando se compararon los pacientes con sus hermanos y hermanas que actuaron como población de control, también se observó una asociación –aunque menos estrecha– entre el tratamiento con antibióticos y el riesgo de desarrollar una EII crónica en el grupo de sujetos que compartían predisposiciones genéticas y factores de exposición durante la niñez. Se requieren otros estudios para investigar los mecanismos por los cuales los antibióticos modifican la microbiota intestinal y conducen al desarrollo de EII crónicas. No obstante, los autores consideran que este es un argumento más en favor de un uso razonable y selectivo de los antibióticos.
En este artículo se describe en detalle el circuito bidireccional que conecta el intestino con el cerebro. A través del sistema nervioso simpático extrínseco del intestino, las bacterias o sus metabolitos se comunican con el cerebro, el cual influye a su vez en la fisiología intestinal.
Las conexiones entre el intestino y el cerebro permiten controlar tanto el tejido intestinal como el contenido microbiano y alimentario mediante la regulación de las funciones fisiológicas intestinales como la absorción de nutrientes, la motilidad y el comportamiento alimentario. Por lo tanto, es muy posible que existan circuitos capaces de detectar las bacterias intestinales y retransmitir esta información a las zonas del sistema nervioso central que, a su vez, regulan la fisiología intestinal. De ahí estos estudios que investigan los efectos de la microbiota sobre las neuronas entéricas en modelos de (sidenote:
Ratones gnotobióticos
Ratones en los que solo están presentes algunas cepas conocidas de bacterias (o de otros microorganismos).
) usando la (sidenote:
transcriptómica
Mide la expresión de genes mediante la cuantificación de todos los transcriptos presentes en una célula en un momento dado y en determinadas condiciones.
), herramientas de identificación de circuitos ( (sidenote:
Trazado anterógrado
Método que permite trazar proyecciones axonales desde su origen hasta su terminación.
), (sidenote:
análisis del perfil traslacional
Detección, cuantificación y seguimiento de los compuestos producidos por la microbiota
)) y manipulaciones funcionales ( (sidenote:
quimiogenómica
Técnicas de transgénesis que permiten modificar la respuesta de una población de neuronas a un compuesto químico
)).
Cartografía del sistema nervioso simpático del intestino
Los autores trazaron, zona por zona (íleon, yeyuno…), la implicación de los cuerpos celulares del sistema nervioso simpático extrínseco del intestino ( (sidenote:
extrinsic enteric-associated neurons (neuronas extrínsecas del intestino)
)) y los dividieron en dos grupos:
- los aferentes (que van del intestino al sistema nervioso), que suben información al ganglio de la raíz dorsal (DRG) y al ganglio nodoso (NG, ganglio inferior del nervio vago);
- y los eferentes (que van del sistema nervioso al intestino), que estimulan los ganglios simpáticos celíacos y mesentéricos superiores (CG-SMG). Puesto que estos últimos inervan otros órganos (bazo, páncreas, hígado) además del intestino, podrían ejercer efectos mucho más amplios (inmunidad, metabolismo) que una simple reducción de la motricidad intestinal.
Así fue como este minucioso trabajo permitió localizar precisamente por dónde circula la información que entra y sale del intestino en relación con las eEAN.
La microbiota modula el eje intestino-cerebro
Por último, en ratones axénicos, los autores observaron una mayor actividad en las neuronas del NG y de los CG-SMG conectadas al intestino (pero no en los DRG), como si la ausencia de bacterias activara dichos cuerpos celulares del sistema eEAN. A la inversa, en ratones gnotobióticos colonizados por una microbiota productora de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) o en ratones axénicos que consumen AGCC a través del agua que beben, las neuronas de los CG-SMG no están activadas, como si los AGCC inhibiesen las neuronas eEAN eferentes. Así pues, la detección de bacterias o de sus metabolitos por las neuronas eEAN constituye un sistema sensorial en el que una disbiosis intestinal sería suficiente para activar las neuronas. Según los autores, el descubrimiento de este circuito de modulación de las neuronas eEAN por la microbiota o sus metabolitos podría conducir al desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas para la regulación de la motilidad intestinal, el dolor visceral, la inmunidad entérica y los trastornos metabólicos, siempre y cuando se logre caracterizar mejor las señales bacterianas implicadas.
La vaginosis bacteriana, relacionada con un desequilibrio de la microbiota vaginal, podría deberse a la presencia de bacterias procedentes de la microbiota del pene de algunos hombres transmitidas durante las relaciones sexuales.
