Rinitis y asma: posible implicación de la micobiota nasal

Según un nuevo estudio, los jóvenes que padecen enfermedades respiratorias crónicas como asma y rinitis tienen una micobiota nasal alterada. Este descubrimiento original podría abrir la puerta al desarrollo de nuevos tratamientos innovadores.

Mientras que está bien documentada la estrecha relación entre las bacterias de la microbiota de la boca, nariz y garganta (microbiota ORL) y las enfermedades respiratorias crónicas, poco se sabe del papel que desempeñan los hongos en estas afecciones. Varios estudios indican que las comunidades fúngicas están implicadas en el asma, pero pocos se han interesado específicamente en los hongos presentes en las fosas nasales. 

Un equipo de investigadores de la Universidad de Oporto (Portugal) 1 decidió profundizar en el tema comparando las micobiotas nasales de personas con rinitis alérgica y/o asma con las de personas sanas. Para realizar esta comparación, tomaron muestras de las fosas nasales de 339 niños y adultos jóvenes portugueses divididos en 4 grupos según su estado de salud:

  • rinitis alérgica (47 personas)
  • rinitis alérgica + asma (155)
  • asma (12)
  • ninguna enfermedad respiratoria – grupo de control (125)

Un entorno fúngico significativamente diferente

A continuación, los científicos determinaron la composición taxonómica, las interacciones, la diversidad funcional y las vías metabólicas de los hongos mediante técnicas de secuenciación de nueva generación.

Resultados: en todos los participantes encontraron 14 géneros diferentes de hongos pertenecientes a dos familias, Ascomycota y Basidiomycota. Entre estos géneros, se identificaron hongos como Aspergillus, Candida y Penicillium, conocidos por ser alérgenos o patógenos oportunistas. Según los investigadores, esto demuestra que las fosas nasales constituyen un importante reservorio de agentes potencialmente causantes de rinitis alérgica o asma.

Otro hallazgo fue que la micobiota nasal de los participantes que padecían enfermedades respiratorias estaba significativamente alterada en comparación con la del grupo de control, con comunidades fúngicas más ricas y diversas. En cambio, las diferencias entre los distintos grupos de enfermos eran mínimas. 

Por otro lado, las redes de interacción fúngicas también eran más complejas y tenían más conexiones, sobre todo en los pacientes con rinitis y asma combinados, lo que indica que los hongos influyen en el entorno inmunitario de la nariz.

La lactancia materna retrasa la maduración de la microbiota nasal, y eso es bueno para el asma

Según un estudio 2 reciente realizado con más de 2 000 lactantes menores de un año, la lactancia materna exclusiva durante más de tres meses favorece la maduración gradual de la microbiota intestinal del niño y la de sus fosas nasales. Esta colonización bacteriana lenta y progresiva de las mucosas protege al bebé de las infecciones respiratorias y reduce el riesgo de asma. Por el contrario, se considera que el destete prematuro favorece la adquisición demasiado precoz de determinados microorganismos, como Ruminococcus gnavus, cuya presencia se asocia a un mayor riesgo de asma. 

Dianas terapéuticas en la mira

Cabe observar que tres vías metabólicas eran particularmente abundantes en la micobiota de las personas que padecían tanto asma como rinitis. Dichas vías se refieren a la producción de 5-aminoimidazol ribonucleótido o AIR, un producto intermediario en la biosíntesis de la purina que interviene en el metabolismo energético y la síntesis de ADN. Según los investigadores, el AIR podría constituir una futura diana terapéutica para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades respiratorias alérgicas. 

Sin embargo, antes de poder plantearse nuevas terapias, es necesario seguir investigando para comprender mejor el papel que desempeñan los hongos en la inflamación respiratoria. Para ello habrá que llevar a cabo estudios longitudinales tomando varias muestras a lo largo del tiempo y teniendo más en cuenta las variables específicas de cada paciente como son la severidad de la enfermedad, los tratamientos administrados, etc.  

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Noticias Otorrinolaringología Medicina general

Rinitis y asma: ¿y si los hongos nasales tuvieran algo que ver?

¿Se imagina que algún día tengamos que recoger hongos de la nariz para detectar y tratar la rinitis alérgica o el asma? ¡Pues podría ser! Un estudio 1 reciente ha encontrado que estas dos enfermedades respiratorias crónicas están relacionadas con la presencia de comunidades específicas de hongos (“micobiotas”) en la nariz.

La microbiota ORL La microbiota pulmonar Trastornos respiratorios

¿Le suena eso de la nariz que pica, los estornudos, el moqueo y los ojos llorosos de la rinitis alérgica? ¿O la dificultad para respirar, las sibilancias, la tos y la opresión en el pecho propias del asthma?

Si reconoce estos síntomas característicos de las enfermedades respiratorias crónicas, ¡ojo! Las poblaciones de hongos microscópicos en la nariz (la famosa "micobiota") de las personas sanas son probablemente muy distintos a las de quienes sufren estas afecciones. ¡Y esto podría ser una gran noticia! Porque nos da la esperanza de mejorar el diagnóstico y encontrar nuevos tratamientos.

Entre 400 y 500 millones de personas en todo el mundo padecen rinitis alérgica ² ³

262 millones de personas padecían asma en 2019 ⁴

Un viaje al misterioso mundo de los hongos nasales

Ya sabíamos que un desequilibrio en la microbiota (disbiosis), sobre todo en la de la nariz, la garganta y los oídos (microbiota ORL), está implicado en la aparición y progresión de ciertas enfermedades respiratorias como la rinitis alérgica ("fiebre del heno") y el asma. El componente bacteriano del asma ha sido objeto de numerosos estudios. Pero ¿qué pasa con los hongos, que también forman parte de la microbiota? 

Para averiguarlo, un grupo de científicos liderado por el doctor Luis Delgado, inmunólogo de la Universidad de Oporto (Portugal), estudió a 339 niños y adultos jóvenes, de los cuales 125 estaban sanos y 214 tenían rinitis, asma o ambas. Les tomaron muestras de la microbiota nasal a todos para analizar específicamente la naturaleza y organización de las comunidades de hongos.

Trastornos respiratorios

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En primer lugar, los resultados muestran que la micobiota de los participantes que padecen enfermedades respiratorias es muy diferente a la de las personas que gozan de buena salud, especialmente por su mayor riqueza y diversidad.

Entre los géneros comunes a todos los participantes –enfermos o no–, los investigadores encontraron determinados hongos conocidos por ser patógenos oportunistas: Aspergillus, Candida, etc. Según los científicos, esto podría ser la prueba de que las fosas nasales constituyen también un reservorio de hongos potencialmente nocivos que, al igual que las bacterias, favorecen la rinitis o el asma.

