¿Qué alimentos favorecen el equilibrio de la microbiota?

Cada alimento que ingerimos nutre nuestro organismo aportando los elementos esenciales para su funcionamiento.
Sin embargo, no siempre somos conscientes de que esa ingesta también sustenta a la vasta comunidad de microorganismos —bacterias, virus, hongos y parásitos— que habitan en nuestro tracto digestivo.

Como consecuencia directa, nuestros hábitos y excesos alimentarios impactan profundamente en esta microbiota intestinal, con el riesgo latente de provocar un desequilibrio funcional denominado disbiosis.

Lo más sorprendente es que la microbiota intestinal no es la única afectada por nuestra alimentación. Los ecosistemas microbianos de la piel, los pulmones o la vejiga también se ven perjudicados por el consumo de comida basura o fast-food. Su equilibrio, y por extensión la salud global del organismo, depende estrechamente de pautas dietéticas que prioricen el consumo de frutas y verduras.

A continuación, iniciaremos una inmersión en el contenido de nuestros platos y en la complejidad biológica que habita en lo más profundo de nuestras entrañas. 

El proceso de transformación: ¿cómo procesa nuestro organismo lo que ingerimos?

Se estima que, a lo largo de su vida, un ser humano ingiere aproximadamente 60 toneladas de alimentos. 1
Para que estas sustancias sean aprovechables, deben recorrer el tracto digestivo, un complejo sistema que se extiende unos 5 metros desde la boca hasta el ano. 2
La finalidad de este trayecto es la digestión: la descomposición de los alimentos en moléculas elementales que el organismo sea capaz de absorber. Estos nutrientes constituyen las unidades estructurales imprescindibles para el correcto funcionamiento de tejidos y órganos, como los músculos, el cerebro o los huesos.

Para optimizar este proceso, el sistema digestivo no solo destaca por su longitud, sino por poseer una vasta superficie de absorción gracias a una intrincada red de pliegues (similar a la del cartón ondulado). Si pudiéramos extender y alisar por completo las paredes del tubo digestivo, las estimaciones sugieren que cubrirían entre 32 m² —el equivalente a media pista de bádminton— 2 y 250-400 m², ¡una superficie similar a una pista de tenis! 1 

60 toneladas

En promedio, a lo largo de la vida, pasan por el tracto gastrointestinal humano unas 60 toneladas de alimentos. 1

A lo largo de este recorrido, los alimentos en proceso de digestión conviven con los billones de microorganismos de nuestra microbiota intestinal. Estos se asientan estratégicamente en el espacio comprendido entre la luz del tubo digestivo y la mucosa protectora que recubre sus paredes. Sin embargo, esta comunidad no se distribuye de manera uniforme. Tanto el número como la composición de los microorganismos varían a lo largo del trayecto, siguiendo un gradiente creciente desde el estómago hasta el ano. Se observan pues 3: 

  • menos de mil bacterias/ml en el estómago, un medio demasiado ácido para muchas especies; 
  • millones de bacterias por ml en el intestino delgado, un medio rico en ácido y oxígeno donde el tránsito es rápido. En él predominan bacterias adaptadas a estas condiciones, que se desarrollan rápidamente y son capaces de adherirse a las paredes, como las Lactobacillaceae;
  • miles de millones de bacterias por gramo de contenido digestivo en el colon, donde viven, protegidas del oxígeno, bacterias capaces de fermentar las fibras no digeridas, como las Prevotellaceae.

Estos microorganismos no solo nos ayudan a vivir (nos protegen de los patógenos, regulan nuestro sistema inmunitario…) 1, sino también a digerir los alimentos.
Por ejemplo, nuestro organismo es incapaz de digerir la fibra alimentaria por sí solo. Esta llega intacta al colon, donde entra en contacto con las bacterias que, a diferencia de nosotros, poseen la maquinaria necesaria para descomponerla. Al utilizar la fibra como sustrato para su propio metabolismo, estas bacterias la transforman en pequeños ácidos grasos. Pero su labor no termina ahí.
Nuestra flora intestinal también nos proporciona nutrientes esenciales como las vitaminas B12 y K, por ejemplo. 1  

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Esta infografía ilustra la distribución de las bacterias de la microbiota a lo largo del tracto digestivo. Desde el estómago hasta el colon, pasando por el intestino delgado, su número aumenta progresivamente: menos de mil bacterias/ml en el estómago, millones/ml en el intestino delgado y miles de millones/g en el colon. Tres ampliaciones muestran esta evolución, relacionada con la disminución del oxígeno y de la acidez. Una escala de pH completa el esquema e ilustra las variaciones entre los órganos.