La vaginosis bacteriana es una infección muy frecuente. Aunque suele provocar pocos síntomas, puede tener graves consecuencias ya que aumenta el riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual (incluido el VIH) y de presentar complicaciones durante el embarazo (parto prematuro, trabajo de parto precoz, aborto espontáneo tardío). En ausencia de un tratamiento eficaz a largo plazo, la mitad de las mujeres afectadas sufren una recidiva en un plazo de 6 a 12 meses.
Las mismas especies están presentes en la microbiota del pene y en la de la vagina
Un grupo de investigadores estudiaron a 168 parejas heterosexuales cuya mujer no presentaba ninguna infección al inicio del estudio. Tras un año de seguimiento, cerca de 1 de cada 3 mujeres había desarrollado una vaginosis bacteriana. Según los análisis, existía aparentemente una relación directa con la composición de la microbiota del pene. De hecho, los autores identificaron 7 especies bacterianas cuya presencia permitiría predecir con precisión la aparición de una vaginosis bacteriana. Varias de estas especies son idénticas a las encontradas en la microbiota vaginal de las mujeres infectadas.
¿Tratar a los hombres para proteger mejor a las mujeres?
Estos resultados condujeron a los científicos a plantear dos hipótesis: o bien las bacterias de la microbiota íntima de los hombres se transmiten directamente durante la relación sexual, o bien alteran la microbiota vaginal y desencadenan una infección a largo plazo. En ambos casos, abogan por la inclusión de las parejas de las mujeres infectadas en el tratamiento y sugieren que se evalúe un tratamiento capaz de modificar la microbiota del pene para impedir la aparición o recidiva de la vaginosis bacteriana.
Mehta SD, Zhao D, Green SJ et al. The Microbiome Composition of a Man's Penis Predicts Incident Bacterial Vaginosis in His Female Sex Partner With High Accuracy. Front Cell Infect Microbiol. 2020 Aug 4;10:433. .https://doi.org/10.3389/fcimb.2020.00433
Del 18 al 24 de noviembre, la OMS organiza la Semana mundial de concienciación sobre el uso de los antimicrobianos, que brindará la oportunidad de recordar que si bien representan uno de los adelantos terapéuticos más importantes del siglo XX, los antibióticos también pueden tener repercusiones negativas en las distintas microbiotas del cuerpo y favorecer la aparición de resistencia a los antibióticos1.
De la era de los antibióticos a la era de las microbiotas
El Biocodex Microbiota Institute, que participará en este evento en calidad de experto en microbiotas, analiza en una edición especial los efectos de los antibióticos sobre las microbiotas del cuerpo:
- la microbiota intestinal: hasta un 35% de los pacientes que toman antibióticos sufren de diarrea 2,3,4 ;
- la microbiota urogenital: entre un 10 y un 30% de las mujeres desarrollan candidiasis vulvovaginal después de un tratamiento con antibióticos5 ;
- la microbiota cutánea: el 60% de los pacientes tratados de acné presentan cepas de Cutibacterium acnes resistentes a los macrólidos ;
- la microbiota otorrinolaringológica: los antibióticos administrados para tratar una infección de las vías respiratorias superiores aumentan en un factor 2,6 la incidencia de otitis media aguda; ;
- la microbiota pulmonar: los antibióticos de amplio espectro empleados para tratar infecciones pulmonares podrían desempeñar un papel importante en la aparición de resistencia a los antibióticos.
Dosier especial
Este dosier de 12 páginas presenta los aspectos más importantes a través de datos científicos, opiniones de expertos y casos clínicos.
Además de los cambios bacterianos ya identificados en la microbiota intestinal de los pacientes que desarrollan esteatosis hepática, un estudio señala cambios en la población viral. Con ello, se espera poder identificar y clasificar a estos pacientes en función de la severidad de la enfermedad.
Algunas alteraciones de la microbiota intestinal se han asociado a la gravedad de la esteatosis hepática no alcohólica (EHNA). Sin embargo, estos estudios se centraban únicamente en la disbiosis bacteriana, ignorando prácticamente la microbiota viral de los pacientes. De ahí este estudio de observación prospectivo y transversal sobre las asociaciones entre las características del viroma intestinal y los diferentes estadios histológicos de la enfermedad. Para hacerlo, los investigadores secuenciaron el metagenoma de los virus fecales de 73 pacientes con diferentes estadios de EHNA y de 22 controles. Recordemos que los pacientes con una puntuación NAS elevada y fibrosis avanzada presentan un mayor riesgo de progresión de la enfermedad, carcinoma y mortalidad.