455 000 personas fallecieron por las consecuencias del asma en 2019 ⁴

70% de los niños cuyos padres padecen rinitis alérgica también padecen la misma enfermedad ⁵

1 de cada 4 personas padece rinitis alérgica en los países desarrollados ⁶ (en Francia, la cifra es 4 veces mayor que hace 30 años) ⁵

Posibles pistas para el desarrollo de nuevos tratamientos

En las personas con rinitis y asma, que sufren mucha inflamación, las redes de hongos estaban más interconectadas que en las personas que solo padecían rinitis o que gozaban de buena salud. Esto indica que los hongos son muy probablemente sensibles al entorno inmunitario.

Rinitis alérgica y asma: dos enfermedades relacionadas

  • El asma es más frecuente en personas con otras manifestaciones alérgicas, como rinitis o eccema. 7
  • Tres de cada cuatro personas asmáticas también padecen rinitis alérgica. 8

Aunque este estudio ayudó al equipo del doctor Delgado a identificar posibles dianas para futuras herramientas de diagnóstico o tratamiento, queda pendiente una pregunta crucial: ¿la presencia de una determinada población de hongos es la consecuencia o la causa de la inflamación de la mucosa nasal? Para responder a esta pregunta, se necesitan más estudios a largo plazo que tengan en cuenta las particularidades de cada paciente. Sin embargo, este estudio representa un gran paso en la dirección correcta.

La microbiota ORL

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Helicobacter pylori y microbiota gastrointestinal

Por el Pr. Juozas Kupcinskas
Departamento de Gastroenterología e Instituto de Investigación Digestiva, Universidad de Ciencias de la Salud de Lituania, Kaunas, Lituania

Helicobacter pylori (H. pylori) afecta aproximadamente al 50 % de la población mundial y es la infección bacteriana más común en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), H. pylori está clasificada como un carcinógeno del grupo 1, que puede causar enfermedades estomacales precancerosas y cancerosas, como el adenocarcinoma gástrico. Anteriormente se creía que H. pylori era el único microorganismo que vivía en el estómago humano, pero avances recientes en tecnologías de investigación han proporcionado una mejor comprensión del microbioma gástrico. H. pylori desempeña una función determinante en la configuración del entorno microbiano del estómago. Sin embargo, el microbioma «no-Helicobacter» del estómago también se ha descrito y es un tema candente en la investigación actual. Está claro que H. pylori es un importante modificador del microbioma gástrico, pero hay otras especies que también pueden contribuir a las vías carcinógenas. También se han estudiado los efectos de los inhibidores de la bomba de protones (IBP) y los tratamientos de erradicación de H. pylori en las alteraciones del microbioma. En este artículo de revisión, nuestro objetivo es resumir los hallazgos recientes sobre el microbioma gástrico y la función de H. pylori en su configuración, así como la repercusión de la erradicación de H. pylori y los IBP en el microbioma humano.

H. pylori es la principal bacteria que conforma la composición del microbioma gástrico

El microbioma gástrico recibe cada vez más atención, con un creciente interés en sus factores determinantes. Vílchez-Vargas et al. han investigado la composición microbiana en varios compartimentos gastrointestinales (GI). Su estudio incluyó una cohorte de 108 pares de gemelos, de los que se analizaron biopsias del microbioma gástrico procedente de la mucosa gástrica. La diversidad del microbioma se evaluó utilizando las regiones V1-V2 del gen 16S del rARN ribosomal mediante amplificación y secuenciación. Los resultados coincidieron con hallazgos anteriores, y señalaron a H. pylori como un factor clave en la composición de la microbiota del estómago 1.

Hua et al. hicieron un estudio con una cohorte de 193 pacientes para examinar el efecto de H. pylori en la riqueza y la diversidad de la microbiota gástrica en pacientes con gastritis crónica. Analizaron la región V3-V4 del gen ARN ribosomal 16S y encontraron alteraciones notables en la microbiota gástrica debido a una infección por H. pylori. En concreto, H. pylori suprimió la microbiota gástrica dominante a nivel de género, incluyendo Aliidiomarina, Reyranella, Halomonas, Pseudomonas y Acidovorax. Sus hallazgos indicaron que las cepas virulentas de H. pylori estaban asociadas significativamente con la gastritis crónica atrófica y la disminución de la riqueza de la microbiota gástrica 2.

Schulz et al. analizaron las diferencias en composición de la microbiota entre pacientes infectados con H. pylori y pacientes H. pylori negativo. Observaron una diferencia significativa en la abundancia relativa de Proteobacteria, que era más prevalente en los aspirados de los pacientes infectados con H. pylori. De otros filos se observó una menor abundancia relativa (figura 1) 3.

Miftahussurur et al. investigaron la variabilidad de la microbiota gástrica entre pacientes H. pylori positivo y negativo en una cohorte de 137 personas de Indonesia. Descubrieron que la diversidad microbiana β y la riqueza eran significativamente mayores en muestras positivas a H. pylori en comparación con muestras negativas a H. pylori. Además, sus hallazgos sugirieron que H. pylori desempeña una función principal en la conformación de la comunidad microbiana gástrica en este grupo étnico 4.

Estos estudios señalan colectivamente a H. pylori como un factor fundamental que influye en la diversidad y la riqueza del microbioma gástrico en el entorno hostil del estómago.

¿Qué es un auténtico microbioma gástrico?

El estómago presenta condiciones extremas para los microrganismos vivos. Hace unas décadas, H. pylori se identificó como una bacteria que podía soportar estas condiciones hostiles del estómago. Este descubrimiento despertó la curiosidad y dio lugar a nuevas investigaciones sobre el microbioma gástrico. Sigue sin estar claro si las bacterias del estómago otras que Helicobacter son una mera contaminación temporal o forman parte de una microbiota persistente. Spiegelhauer et al. hicieron un estudio que incluyó a 22 pacientes con dispepsia y 12 con adenocarcinoma gástrico 5. Tomaron biopsias de la mucosa del estómago y analizaron la región V3-V4 del gen ARN ribosomal 16S, además de hacer cultivos de microorganismos. Los autores plantearon la hipótesis de que H. pylori es la única bacteria residente verdadera del estómago y que podría persistir en biopsias lavadas. Sus hallazgos indicaron que la carga bacteriana se reducía en las biopsias lavadas, lo que sugería una contaminación temporal desde la cavidad oral. Sin embargo, la diversidad de microrganismos no difirió entre las biopsias lavadas y las biopsias sin lavar.

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No está claro si los microrganismos del estómago que no son H. pylori son contaminantes temporales o residentes verdaderos.

Es posible que la saliva, deglutida continuamente y que contiene organismos vivos, pueda sobrevivir en condiciones ácidas durante un tiempo. También se debería tener en cuenta una contaminación de la región orofaríngea superior durante la gastroscopia y el muestreo 6. Estos hallazgos ponen de manifiesto la necesidad de seguir investigando el verdadero microbioma gástrico.