La comunidad microbiana intestinal está formada por billones de bacterias, con una biomasa estimada de 1,5 kg, lo que equivale a un tamaño comparable al del hígado, el órgano más grande del cuerpo. 4

¿Cómo enriquecen nuestra microbiota los alimentos y las bebidas que consumimos?

Por fortuna, los alimentos que componen nuestra dieta no son estériles. Al consumir una manzana, un tomate o cualquier otra fruta o verdura fresca, estamos incorporando a nuestro sistema una gran diversidad de microorganismos. Por ejemplo, comer una manzana aporta microorganismos beneficiosos —incluyendo bacterias, virus y hongos—h que colonizan nuestro tracto digestivo de forma transitoria. 5

Los alimentos fermentados: fuentes de bacterias beneficiosas 

Los alimentos fermentados representan otra vía esencial para la incorporación de bacterias y levaduras. El catálogo es sumamente extenso: desde quesos y yogures hasta el kéfir y otras leches fermentadas, pasando por vegetales fermentados como el chucrut. ¡La lista es larga!
Estos microorganismos, que permanecen viables siempre que el alimento no se someta a procesos de cocción o pasteurización, tienen la capacidad de interactuar con nuestro ecosistema interno. 
Su impacto puede ser transitorio (con un incremento poblacional inmediatamente posterior a la ingesta) o transformarse en un cambio estructural a largo plazo si su consumo se integra de forma regular en la dieta. 6

Al tratarse de organismos vivos, estas bacterias generan diversos metabolitos que se incorporan a nuestra dieta a través de los productos fermentados. Entre ellos destacan:

  • los ácidos orgánicos — como el ácido láctico presente en el yogur o los encurtidos;
  • los péptidos bioactivos — como las bacteriocinas del chucrut, capaces de inhibir el crecimiento de microorganismos patógenos;
  • y vitaminas esenciales, como la vitamina K característica del natto (soja fermentada).

Estos metabolitos bacterianos pueden optimizar el funcionamiento de nuestra microbiota intestinal, reforzar la integridad de la barrera epitelial y modular los procesos inflamatorios, reportando así beneficios importantes para la salud del huésped. 6,7

Alimento fermentado

Yogur

Bacterias:

  • Lactobacillus 
  • Bifidobacterium 

Metabolitos bacterianos clave:

  • ácido láctico
  • EPS
  • péptidos 

Efectos pertinentes en la salud:

  • mejora la digestión de la lactosa
  • refuerza la integridad de la barrera intestinal 

Descubre nuestra página sobre «el yogur y la microbiota»

Kimchi

Bacterias:

  • L. plantarum,
  • Leuconostoc 

Metabolitos bacterianos clave:

  • (sidenote: AGCC Los Ácidos Grasos de Cadena Corta son una fuente de energía (combustible) para las células del individuo. Interactúan con el sistema inmunitario y participan en la comunicación entre el intestino y el cerebro. Bibliografia:
    Silva YP, Bernardi A, Frozza RL. The Role of Short-Chain Fatty Acids From Gut Microbiota in Gut-Brain Communication. Front Endocrinol (Lausanne). 2020;11:25.
    )
  • péptidos bioactivos,
  • vitaminas

Efectos pertinentes en la salud:

  • efecto antiinflamatorio
  • modulación inmunitaria
  • mejora la digestión de fibras 

Descubre nuestra página sobre «el kimchi y la microbiota» 

Kéfir

Bacterias:

  • Lactococcus
  • Saccharomyces
  • Acetobacter 

Metabolitos bacterianos clave:

  • (sidenote: AGCC Los Ácidos Grasos de Cadena Corta son una fuente de energía (combustible) para las células del individuo. Interactúan con el sistema inmunitario y participan en la comunicación entre el intestino y el cerebro. Bibliografia:
    Silva YP, Bernardi A, Frozza RL. The Role of Short-Chain Fatty Acids From Gut Microbiota in Gut-Brain Communication. Front Endocrinol (Lausanne). 2020;11:25.
    )
  • EPS
  • etanol
  • péptidos 