Asociación entre la gravedad y la diversidad viral
Con respecto a los 29 pacientes con EHNA y una puntuación histológica baja (NAS 0-4) o a los controles, los 44 pacientes con una puntuación NAS elevada (5-8) o cirrosis mostraban:
- una pérdida significativa de diversidad viral intestinal;
- y una reducción significativa de la proporción de bacteriófagos1 con respecto a otros tipos de virus intestinales, aún más pronunciada en los pacientes que tomaban inhibidores de la bomba de protones.
Además, el grado de fibrosis aumentaba con la disbiosis viral.
¿Causa o consecuencia?
Así pues, dos marcadores de gravedad de la EHNA (puntuación NAS y fibrosis) se asociaron a disminuciones significativas de la diversidad viral y de la proporción de bacteriófagos. Sin embargo, solo se trataba de correlaciones y serán necesarios estudios complementarios para determinar si esta disbiosis es una causa o una consecuencia de la EHNA y comprender los mecanismos subyacentes. El viroma podría afectar directamente al huésped, desencadenando una respuesta inmunitaria o influir en la microbiota bacteriana: un aumento de ciertos fagos de Lactococcus (frecuente en los casos más severos) y de Bacteroides coexistía con una pérdida de las bacterias respectivas.
¿Un modelo predictivo?
La segunda etapa consistió en construir un modelo que incluye un índice de diversidad viral y variables clínicas simples (edad, plaquetas…) y que permite identificar:
- a los pacientes que padecen formas graves con una fiabilidad de 0,95;
- y las fibrosis de estadio F2-F4 con una fiabilidad de 0,88.
La incorporación de datos relativos a la diversidad viral permitió mejorar considerablemente los modelos en comparación con aquellos basados únicamente en parámetros clínicos o en la diversidad bacteriana, dos criterios que recientemente permitieron a otro equipo diagnosticar una cirrosis hepática y distinguirla de una fibrosis. Por lo tanto, se podrían analizar los viromas fecales para identificar a los pacientes con un alto riesgo de EHNA en lugar de realizar biopsias muy invasivas y, por qué no, para identificar nuevas dianas terapéuticas.
1 Virus que se dirige específicamente a las bacterias y las infecta
No todas las microbiotas tumorales son iguales: según el tipo de tumor, varían la frecuencia y la diversidad de las bacterias. En especial, existe un perfil específico por cada tipo de cáncer (mama, pulmón, cerebro, hueso...).
La presencia de bacterias en tumores humanos no es un descubrimiento reciente, sino un hecho establecido desde hace más de 100 años. Sin embargo, esta microbiota tumoral es poco conocida, porque su biomasa es escasa. Combinando múltiples tecnologías, un equipo de investigadores estudió 1010 muestras de tumores y 516 muestras de tejidos adyacentes sanos, abarcando en total siete tipos de tumores (mama, pulmón, ovario, páncreas, melanoma, hueso y cerebro).
Bacterias tumorales y macrófagos
El primer hallazgo fue que se detecta ADN bacteriano con más o menos frecuencia según el tipo de tumor: desde el 14,3% de los casos en el melanoma hasta más del 60% en el cáncer de mama, páncreas y hueso. El estudio de más de 400 tumores adicionales confirma la presencia frecuente de componentes bacterianos (ARNr 16S y (sidenote:
Lipopolisacáridos:
moléculas de la pared externa de las bacterias
)) tanto en las células cancerosas como en las células inmunitarias adyacentes. En cambio, rara vez se detectaron cocos y bacilos, lo cual sugiere una posible alteración de la envoltura de las bacterias intratumorales.
Una microbiota específica de cada cáncer
El segundo hallazgo fue que el cáncer de mama presenta una microbiota especialmente rica y diversificada, con una media de 16,4 especies bacterianas detectadas por tumor, frente a menos de 9 en los demás tipos de cáncer. El cultivo de muestras frescas de tumores parece confirmar que estas bacterias están vivas. Pero, sobre todo, cada tipo de tumor se caracteriza por una composición bacteriana distinta. Por ejemplo, las especies que pertenecen a los filos Firmicutes y Bacteroidetes son más abundantes en los tumores colorrectales, mientras que las del filo Proteobacteria predominan en el cáncer de páncreas.