Efecto de la erradicación de H. pylori en el microbioma gástrico e intestinal

H. pylori es una de las infecciones más extendidas en todo el mundo, y afecta a más de la mitad de la población humana. La mayoría de tratamientos frente a H. pylori incluyen dos o más antibióticos, lo que puede afectar al microbioma gastrointestinal. Liou et al. investigaron los cambios a largo plazo en la microbiota intestinal tras la erradicación de H. pylori. Su ensayo aleatorizado multicéntrico incluyó a 1620 participantes que se asignaron aleatoriamente a tres grupos de tratamiento. Los autores evaluaron la diversidad bacteriana en distintos momentos tras la erradicación mediante el análisis de muestras fecales. Los resultados demostraron que tanto la diversidad alfa como la beta habían disminuido en las dos semanas posteriores a la erradicación, pero volvieron a los niveles de referencia en la semana 8 y un año más tarde. Estos hallazgos indican que se produce sólo una perturbación a corto plazo del microbioma gastrointestinal y sugieren que el tratamiento de erradicación de H. pylori generalmente es seguro a largo plazo 7.

He et al. registraron alteraciones en el microbioma intestinal tras la erradicación de H. pylori, usando el análisis del gen ARN ribosomal 16S de muestras fecales y de la mucosa gástrica. Observaron que la diversidad alfa del microbioma gástrico había aumentado, y que la diversidad beta del microbioma intestinal se alejaba significativamente de los niveles previos al tratamiento, pero se parecía a la de pacientes control sanos 24 semanas después de la erradicación 8.

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Guo et al. resumieron los hallazgos sobre los cambios en el microbioma gástrico después del tratamiento exitoso de H. pylori. Su revisión sistemática y metaanálisis incluyó a nueve estudios con 546 pacientes. Este metaanálisis es el primero que detalla los cambios en la diversidad alfa tras la erradicación de H. pylori. Los resultados indicaron que no había diferencias significativas en la diversidad de la microbiota entre los distintos tratamientos, ya fueran una terapia cuádruple o triple. Los autores observaron un aumento de la diversidad alfa a corto plazo, que se mantuvo en el seguimiento a largo plazo, con una disminución de los taxones relacionados con H. pylori y un enriquecimiento de los comensales gástricos comunes 9. Para evaluar el efecto de la erradicación de H. pylori en el microbioma intestinal, Yap et al. hicieron un estudio con 17 adultos jóvenes. Secuenciaron la región V3-V4 del gen ARN ribosomal 16S y analizaron el microbioma intestinal antes y 18 meses después de la erradicación de H. pylori utilizando claritromicina y metronidazol. No se observaron cambios significativos en la diversidad microbiana entre el momento inicial y 18 meses después de la erradicación 10.

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Los IBP son importantes modificadores del microbioma intestinal

El consumo mundial de inhibidores de la bomba de protones (IBP) está aumentando, lo que los convierte en uno de los 10 medicamentos más utilizados en el mundo 11. Son un tratamiento de primera línea para afecciones como la enfermedad por reflujo gastroesofágico, la enfermedad ulcerosa péptica, la dispepsia y, cuando se combina con antibióticos, para el tratamiento frente a H. pylori 12. Los IBP a menudo se toman sin indicaciones basadas en la evidencia o durante períodos más largos que los prescritos, y su uso se ha asociado a un mayor riesgo de infecciones como Clostridium difficile, Salmonella spp., Shigella spp., Campylobacter spp. y otros patógenos intestinales 11.

Imhann et al. analizaron el microbioma de 211 personas que consumían IBP mediante la secuenciación de la región V4 del gen 16S del ARN ribosomal. Observaron una importante disminución en la diversidad alfa entre consumidores de IBP y un aumento en la abundancia de bacterias de los géneros Enterococcus, Streptococcus, Staphylococcus, y Veillonella (figura 2). Los géneros Enterococcus y Veillonella se han relacionado con una mayor susceptibilidad a las infecciones de Clostridium difficile 11. Aunque los IBP se consideran generalmente seguros y con relativamente escasos efectos secundarios, la evidencia sugiere que repercuten negativamente en el microbioma intestinal.

Zhang et al. hicieron un metaanálisis sobre los efectos de los IBP en la microbiota intestinal humana, analizando datos de cuatro estudios con secuenciación de amplicones del gen 16S del ARN ribosomal. Sus resultados demostraron un impacto significativo del consumo de IBP en la diversidad microbiana, y se observó una menor diversidad alfa en los consumidores de IBP en comparación con los pacientes control. Observaron disminuciones en los géneros Parabacteroides, Veillonella, Bacteroides y Prevotella, así como en las familias Ruminococcaceae y Lachnospiraceae (figura 2) 13.

Weitsman et al. realizaron un estudio con 177 personas, emparejando consumidores de IBP 1:2 con testigos. Analizaron muestras de heces y, por primera vez, microbiomas duodenales. No se encontraron diferencias significativas en la diversidad alfa o beta entre consumidores de IBP y testigos. Sin embargo, a nivel de familia bacteriana, observaron una mayor abundancia relativa de Campylobacteraceae (tipo Proteobacteria) y una menor abundancia relativa de Clostridiaceae (tipo Firmicutes) en consumidores de IBP. El análisis de las heces reveló asimismo una reducción de Clostridiaceae y un aumento de Streptococcaceae 14.

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En general, estos estudios indican que los IBP afectan a la microbiota humana. Se requieren más investigaciones para confirmar la relevancia clínica de estos resultados.

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Conclusión

El estómago humano presenta un entorno hostil para los microorganismos vivos, y estudios recientes siguen explorando si la microbiota del estómago es persistente o si simplemente refleja microrganismos temporales. A pesar de su importancia clínica, H. pylori desempeña una función determinante en la conformación del microbioma del estómago. La erradicación de H. pylori parece tener solo un efecto temporal y reversible en la composición del microbioma intestinal y gástrico. Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) son algunos de los medicamentos más consumidos. Estudios científicos indican que los IBP alteran la estructura del microbioma intestinal; sin embargo, la importancia clínica de estos cambios requiere más investigación.

Sources

1. Vilchez-Vargas R, Skieceviciene J, Lehr K, et al. Gut microbial similarity in twins is driven by shared environment and aging. eBioMedicine 2022; 79: 104011.

2. Hua Z, Xu L, Zhu J, et al. Helicobacter pylori infection altered gastric microbiota in patients with chronic gastritis. Front Cell Infect Microbiol 2023; 13: 1221433.

3. Schulz C, Schütte K, Koch N, et al. The active bacterial assemblages of the upper GI tract in individuals with and without Helicobacter infection. Gut 2018; 67: 216-25.

4. Miftahussurur M, Waskito LA, El‐Serag HB, et al. Gastric microbiota and Helicobacter pylori in Indonesian population. Helicobacter 2020; 25: e12695.

5. Spiegelhauer MR, Kupcinskas J, Johannesen TB, et al. Transient and persistent gastric microbiome: adherence of bacteria in gastric cancer and dyspeptic patient biopsies after washing. J Clin Med 2020; 9: 1882.

6. Klymiuk I, Bilgilier C, Stadlmann A, et al. The human gastric microbiome is predicated upon infection with Helicobacter pylori. Front Microbiol 2017; 8: 2508.