Efectos pertinentes en la salud:

  • eefuerza la inmunidad,
  • modula la microbiota,
  • apoya el proceso de digestión 

Descubre nuestra página sobre «el kéfir y la microbiota» 

Chucrut

Bacterias:

  • Leuconostoc
  • Lactobacillus 

Metabolitos bacterianos clave:

  • (sidenote: AGCC Los Ácidos Grasos de Cadena Corta son una fuente de energía (combustible) para las células del individuo. Interactúan con el sistema inmunitario y participan en la comunicación entre el intestino y el cerebro. Bibliografia:
    Silva YP, Bernardi A, Frozza RL. The Role of Short-Chain Fatty Acids From Gut Microbiota in Gut-Brain Communication. Front Endocrinol (Lausanne). 2020;11:25.
    )
  • bacteriocinas
  • enzimas

Efectos pertinentes en la salud:

  • inhibe los patógenos
  • favorece la motilidad intestinal 
Miso

Bacterias:

  • Aspergillus oryzae
  • Tetragenococcus 

Metabolitos bacterianos clave:

  • isoflavonas
  • péptidos
  • enzimas 

Efectos pertinentes en la salud:

  • propiedades antioxidantes,
  • apoyo a la salud cardiovascular 

Descubre nuestra página sobre "El miso y la microbiota"

Tempeh

Bacterias:

  • Rhizopus oligosporus 

Metabolitos bacterianos clave:

  • isoflavonas
  • antioxidantes
  • péptidos 

Efectos pertinentes en la salud:

  • efecto antiinflamatorio
  • antioxidante
  • apoyo a la mcirobiota intestinal 
Natto (soja fermentada

Bacterias:

  • Bacillus subtilis

Metabolitos bacterianos clave:

  • ácido poliglutámico
  • nattocinasa
  • vitamina K2 

Efectos pertinentes en la salud:

  • efectos beneficiosos en el sistema cardiovascular
  • modulación de la flora intestinal 
Pepinillos fermentados

Bacterias:

  • Lactobacillus
  • Pediococcus
  • Enterococcus 

Metabolitos bacterianos clave:

  • ácido láctico
  • ácidos orgánicos  

Efectos pertinentes en la salud:

  • mejora la digestión
  • actividad antimicrobiana 
Lecha de soja fermentada

Bacterias:

  • Lactobacillus
  • Bifidobacterium 

Metabolitos bacterianos clave:

  • isoflavonas
  • (sidenote: AGCC Los Ácidos Grasos de Cadena Corta son una fuente de energía (combustible) para las células del individuo. Interactúan con el sistema inmunitario y participan en la comunicación entre el intestino y el cerebro. Bibliografia:
    Silva YP, Bernardi A, Frozza RL. The Role of Short-Chain Fatty Acids From Gut Microbiota in Gut-Brain Communication. Front Endocrinol (Lausanne). 2020;11:25.
    )
  • péptidos  

Efectos pertinentes en la salud:

  • mejora el metabolismo lipídico
  • equilibra la microbiota intestinal 
Kombucha

Bacterias:

  • Brettanomyces
  • Zygosaccharomyces
  • Lachancea
  • Starmerella
  • Saccharomyces
  • Komagataeibacter (formerly Gluconacetobacter)
  • Acetobacter
  • Gluconobacter
  • Lactobacillus 

Metabolitos bacterianos clave:

  • ácidos
  • etanol
  • ácido glucurónico
  • polifenoles 

Efectos pertinentes en la salud:

  • detoxificación
  • efecto antioxidante
  • antimicrobiano
  • modulación de la microbiota intestinal 

Descubre nuestra página sobre «la kombucha y la microbiota»

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Esta infografía presenta la composición de los alimentos fermentados y sus efectos sobre la microbiota intestinal y la salud. Ricos en microorganismos vivos, moléculas derivadas de la fermentación y prebióticos, favorecen la diversidad microbiana, apoyan la mucosa intestinal y contribuyen a la función inmunitaria. Sus efectos varían según la microbiota, la genética, la alimentación y el estilo de vida. También pueden favorecer la salud metabólica y digestiva, así como el eje intestino-cerebro.