Un efecto de nicho
Por último, las actividades metabólicas de las microbiotas intratumorales son relativamente específicas de ciertos tipos de tumores. Por ejemplo, en el cáncer de pulmón, se observa una mayor abundancia de bacterias capaces de degradar las sustancias químicas presentes en el humo del cigarrillo (tolueno, acrilonitrilo…). Según los investigadores, concentraciones elevadas de estos metabolitos podrían crear un nicho favorable para las bacterias capaces de metabolizarlas.
¿Manipular la microbiota tumoral?
Estos trabajos no permiten concluir, por el momento, si las bacterias desempeñan un papel causal en el desarrollo del tumor o si su presencia es la consecuencia del mismo (el tumor podría desorganizar el sistema vascular y facilitar la penetración celular de bacterias). No obstante, de la misma manera que, según otros estudios, la microbiota intestinal podría afectar la respuesta a los (sidenote:
ICI (immune checkpoint inhibitors), inmunoterapia basada en anticuerpos monoclonales dirigidos contra los puntos de control (checkpoints) del sistema inmunitario
), los investigadores esperan que la manipulación de la microbiota tumoral pueda afectar a la inmunidad del tumor y su respuesta a la inmunoterapia; de hecho, la microbiota del melanoma fue diferente entre los buenos y malos respondedores. Esto suscita la esperanza de que se descubran nuevas herramientas diagnósticas e incluso nuevos tratamientos para los pacientes.
Un estudio realizado en (agro)pastores o cazadores-recolectores cameruneses revela las relaciones desconocidas entre el modo de subsistencia, el parasitismo y la microbiota intestinal. La diversidad de la microbiota aumentaría en presencia de helmintos.
Cerca de una cuarta parte de la población mundial sufre parasitismo intestinal. Sin embargo, en el ecosistema formado por los microorganismos que colonizan el intestino, los parásitos quizás sean los menos conocidos, al igual que sus interacciones con la microbiota. Por ello, un equipo se propuso evaluar las relaciones entre la presencia de parásitos en 575 adultos cameruneses y la composición de la microbiota intestinal, su metagenoma y la respuesta inmunitaria del huésped. La composición de la microbiota se analizó no solo por secuenciación y amplificación del ARNr 16 S, sino también mediante metagenómica « shotgun ».
La microbiota, reflejo del parasitismo
Después del modo de subsistencia de las poblaciones (pastores, agropastores o cazadores-recolectores), el parasitismo, especialmente presente en los cazadores-recolectores, fue el factor que mostró la asociación más estrecha con la composición de la microbiota. Se observó una correlación entre la cantidad de parásitos intestinales, especialmente la presencia conjunta de cuatro helmintos transmitidos por contacto con el suelo –Ascaris lumbricoides, Necator americanus, Trichuris trichiura y Strongyloidesstercoralis (llamados «ANTS»)–, y la diversidad alfa. La composición de la microbiota permitía predecir la presencia intestinal de helmintos con un porcentaje de exactitud del orden del 80% y hasta un 84% para los ANTS. La colonización intestinal por los ANTS se asociaba a un aumento de la concentración de citocinas circulantes (algunas de ellas proinflamatorias), lo cual sugiere que los ANTS podrían modular mecanismos inmunitarios. La microbiota podría estar implicada, ya que su composición es capaz de predecir las concentraciones circulantes de interleucina 5, ampliamente implicada en la respuesta inmunitaria en caso de infección por helmintos.
Parásitos y microbiota: interacciones funcionales
Para explorar las interacciones metabólicas potenciales entre la microbiota y los parásitos, los investigadores relacionaron la presencia de parásitos con las funciones del metagenoma bacteriano. En los individuos positivos para ANTS, observaron una mayor presencia de genes bacterianos implicados en el metabolismo de la purina y la pirimidina, dos moléculas de nitrógeno utilizadas en la composición de los nucleótidos del ADN que algunos parásitos no pueden sintetizar y, por lo tanto, deben obtener del medio que los rodea. El tamaño de la cohorte también permitió analizar las relaciones entre el modo de subsistencia y la microbiota intestinal. Por ejemplo, en la microbiota de las etnias pastoriles se observó una mayor abundancia de varias especies capaces de metabolizar la galactosa y los lípidos lácteos, diferentes de las bifidobacterias que se encuentran en los europeos. Según los investigadores, profundizar en las interacciones entre el huésped, sus parásitos y su microbiota podría ayudar a desarrollar estrategias dirigidas a la microbiota para tratar o prevenir la helmintiasis.