7. Liou JM, Chen CC, Chang CM, et al. Long-term changes of gut microbiota, antibiotic resistance, and metabolic parameters after Helicobacter pylori eradication: a multicentre, open-label, randomised trial. Lancet Infect Dis 2019; 19: 1109-20.

8. He C, Peng C, Wang H, et al. The eradication of Helicobacter pylori restores rather than disturbs the gastrointestinal microbiota in asymptomatic young adults. Helicobacter 2019; 24: e12590.

9. Guo Y, Cao XS, Guo GY, Zhou MG, Yu B. Effect of Helicobacter pylori eradication on human gastric microbiota: a systematic review and meta-analysis. Front Cell Infect Microbiol 2022; 12: 899248.

10. Yap TWC, Gan HM, Lee YP, et al. Helicobacter pylori eradication causes perturbation of the human gut microbiome in young adults. Plos One 2016; 11: e0151893.

11. Imhann F, Bonder MJ, Vich Vila A, et al. Proton pump inhibitors affect the gut microbiome. Gut 2016; 65: 740-8.

12. Kiecka A, Szczepanik M. Proton pump inhibitor-induced gut dysbiosis and immunomodulation: current knowledge and potential restoration by probiotics. Pharmacol Rep 2023; 75: 791-804.

13. Zhang J, Zhang C, Zhang Q, et al. Meta-analysis of the effects of proton pump inhibitors on the human gut microbiota. BMC Microbiol 2023; 23: 171.

14. Weitsman S, Celly S, Leite G, et al. Effects of proton pump inhibitors on the small bowel and stool microbiomes. Dig Dis Sci 2022; 67: 224-32.

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Artículos Intestinal

Endometriosis: la dieta y la microbiota modulan la enfermedad

Un nuevo estudio realizado en un modelo murino demuestra que existe una correlación entre la dieta, la salud intestinal y la endometriosis: la dieta occidental duplica el tamaño de las lesiones, modifica el metabolismo y la inmunidad y altera la microbiota intestinal de los roedores.

«Que tu medicina sea tu alimento y el alimento tu medicina». Este aforismo, a menudo atribuido a Hipócrates, podría aplicarse también a las pacientes con endometriosis, que representan el 10% de las mujeres de edad reproductiva.

De hecho, hay quien aboga por una dieta menos inflamatoria (rica en verduras y frutas, baja en grasas, etc.) para reducir el dolor asociado a la endometriosis. Por el contrario, ¿podría la dieta occidental, con su bajo contenido de fibra y su alto contenido de grasas, agravar la enfermedad? Según un equipo de investigadores 1 que utilizó un modelo murino, la respuesta a esta pregunta es un rotundo SÍ.

10% La endometriosis afecta a cerca del 10% de las mujeres de edad reproductiva a nivel mundial, lo que representa 190 millones de personas. ²

Lesiones dos veces más extensas

Los investigadores administraron durante 4 semanas a ratones jóvenes de 8 semanas de edad, o bien una dieta de control (17% de grasa), o bien una dieta que simulaba la occidental (45% de grasas, bajo contenido de fibra). Indujeron la endometriosis quirúrgicamente y vigilaron el desarrollo de las lesiones mediante ecografías durante 7 semanas antes de sacrificar a los ratones para analizar sus lesiones.

Sus resultados muestran que los ratones que recibieron la dieta occidental desarrollaron lesiones dos veces más extensas que los que siguieron la dieta de control. Además, las lesiones presentaban más fibrosis y proliferación celular. 

Alteraciones metabólicas e inmunitarias

Al mismo tiempo se observaron alteraciones metabólicas e inmunitarias. De hecho, la dieta occidental:

  • exacerba la actividad de los macrófagos en las lesiones, 
  • activa la vía de la leptina, que está implicada en la migración e invasión celular y que ejerce una conocida influencia en el metabolismo de la glucosa, y 
  • aumenta la oxidación de la glucosa, implicada en el crecimiento de las lesiones.

De ahí la hipótesis «metabólica» que plantean los autores, según la cual la endometriosis podría alterar la función de barrera intestinal, facilitando la penetración de metabolitos bacterianos tóxicos en el torrente sanguíneo. Esto produce inflamación de bajo grado y desencadena un círculo vicioso: la leptina promueve la invasión y la implantación de las células endometriales, así como su crecimiento, sostenido por el aumento del metabolismo de la glucosa.

Depleción de A. muciniphila

El estudio de la microbiota intestinal de los ratones también revela que la inducción de la endometriosis modifica la composición de la microbiota intestinal, sea cual sea la dieta administrada.

En los ratones que recibieron la dieta occidental, la inducción de la endometriosis redujo, o incluso eliminó, la población de Akkermansia muciniphila, una bacteria que a menudo se considera antinflamatoria. Esta depleción podría asociarse con el aumento de la actividad de los macrófagos que se observa en las lesiones.

Por supuesto, estos resultados iniciales se limitan a ratones. Resulta imprescindible llevar a cabo investigaciones más profundas para desentrañar la compleja interacción entre la microbiota intestinal y la endometriosis, establecer dietas óptimas para pacientes con endometriosis y evaluar los efectos de una alimentación más sana.

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Artículos Gastroenterología

Alimentación y endometriosis: ¡la microbiota intestinal tiene mucho que decir!

¿Se imagina que una dieta con exceso de grasa y poca fibra pueda empeorar la endometriosis? Pues un estudio reciente con ratones sugiere que sí y que la bacteria intestinal A. muciniphila podría ser la heroína de esta historia por su papel protector. 1

La microbiota intestinal La microbiota vaginal Trastornos ginecológicos ¿Qué alimentos favorecen el equilibrio de la microbiota?

La endometriosis ocurre cuando un tejido parecido al que recubre el útero –y que se elimina durante la menstruación– se va de "okupa" a otros lugares, como los ovarios, el peritoneo, etc. Esto causa dolores, reglas complicadas, problemas de digestión y, a veces, infertilidad. La endometriosis afecta a alrededor del 10% de las mujeres de edad reproductiva.

Todos sabemos que la alimentación desempeña un papel importante en la inflamación: una dieta equilibrada ayuda a reducir la inflamación y el dolor. Pero ¿qué sucede con una dieta típicamente occidental, rica en grasas y con un bajo contenido de fibra? Un equipo de científicos quiso averiguarlo utilizando ratones… como cobayas.

10% La endometriosis afecta a cerca del 10% de las mujeres de edad reproductiva a nivel mundial, lo que representa 190 millones de personas. ²

Dieta occidental = lesiones dos veces más extensas

Durante 4 semanas, los investigadores alimentaron a unos ratones con comida "normal" (17% de grasas) y a otros con comida basura (45% de grasas y poca fibra). Luego, les provocaron endometriosis quirúrgicamente y vigilaron la evolución de las lesiones durante 7 semanas. Conclusión: los ratones que recibieron comida basura tenían lesiones ¡el doble de grandes! Y no solo eso, sino que eran más fibrosas y estaban llenas de células proliferando sin control. 

Metabolismo e inmunidad: cuando el mecanismo se vuelve loco

¿A qué se debe este efecto? La comida basura descontrola nuestro metabolismo y nuestra inmunidad:

  • potencia la actividad de los macrófagos (células inmunitarias que, en este caso, en vez de ayudar, empeoran las cosas);
  • activa una hormona (la leptina) implicada en el crecimiento de las lesiones y el metabolismo de la glucosa;
  • acelera la oxidación de la glucosa, el “combustible” de las lesiones.

¿Y la microbiota?

El estudio también demostró que la endometriosis altera la flora intestinal de los ratones, coman lo que coman. Pero los que seguían una dieta occidental perdían una bacteria específica, Akkermansia muciniphila, conocida por sus efectos antinflamatorios. Esto sugiere que la enfermedad desequilibra la microbiota intestinal al desplazar a las bacterias protectoras.

¿Y ahora qué hacemos?

Ojo, ¡que estos resultados son aún preliminares porque se obtuvieron en ratones, no en seres humanos! Aun así, confirman que la alimentación tiene repercusiones importantes en la endometriosis y que una dieta más sana podría ayudar a reducir el dolor y frenar la progresión de la enfermedad. La microbiota intestinal también desempeña un papel clave en la fisiopatología de la endometriosis, y ciertas bacterias como Akkermansia muciniphila podrían ser grandes aliadas.

Este descubrimiento abre la vía a nuevos enfoques terapéuticos basados en la modulación de la microbiota. Así que, ¡no hace falta renunciar a las patatas fritas para siempre! Pero sí que conviene añadir más verduras al plato para cuidar a nuestras bacterias amigas.

Endometriosis y microbiota: ¿existe una relación?

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La microbiota intestinal y los trastornos del sueño: ¿hacia un enfoque terapéutico basado en la modulación microbiana?

En las investigaciones se muestra que la microbiota intestinal influye en el sueño al modular la producción de butirato, un metabolito que afecta a la actividad neuronal en el hipotálamo. ¿Podría esto abrir el camino a tratamientos basados en el equilibrio bacteriano?

El dicho «quien duerme come» no se equivoca al insinuar un vínculo entre el aparato digestivo y el cerebro: parece que, de hecho, existe una relación de doble sentido entre el sueño y la microbiota, en la que estaría implicado el eje intestino-cerebro. ¿Por medio de qué mecanismos influye la microbiota intestinal en el sueño? Esa es la pregunta a la que ha intentado responder un equipo de investigadores. 1 

El papel de la microbiota y del butirato en ratones

En una primera etapa, los investigadores estudiaron el sueño de ratones con una microbiota intestinal sana sin microorganismos patógenos, así como de ratones sin microbiota.

El resultado fue que la ausencia de microbiota intestinal modifica la arquitectura del ciclo de sueño y vigilia durante las fases de luz y oscuridad. Y viceversa: los autores habían demostrado anteriormente que la privación de sueño iba de la mano de una disminución de la concentración de butirato (fecal e hipotalámica) en los ratones con una microbiota sin microorganismos patógenos, no así en los ratones sin microbiota.

En la siguiente etapa, los investigadores demostraron que el butirato producido por las bacterias intestinales puede modular la función neuronal y favorecer el sueño de los roedores. ¿Cómo? Inhibiendo la actividad neuronal de la  (sidenote: Orexina Neurotransmisores que regulan una gran variedad de funciones biológicas, como el ciclo de sueño y vigilia, los sistemas de recompensa y estrés, la vigilancia y el funcionamiento cognitivo. Las alteraciones de los niveles centrales y periféricos de orexina están vinculadas a afecciones como la narcolepsia, la anorexia nerviosa, el deterioro cognitivo asociado a la edad y las enfermedades neurodegenerativas. Profundizar Toor B, Ray LB, Pozzobon A et al. Sleep, Orexin and Cognition. Front Neurol Neu… ) en la región hipotalámica lateral del ratón.

40% El insomnio suele ser una afección crónica, con una tasa de persistencia del 40 % en un periodo de 5 años. ²

10-20% Aproximadamente el 10 % de la población adulta sufre de un trastorno del insomnio, y un 20 % más tiene síntomas ocasionales de insomnio.²

insomnio Las mujeres, las personas mayores y aquellas en situación de precariedad socioeconómica son más vulnerables al insomnio. ²

Resultados confirmados en seres humanos

Puesto que la ausencia de microbiota intestinal puede influir en el comportamiento del sueño por una vía metabólica, faltaba confirmar que los pacientes insomnes presentaban una disbiosis intestinal y alteraciones en el metabolismo microbiano del butirato. Eso se hizo en una nueva etapa del estudio, tomando muestras de heces de pacientes insomnes y sanos: en los insomnes, se observaron una menor (sidenote: Diversidad alfa Número de especies que coexisten en un medio dado. )  y una disminución significativa de 39 bacterias productoras de butirato. Esto explica la menor concentración sérica de butirato en las personas que duermen mal.

Trasplante de microflora… y de sueño

Finalmente, para tratar de demostrar una relación causa-efecto, se trasplantó microflora digestiva de un paciente insomne a ratones sin microflora. Este trasplante redujo el butirato en sangre, activó neuronas del hipotálamo lateral y volvió insomnes a los roedores. La administración de butirato de sodio por vía oral mejora el sueño de estos roedores. 

Con esto se demuestra que existe un papel causal del eje microbiota intestinal-cerebro en la modulación del sueño. La implicación de las vías metabólicas microbianas en la calidad del sueño permite vislumbrar posibles estrategias terapéuticas, mediante el uso de probióticos o de butirato, para tratar trastornos como el insomnio.

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El secreto de un sueño reparador está en el intestino

¿Y si la clave de un sueño reparador se escondiera en nuestro intestino? Para dormir bien, no basta con contar ovejas, sino que también debemos velar por nuestras bacterias intestinales para promover una microbiota que nos ayude a conciliar el sueño.

La microbiota intestinal Los probióticos

El dicho «quien duerme come» no es tan descabellado como podamos pensar. Parece ser cierto que nuestra tripa tiene algo que decir con respecto al sueño. Esto es posible gracias a la microbiota intestinal, ese famoso conjunto de bacterias que vive en nuestro intestino. Para demostrarlo, los investigadores han llevado a cabo una serie de experimentos sorprendentes.

De 3 a 5 Una noche de sueño reparador consta de al menos entre 3 y 5 ciclos de sueño de 90 minutos. ²

10-20% Aproximadamente el 10 % de la población adulta sufre de un trastorno del insomnio, y un 20 % más tiene síntomas ocasionales de insomnio.³

40% El insomnio suele ser una afección crónica, con una tasa de persistencia del 40 % en un periodo de 5 años. ³

Sin microbiota, los ratones no duermen bien

En primer lugar, los científicos se han interesado por los ratones: algunos tenían una microbiota intestinal «sana» mientras que otros no tenían microbiota intestinal (intestino estéril). ¿El resultado? Los ratones sin microbiota tenían el sueño totalmente desfasado. El ciclo del día y la noche estaba alterado, como si se hubieran olvidado de poner en hora su reloj biológico interno. Pero, entonces, ¿cuál es el papel concreto que desempeña esta microbiota en nuestro sueño?