Un estudio realizado en el hombre muestra una reducción del deseo y consumo de alcohol en personas alcohólicas después de una modificación de la microbiota intestinal por trasplante fecal.
El alcoholismo, causa importante de mortalidad, tiene graves repercusiones en el funcionamiento de los órganos. Entre los daños colaterales causados por el alcoholismo cabe mencionar alteraciones severas de la microbiota intestinal que provocan una disfunción en el diálogo entre el intestino y el cerebro. Partiendo de la observación de que la microbiota intestinal tiene un papel potencial en los trastornos del comportamiento y las adicciones, un equipo de investigadores se preguntó si se podría reducir la dependencia del alcohol transfiriendo la microbiota intestinal de un individuo sano a pacientes alcohólicos. Para ello, distribuyeron 20 hombres de 60 a 70 años con alcoholismo crónico en dos grupos, uno de los cuales recibió un trasplante de microbiota fecal (TMF) procedente de un donante sano mientras que el otro recibió un enema de placebo.
El TMF reduce el deseo y consumo de alcohol
Quince días después del TMF, los investigadores observaron:
- una reducción del deseo de consumir alcohol en el 90% de los pacientes sometidos a TMF frente al 30% de los pacientes que recibieron el placebo;
- una disminución de las moléculas marcadoras del consumo de alcohol en la orina de los pacientes sometidos a TMF, signo de un menor consumo;
- y una mejoría de la función cognitiva y del bienestar psicosocial
Seis meses después de la intervención, los pacientes sometidos a TMF continuaban declarando menos trastornos graves relacionados con el consumo de alcohol (hospitalización, ingreso en urgencias).
¿Participación de un diálogo “intestino-cerebro”?
El impacto beneficioso del TMF respecto a la dependencia del alcohol se acompañó de un aumento en la diversidad microbiana y en las concentraciones de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) en las heces y la sangre. Las concentraciones elevadas de AGCC se asociaron con la presencia de ciertas bacterias específicas y puntuaciones de adicción más bajas. Según los autores, la mejoría del comportamiento de los pacientes respecto al alcohol podría deberse al aumento de los AGCC después del TMF, ya que actuarían como potenciales mensajeros para una mejor comunicación entre el intestino y el cerebro. Aunque se trate de resultados preliminares, permiten vislumbrar la instauración futura de terapias basadas en la modulación de la microbiota para atenuar los trastornos de adicción al alcohol.
Bajaj JS, Gavis EA, Fagan A, et al. A Randomized Clinical Trial of Fecal Microbiota Transplant for Alcohol Use Disorder. Hepatology. 2021 May;73(5):1688-1700.
¿Y si bastara con un análisis de heces, posiblemente seguido de un análisis de sangre, para diagnosticar una cirrosis hepática y distinguirla de una fibrosis? Esta es la nueva esperanza que suscitan estos trabajos.
La esteatosis hepática no alcohólica (EHNA) afectaría al 24% de la población mundial. Se ha planteado como hipótesis la implicación de la alteración de la microbiota intestinal en la progresión de la fibrosis avanzada a cirrosis. Además, a fin de determinar la capacidad diagnóstica de esta asociación, se analizó la microbiota de las heces de 163 participantes estadounidenses: 54 controles sin EHNA, 27 pacientes con EHNA y cirrosis (es decir, el estadio más avanzado de la enfermedad), y sus parientes de primer grado. Para completar los resultados se añadieron los datos procedentes de dos cohortes independientes, china e italiana.
Dos perfiles característicos independientes
Los resultados indican una pérdida de diversidad bacteriana en los pacientes con EHNA y cirrosis. Se observa una correlación entre esta diversidad y parámetros clínicos, en especial las concentraciones de LDL, la coagulación y la insulinemia. Pero, sobre todo, un método de (sidenote:
Machine Learning
Tecnología de inteligencia artificial que permite a los ordenadores aprender únicamente gracias al uso de una gran cantidad de datos.