 Ahí es donde interviene el butirato, un metabolito producido por nuestras bacterias intestinales. Este «mensajero» químico parece tener un impacto directo sobre nuestro cerebro, en particular sobre una zona clave para el sueño: el hipotálamo lateral, que gestiona la vigilia. El butirato favorece de este modo el adormecimiento al modificar la actividad de ciertas neuronas.

El eje intestino-cerebro: ¿Cuál es el papel de la microbiota?

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¿Y en el ser humano?

Los investigadores han querido ir más allá y verificar si las personas que sufren insomnio tienen una microflora intestinal distinta de las que duermen bien. Veredicto: los insomnes presentan un desequilibrio en la microbiota y, en concreto, una reducción de las bacterias que producen el butirato; a menos butirato, menos sueño reparador. Por lo tanto, lo que se había observado en los ratones se confirma en las personas.

Pero la cosa no queda ahí: los investigadores trasplantaron la microflora intestinal de una persona insomne a ratones. ¿Sabe qué pasó? Pues que en estos ratones aparecieron problemas de sueño similares a los de las personas insomnes. Por suerte, basta con administrar butirato de sodio a los roedores para que vuelvan a estar en brazos de Morfeo.

Todo esto abre el camino a nuevos métodos terapéuticos para los insomnes. Quizás algún día, además de una buena infusión, se nos recetará un tratamiento con probióticos para conciliar el sueño. En cualquier caso, algo está claro: parece que, para dormir bien, también tenemos que mimar a nuestra microbiota.

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Diversidad o función: ¿qué caracteriza una microbiota sana?

En nuestro interior existe una comunidad microbiana compleja, el microbioma intestinal, que afecta enormemente a nuestra salud. Es un centro de procesos metabólicos esenciales, influidos por la alimentación, la edad y el entorno. Su importancia no radica únicamente en la variedad de microorganismos, sino en las funciones primordiales que estos desempeñan de forma conjunta. Teniendo en cuenta que la salud es un equilibrio dinámico entre nosotros y estos microorganismos, ¿qué caracteriza un microbioma sano?

Nos encontramos en una época de investigación sin precedentes sobre el mundo microscópico que existe en nuestro interior, el microbioma intestinal. En un reciente y riguroso artículo científico de revisión 1 se ha arrojado luz sobre este complejo ecosistema, y se desvelan las maravillas y los misterios de nuestras comunidades microbianas internas.

En este artículo se cuestiona la visión simplista de la «disbiosis», y se destaca que este término, que a menudo se utiliza para referirse a un intestino desequilibrado, carece de la precisión necesaria para una comprensión adecuada.

En él, también se plantea una pregunta fundamental: ¿qué forma realmente un microbioma «sano»?

¿Qué caracteriza un microbioma sano?

Es complicado definir un microbioma intestinal «sano», pues va más allá de la simple ausencia de enfermedad.

Implica evaluar la estructura, función y composición microbiana del intestino. Aunque durante un tiempo se creyó que una gran diversidad de especies microbianas era el principal marcador de un intestino sano, ahora se sabe que es más importante  (sidenote: Diversidad funcional Esto describe el abanico de actividades metabólicas que realiza la microbiota intestinal. Es un indicador de la salud intestinal más importante que la simple diversidad taxonómica porque distintas composiciones microbianas pueden llevar a cabo funciones metabólicas parecidas. Analizar la diversidad funcional puede proporcionar una predicción más exacta de los estados fisiológicos que si solo se analiza la diversidad en su composición. ) , tes decir, el abanico de actividades metabólicas desempeñadas por el microbioma. Esto significa que distintas composiciones microbianas pueden llevar a cabo funciones metabólicas parecidas.

  • (sidenote: Especificidad de la cepa Esto destaca que diferentes cepas de la misma especie bacteriana pueden tener efectos muy distintos en el anfitrión. Por ejemplo, algunas cepas de E. coli son patógenas, mientras que otras, como E. coli Nissle 1917, son beneficiosas. Entender los efectos específicos de cada cepa es fundamental para desarrollar tratamientos dirigidos y para interpretar la investigación sobre el microbioma intestinal. )  también es crucial: distintas cepas de la misma especie pueden tener efectos muy diferentes. Por ejemplo, algunas cepas de E. coli son patógenas, mientras que otras, como E. coli Nissle 1917, son beneficiosas

  • Metabolitos como los  (sidenote: Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC) Los Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC) son una fuente de energía (carburante) de las células de la persona que interactúan con el sistema inmunitario y están implicadas en la comunicación entre el intestino y el cerebro. Silva YP, Bernardi A, Frozza RL. The Role of Short-Chain Fatty Acids From Gut Microbiota in Gut-Brain Communication. Front Endocrinol (Lausanne). 2020;11:25. ) , los ácidos biliares (AB), y los metabolitos del triptófano son indicadores clave de un microbioma funcional. Los AGCC, como el butirato, son indispensables para la energía de los colonocitos y la modulación del sistema inmunitario.

  • Los AB, producidos en el hígado y modificados por las bacterias intestinales, son esenciales para digerir la grasa y también para la señalización y la acción antimicrobiana.

  • También existen otros indicadores, como a producción de gas (hidrógeno, metano, sulfuro de hidrógeno), el pH intestinal y los marcadores inflamatorios (calprotectina, lactoferrina).

  • Por último, (sidenote: Resiliencia Esto hace referencia a la capacidad de la microbiota intestinal de mantener una composición estable a lo largo del tiempo y de tolerar alteraciones como los antibióticos o cambios en la alimentación. Una microbiota resiliente se recupera rápidamente de las alteraciones, lo que disminuye el riesgo de problemas de salud a largo plazo. ) , o la capacidad de la microbiota intestinal de tolerar alteraciones, es un marcador esencial de un intestino sano.

La capa de moco también es un componente clave de un intestino sano.

Esta capa, compuesta principalmente por agua, electrólitos, lípidos y mucinas, funciona como una barrera física e impide que las bacterias entren en contacto directo con las células epiteliales del intestino.

Un intestino sano se caracteriza por un espesor suficiente del moco, que las bacterias no pueden penetrar fácilmente. La renovación de la  (sidenote: Capa de moco Es una barrera compleja y dinámica que recubre el intestino, compuesta principalmente por agua, electrólitos, lípidos y mucinas. Separa físicamente las bacterias del epitelio intestinal, impide el contacto directo y mantiene la integridad de la barrera intestinal. El espesor y la renovación de la capa de moco son críticos para un intestino sano. ) , que conlleva síntesis, secreción y degradación, es un proceso sumamente preciso y crítico para mantener una función de barrera adecuada.

Factores como los prebióticos, por ejemplo los fructooligosacáridos (FOS) y la 2’-fucosilactosa (2’FL), pueden influir en la producción, composición y degradación del moco, al mejorar la integridad de la barrera intestinal y contribuir a la protección contra enfermedades metabólicas.

La alteración de la capa de moco, como se ha visto con algunos emulgentes alimentarios, puede dar lugar a un aumento de la permeabilidad e inflamación intestinales.

90-95 % El moco está formado principalmente por entre un 90 % y un 95 % de agua, electrólitos, lípidos (1-2 %), proteínas y otras sustancias. ¹

45 % alrededor de un 45 % de las especies bacterianas son parecidas entre dos personas distintas, y sus microbiotas tienen en común un 82 % de las vías metabólicas típicas. ¹

El eje hígado-intestino: una responsabilidad compartida

El hígado y el intestino interaccionan de forma estrecha a través del eje bidireccional hígado-intestino. El hígado, al ser uno de los principales lugares de destoxificación y regulación metabólica, procesa y neutraliza una gran variedad de toxinas ambientales, medicamentos y subproductos metabólicos derivados del intestino.

El hígado produce los AB, que son indispensables para digerir la grasa y también influyen en la composición y la función del microbioma intestinal. Las bacterias intestinales transforman los AB primarios en secundarios, con funciones distintas, y algunos incluso se asocian con la longevidad.

A pesar de que el hígado está expuesto a antígenos bacterianos derivados del intestino, normalmente no produce citocinas proinflamatorias. Sin embargo, un hígado sano produce moléculas antiinflamatorias, como el antagonista del receptor de la IL-1 (IL-1Ra), para disminuir la inflamación, así como macrófagos inmunodepresores específicos, dependientes de la microbiota intestinal, para controlar la inflamación excesiva.

Factores que determinan el ecosistema microbiano

El microbioma intestinal es dinámico, y en él influyen la edad, el tipo de parto, la alimentación y los hábitos.

  • La edad y el tipo de parto son cruciales. Los bebés nacidos por parto vaginal suelen tener una microbiota intestinal más variada y equilibrada, igual que los bebés que toman el pecho, quienes tienen una mayor cantidad de bacterias beneficiosas, como Bifidobacterium spp. 

  • La alimentación es de suma importancia. La fibra vegetal, los prebióticos, los polifenoles y los oligosacáridos de la leche humana (OLH) favorecen a los microorganismos beneficiosos. En cambio, las grasas saturadas, los edulcorantes artificiales y los emulgentes pueden alterar el equilibrio microbiano y afectar la función de la barrera intestinal.

  • Los emulgentes habituales, como la carboximetilcelulosa (CMC) y el polisorbato 80 (P80), alteran la capa de moco protectora del intestino, lo que ocasiona un aumento de la permeabilidad y la inflamación intestinales.

  • Los lípidos bioactivos también desempeñan una función clave y bidireccional. Los lípidos del anfitrión influyen en la microbiota intestinal, y los microorganismos del intestino producen lípidos (p. ej., AGCC, AB secundarios y otras moléculas señalizadoras) que afectan la regulación del sistema inmunitario y la salud metabólica.

Un microbioma intestinal sano: mucho más que bacterias

Los problemas que supone caracterizar un microbioma intestinal «sano» que sea comúnmente aceptado cada vez son más evidentes. La inmensa variabilidad individual del microbioma intestinal, en la que influye la genética, la alimentación, el ambiente y los hábitos, así como su naturaleza dinámica, complica establecer unos estándares universales.

La interacción entre la microbiota intestinal, el sistema inmunitario y los procesos metabólicos presenta un reto multifacético. Los estudios longitudinales son indispensables para entender por completo los cambios dinámicos dentro del microbioma intestinal y sus efectos en la salud a largo plazo. Esta compleja materia de investigación requiere un enfoque multidisciplinar, que integre la microbiología, la genómica, la bioinformática, la investigación clínica y la medicina personalizada. 

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Más allá de la diversidad: desvelando los secretos del microbioma de un intestino sano

La visión tradicional de un intestino sano está marcada desde hace tiempo por la idea de que manda la diversidad. Se creía que el principal indicador de un intestino que funciona bien era una gran diversidad de especies microbianas. Sin embargo, nuestras fuentes indican que esto es excesivamente simplista. Por tanto, ¿qué caracteriza un «microbioma sano»?

La microbiota intestinal Prebióticos: lo esencial para comprender Trastornos digestivos ¿Qué alimentos favorecen el equilibrio de la microbiota?

En el inmenso contexto de nuestros cuerpos, existe un mundo desconocido y extraordinariamente complejo: el microbioma intestinal Es una bulliciosa población microbiana, una selva tropical oculta en nuestro interior, que influye profundamente en nuestra salud. Durante años, los científicos creyeron que la clave de un intestino sano era una mezcla variada de estos diminutos organismos. Pero, como en cualquier ecosistema complejo, no se trata solo de la cantidad de especies, sino también de lo que hacen. Actualmente, el interés se está trasladando hacia (sidenote: Diversidad funcional Esto describe el abanico de actividades metabólicas que realiza la microbiota intestinal. Es un indicador de la salud intestinal más importante que la simple diversidad taxonómica porque distintas composiciones microbianas pueden llevar a cabo funciones metabólicas parecidas. Analizar la diversidad funcional puede proporcionar una predicción más exacta de los estados fisiológicos que si solo se analiza la diversidad en su composición. ) : el abanico de tareas que estos microorganismos llevan a cabo. No es suficiente con tener una gran variedad; estos microorganismos tienen que trabajar en armonía. 1

Microorganismos: microbios valiosos para la salud humana

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Los trabajadores invisibles

De la misma forma que una selva tropical proporciona las condiciones necesarias para que existan distintas formas de vida, lo hace también nuestro intestino. Estos habitantes microbianos no son pasajeros ociosos, sino trabajadores esenciales. Producen sustancias indispensables conocidas como (sidenote: Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC) Los Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC) son una fuente de energía (carburante) de las células de la persona que interactúan con el sistema inmunitario y están implicadas en la comunicación entre el intestino y el cerebro. Silva YP, Bernardi A, Frozza RL. The Role of Short-Chain Fatty Acids From Gut Microbiota in Gut-Brain Communication. Front Endocrinol (Lausanne). 2020;11:25. ) (AGCC), que son como combustible para nuestra mucosa intestinal y mantienen a nuestro sistema inmunitario bajo control. Uno de estos AGCC, el butirato, es como un superhéroe, y proporciona energía a las células de nuestro colon.

También están los ácidos biliares, sintetizados por el hígado y transformados por las bacterias intestinales, que son fundamentales para digerir las grasas, actuando como si fueran el detergente del sistema digestivo. El hígado y el intestino mantienen una conversación constante: una responsabilidad compartida que los hace influirse mutuamente. El intestino produce moléculas que funcionan a modo de mensajeros para el hígado, y el hígado envía ácidos biliares de vuelta.