) permitió identificar un perfil bacteriano basado en 19 especies y característico de la cirrosis con una precisión de diagnóstico de 0,91. Esta disbiosis se asoció a un perfil funcional caracterizado principalmente por la biosíntesis de aminoácidos específicos (aromáticos y ramificados), ácidos grasos y nucleótidos. Estos resultados, confirmados en cohortes independientes, sugieren que la alteración de la regulación de procesos metabólicos microbianos fundamentales podría contribuir a la progresión a cirrosis de la enfermedad. Por ejemplo, la modificación de la producción de metabolitos podría explicar cómo puede afectar una disbiosis intestinal al hígado. Para apoyar más esta posible asociación causal, se identificó un perfil independiente basado en 17 metabolitos que ofrece la misma precisión diagnóstica que el perfil microbiano, con correlaciones significativas entre estos dos perfiles.
Distinguir cirrosis y fibrosis
Posteriormente, los investigadores intentaron afinar este perfil microbiano característico. Combinándolo con la edad y la concentración de albúmina sérica, lograron mejorar ligeramente la precisión de la discriminación entre pacientes cirróticos y controles y, sobre todo, confirmar su eficacia en las cohortes china e italiana. Por último, la inclusión de un parámetro adicional especialmente discriminante (aumento de la concentración sérica de aspartato-aminotransferasa en los pacientes cirróticos) permitió distinguir la cirrosis de los estadios tempranos de la fibrosis leve o moderada.
¿Un diagnóstico no invasivo e incluso un tratamiento?
La robustez de este perfil intestinal característico en poblaciones geográfica y culturalmente distintas demuestra su potencial utilidad como estrategia de diagnóstico de la cirrosis. Algunas especies bacterianas de la microbiota intestinal podrían resultar útiles como prueba de diagnóstico no invasivo y universal, e incluso convertirse en dianas de nuevos enfoques terapéuticos.
En el cáncer rectal localmente avanzado, la quimioterapia anterior a la escisión reduce, en general, la cantidad de F. nucleatum en la superficie del tumor. Ahora bien, del destino de esta bacteria podría depender la tasa de recaída de los pacientes...
Existen pruebas cada vez más numerosas de que Fusobacterium representa una importante bacteria patógena intestinal asociada al cáncer colorrectal. Sin embargo, su papel en el cáncer colorrectal localmente avanzado, su destino después de una quimioterapia y su implicación en la evolución del tumor se desconocían hasta un reciente estudio retrospectivo que cuantificó F. nucleatum en el microentorno del tumor de 143 enfermos que recibieron una radioquimioterapia neoadyuvante (87 pacientes) o no (56 controles) antes de la escisión del tumor.
Menos F. nucleatum después de una quimioterapia preoperatoria
La visualización de F. nucleatum y su recuento por hibridación in situ demostraron que la bacteria se localizaba principalmente en la superficie luminal del tumor y que la radioquimioterapia reducía de manera significativa su cantidad: la densidad de F. nucleatum fue mucho más alta en los tumores no tratados que en los tumores tratados (mediana de la puntuación de 7,4 frente a 1,6), mientras que el 58% de los tumores fueron positivos para F. nucleatum en los controles frente al 26% en los pacientes sometidos a quimioterapia.
La abundancia no es nociva, pero la persistencia es un indicador de recaída
Se evaluaron los efectos del tratamiento en muestras pareadas (tomadas antes y después de la radioquimioterapia) de 71 enfermos. La abundancia de F. nucleatum no fue predictiva de la respuesta al tratamiento. En cambio, su persistencia después de la radioquimioterapia aumentó en un factor 9 el riesgo de recaída. La falta de activación de la citotoxicidad inmunitaria podría estar implicada, aunque no se demostró ninguna relación causal: los tumores que se volvieron negativos para F. nucleatum después del tratamiento mostraban un fuerte aumento de los linfocitos T CD8+ después del tratamiento; a la inversa, los tumores que seguían siendo positivos para F. nucleatum después de la quimioterapia no presentaban inducción de estos linfocitos T CD8+ en las muestras tomadas después del tratamiento.
La persistencia de F. nucleatum como un futuro biomarcador
Así pues, la persistencia de F. nucleatumdespués de la quimioterapia podría asociarse a tasas de recaída elevadas en el cáncer rectal localmente avanzado, un fenómeno posiblemente relacionado con la supresión de la citotoxicidad inmunitaria. Esto permite esperar un tratamiento más personalizado del cáncer rectal gracias a este prometedor biomarcador predictivo del riesgo de recaída después de una radioquimioterapia neoadyuvante.