Una barrera protectora

Nuestro intestino no solo es una casa para los microorganismos, sino que también es una barrera importante.  (sidenote: Capa de moco Es una barrera compleja y dinámica que recubre el intestino, compuesta principalmente por agua, electrólitos, lípidos y mucinas. Separa físicamente las bacterias del epitelio intestinal, impide el contacto directo y mantiene la integridad de la barrera intestinal. El espesor y la renovación de la capa de moco son críticos para un intestino sano. ) , una sustancia brillante y gelatinosa, hace de guardaespaldas al impedir que las bacterias toquen directamente el delicado recubrimiento del intestino. Esta capa se renueva sin cesar —un proceso gestionado de forma tan meticulosa como los servicios de limpieza y recogida de basuras de una ciudad— y así se mantiene la protección. Lo que comemos también la afecta de forma sorprendente.

Algunas fibras y prebióticos ayudan a mantener la capa de moco, logrando que se mantenga resistente. Pero algunos alimentos procesados con emulgentes pueden alterar esta capa y hacer que la barrera intestinal se vuelva más permeable —como una ciudad en cuyo muro se ha abierto una brecha—.

¿En qué se diferencian los prebióticos, los probióticos y los posbióticos?

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La resiliencia es clave

Como una selva tropical que aguanta las tormentas, un microbioma sano necesita ser (sidenote: Resiliencia Esto hace referencia a la capacidad de la microbiota intestinal de mantener una composición estable a lo largo del tiempo y de tolerar alteraciones como los antibióticos o cambios en la alimentación. Una microbiota resiliente se recupera rápidamente de las alteraciones, lo que disminuye el riesgo de problemas de salud a largo plazo. ) . Debería poder recuperarse rápidamente de las alteraciones, como las enfermedades o los antibióticos, que afectan su delicado equilibrio. Estamos empezando a comprender que un intestino sano no es un ente fijo, sino que es dinámico y específico para cada persona. Está influido por el parto, nuestro entorno, hábitos y alimentación. Esto hace que caracterizar un intestino «sano» sea complejo y requiera mucha más investigación científica.

No se trata simplemente de bacterias buenas o malas, sino de la función del microbioma en conjunto y de su capacidad para afrontar los cambios. Parece que la clave es el equilibrio y la capacidad para llevar a cabo sus funciones fundamentales, más bien como una orquesta que como un instrumento solista. Esta nueva forma de ver el microbioma cambiará el modo en que enfocamos la asistencia sanitaria y nos ayudará a proteger estos aliados microscópicos que viven en nuestro interior.

La microbiota intestinal

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El asombroso efecto del café en la microbiota

¿Existe un alimento capaz de provocar por sí solo un cambio radical en la composición de la microbiota? Sí, ¡el café! Según un nuevo estudio, el café estimula intensamente la proliferación de una bacteria intestinal hasta ahora poco conocida. 1

La microbiota intestinal ¿Qué alimentos favorecen el equilibrio de la microbiota?

Son bien conocidos los beneficios del café para la salud. Pero, ¿cuál es exactamente su efecto sobre la microbiota? 

Para responder a estas preguntas, un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.) y de la Universidad de Trento (Italia) analizó la microbiota intestinal y el consumo de café de más de 22 000 voluntarios que participaban en un programa de investigación angloamericano. 

Repartieron a los participantes en tres grupos: 

  • «No bebedores», que consumían menos de 3 tazas de café al mes;
  • «Bebedores moderados», que bebían entre 3 tazas al mes y 3 tazas al día.
  • «Bebedores empedernidos», que bebían más de 3 tazas al día;

No se observan los mismos efectos entre los abstinentes y los adictos 

Resultado: la microbiota de los bebedores de café es claramente diferente a la de los no bebedores. El análisis muestra que 115 especies bacterianas reaccionan positivamente al café. 

¿Cuántas tazas al día? ²

  • 1 taza de café de filtro (200 ml) = 90 mg de cafeína
  • 1 café expreso (60 ml) = 80 mg de cafeína
  • 1 taza de té negro (220 ml) = 50 mg de cafeína

El consumo excesivo de cafeína (presente en el café y el té) se asocia a problemas cardiovasculares, trastornos del sueño y retraso del desarrollo fetal. ¿Cuáles son las dosis seguras?

  • El café es seguro para todos los adultos sanos hasta 200 mg de cafeína al día (e incluso hasta 400 mg si se consumen a lo largo del día, excepto en las mujeres embarazadas).
  • Por encima de 100 mg de cafeína al día, puede afectar al sueño.

Un hallazgo sorprendente: Lawsonibacter asaccharolyticus, una cepa bacteriana de la microbiota poco estudiada hasta ahora, es el microorganismo que presenta el vínculo más estrecho con el consumo de café. Según los cálculos de los científicos, su nivel es de 4,5 a 8 veces mayor en la microbiota de los «bebedores empedernidos» que en la de los «no bebedores», y de 3,4 a 6,4 veces mayor en la de los «bebedores moderados» respecto a los «no bebedores».

Al analizar otra serie de datos que abarcaba varios miles de personas de 25 países diferentes, los investigadores confirmaron que la presencia de L. asaccharolyticus muestra efectivamente una correlación con el consumo de café y que, por tanto, esta correlación existe independientemente del país o el estilo de vida.

La microbiota como mediador de los beneficios del café

Si hay un alimento con efectos favorables demostrados, es el café. Los estudios indican que su consumo regular se asocia a un menor riesgo de:

  • diabetes 
  • cáncer, 
  • esteatosis hepática, 
  • enfermedades cardiovasculares,
  • mortalidad por cualquier causa. 

¿Cuál es el secreto? Su contenido de polifenoles, en particular ácido clorogénico, un antioxidante presente en grandes cantidades en el café. Las bacterias intestinales son capaces de descomponer esta molécula y transformarla en una serie de metabolitos potencialmente beneficiosos. Así pues, la microbiota podría mediar en los efectos beneficiosos del café para la salud.

En un estudio anterior en el que participaron 1000 sujetos, los mismos científicos demostraron que, entre 150 alimentos, el café era con diferencia el que más influía en la composición de la microbiota intestinal.

La explicación no es la cafeína 

Para verificar que el extraordinario crecimiento de L. asaccharolyticus está directamente relacionado con el café, los científicos cultivaron la bacteria in vitro, en medios de cultivo enriquecidos o no con café. Los resultados obtenidos confirman que la bacteria se desarrolla más rápidamente en presencia de café, incluso si se trata de café descafeinado, lo que deja a la cafeína fuera de la ecuación. 

De hecho, podría ser que el ácido clorogénico, un polifenol del café que supuestamente contribuye a sus efectos favorables, esté implicado en la estimulación de L. asaccharolyticus. Las bacterias de la microbiota metabolizan la bacteria L. asaccharolyticus y la transforman en diversas moléculas, en particular ácido quínico. De hecho, los investigadores encontraron una mayor concentración de ácido quínico en la sangre de las personas con niveles más altos de L. asaccharolyticus

xEl siguiente paso para los investigadores consistirá en determinar si otros alimentos, además del café, estimulan específicamente las bacterias beneficiosas conocidas. Quizás sea posible desarrollar dietas personalizadas gracias a pruebas capaces de revelar la presencia o ausencia de determinadas bacterias asociadas a un alimento. 3

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