El agua también enriquece nuestra microbiota

Tampoco debemos olvidar otra gran fuente alimentaria de microorganismos: lo que bebemos.
Agua de pozo, del grifo, filtrada, embotellada: no todas las aguas son iguales en cuanto a su composición química, mineral o microbiana, y la evidencia sugiere que el origen del agua influye directamente en nuestra microbiota.

Por ejemplo, el agua de pozo tiende a albergar comunidades microbianas más diversas de forma natural. Como consecuencia, quienes la consumen habitualmente suelen presentar una microbiota intestinal más variada en comparación con quienes optan de manera exclusiva por agua del grifo, filtrada o embotellada. 8

Fibras para alimentar nuestra microbiota intestinal

Pero la dieta no es solo una fuente de bacterias, también es una fuente de nutrientes que alimentan a estos microorganismos, entre los que destacan las famosas fibras alimentarias, es decir, carbohidratos que nuestro cuerpo no sabe digerir… pero que nuestra microbiota intestinal devora con gusto. Estas fibras resistentes a la digestión acaban llegando a nuestro intestino grueso, donde alimentan a nuestras bacterias. 
Existe una amplia variedad de fibras 9 and include :

  • en particular fibras alimentarias fermentables como la inulina (típica de la achicoria o el tupinambo),
  • la pectina (manzana, cáscara de limón),
  • los galactooligosacáridos (leche materna, legumbres),
  • pero también fibras no fermentables como el almidón resistente de los cereales. 

Al fermentar estas fibras fermentables, las bacterias producen metabolitos, entre los que se encuentran los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como el butirato, que posee increíbles propiedades:

  • efectos beneficiosos en la comunidad microbiana (inhibición de patógenos, por ejemplo),
  • mejora del funcionamiento de la barrera intestinal (estimulación de proteínas que permiten unir las células de la pared y, por lo tanto, disminuir la porosidad intestinal; estimulación de la producción de moco protector)
  • y efectos metabólicos (por ejemplo, sobre la saciedad) e inmunológicos directos en el huésped. 10
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Esta infografía muestra cómo una alimentación rica en alimentos integrales de origen vegetal y fibra contribuye a fortalecer la barrera intestinal. Al ser fermentada por la microbiota intestinal, la fibra favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC). Estos compuestos contribuyen a aumentar la producción de moco, fortalecer las uniones estrechas y reducir la invasión bacteriana a través de la pared intestinal.

Probióticos, prebióticos y posbióticos para reequilibrar la microbiota

En situaciones donde la dieta resulta insuficiente o se requiere restablecer el equilibrio microbiano —como ocurre tras un ciclo de tratamiento antibiótico—, el profesional sanitario puede intervenir mediante la prescripción de diversas ayudas terapéuticas: 

  • probióticos: preparaciones (frecuentemente en cápsulas) que contienen microorganismos vivos con efectos beneficiosos para la salud. El modo de acción de los probióticos depende estrictamente de cada cepa; por lo tanto, un beneficio específico observado con uno de ellos no puede extrapolarse a otros.
  • y/o prebióticos: sustancias que actúan «alimentando» de manera específica a ciertos microorganismos beneficiosos que ya habitan en nuestra microbiota intestinal. En esencia, su función es equivalente a la de la fibra alimentaria.
  • y/o posbióticos: estos incluyen tanto las moléculas beneficiosas producidas por los probióticos (como los ácidos grasos de cadena corta), como los propios probióticos muertos o sus fragmentos celulares.

La alimentación moldea la microbiota intestinal a lo largo de la vida

Al alimentar también a nuestra microbiota intestinal, nuestra dieta desempeña un papel importante y fundamental en su composición 1,11: cuanto más se alimenta a las bacterias con nutrientes que les gustan y saben aprovechar, más proliferan en detrimento de otros microorganismos. También pueden darse relaciones de cooperación entre bacterias: las moléculas producidas por unas sirven de alimento a otras. 1

Al igual que una huella dactilar, cada individuo alberga en sus intestinos una combinación específica de unos cientos de especies bacterianas, seleccionadas entre las aproximadamente 3000 especies identificadas en los sistemas digestivos humanos. 12,13

Esta microbiota es el resultado de años de desarrollo y reequilibrado, en los que la alimentación desempeña un papel esencial, y esto desde el nacimiento:

  • los lactantes alimentados con leche materna desarrollan una amplia gama de bacterias del género Bifidobacterium, beneficiosas para su digestión y su salud,
  • mientras que los lactantes alimentados con leche de fórmula presentan una flora diferente, más diversificada,
  • y los que están desnutridos presentan una microbiota intestinal inmadura y desequilibrada (disbiótica), con una mayor abundancia de patógenos. 1,12,13

¿Cómo es posible?
La leche materna, que constituye la referencia en materia de alimentación infantil, contiene algunos microorganismos beneficiosos para la salud del niño pero, sobre todo, también contiene prebióticos. Estos últimos, llamados oligosacáridos, no son digeridos por el bebé, sino que nutren y favorecen el desarrollo de bifidobacterias beneficiosas. 13,14 
De este modo, moldean la microbiota intestinal del bebé, con consecuencias para la salud (inmunidad, etc.) a lo largo de toda la vida. 14

Una microbiota intestinal diferente en cada etapa de la vida 

Durante la primera infancia, continúa la formación de la microbiota. 

  • Entre los 4 meses y el año de edad, la diversificación de la alimentación va de la mano de la llegada y el establecimiento —o no— de nuevos microorganismos, y la desaparición de otros. Así, los niños africanos que consumen dietas ricas en fibra y almidón presentan una microbiota más diversificada y productora de ácidos grasos beneficiosos, mientras que las dietas occidentales pobres en fibra reducen la diversidad y estos pequeños ácidos grasos protectores. 1
  • Entre 1 y 3 años, se sigue enriqueciendo la organización de esta comunidad. 
  • Hacia los 3-5 años, la microbiota intestinal aún no es totalmente equivalente a la de un adulto, pero empieza a parecerse mucho a ella. 12,15  
  • En la edad adulta, nuestra microbiota intestinal es diversa y, por lo general, está dominada por bacterias de las familias Firmicutes y Bacteroidetes.   
  • A partir de los 70 años, la composición de la microbiota intestinal puede verse afectada no solo por cambios biológicos (por ejemplo, una peor digestión), sino también por modificaciones en los hábitos alimenticios, que suelen ser menos variados. El resultado es una disminución de la diversidad de la microbiota intestinal, con una reducción de ciertas bacterias beneficiosas como las del género Bifidobacterium spp. 12
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ilustra cómo evoluciona la microbiota intestinal a lo largo de la vida. Desde el nacimiento hasta los 3 años, se desarrolla y diversifica progresivamente. Su diversidad continúa aumentando hasta la edad adulta, cuando se estabiliza. Con el envejecimiento, la microbiota tiende posteriormente a perder diversidad de forma progresiva. La línea de tiempo representa estas tres grandes etapas bebé, adulto y adulto mayor— y muestra cómo la composición de la microbiota intestinal cambia a lo largo de la vida.

Piel, pulmones y vagina: el alcance sistémico de nuestra alimentación

Sería un error considerar que el impacto de nuestra dieta se circunscribe exclusivamente al ámbito intestinal.
De hecho, la alimentación puede influir en otros ecosistemas microbianos del cuerpo a través de su interacción con la microbiota intestinal. Tomemos como ejemplo la microbiota cutánea: diversas enfermedades comunes de la piel, como el acné, la dermatitis atópica, la psoriasis, y la cuperosis, se han asociado a una disbiosis intestinal. 16,17  

En el caso del acné 17,18: 

  • una dieta rica en azúcares, frecuente entre los adolescentes de los países desarrollados, puede provocar un desequilibrio de la flora intestinal;  
  • las bacterias intestinales, desorientadas, producen moléculas capaces de pasar a la sangre, llegar a la piel y alterar diversas funciones de esta (inflamación, proliferación celular, metabolismo lipídico, etc.), lo que a su vez provoca una disbiosis de la microbiota cutánea; 
  • este desequilibrio de la microbiota cutánea se traduce en una sobreproducción de sebo, grasa y células de la piel, favoreciendo así la aparición del acné.  

Además, esta interacción es bidireccional: el desarrollo del acné afecta a su vez a la composición de la microbiota intestinal; de ahí que pueda producirse un círculo vicioso. 18 El intestino y la piel están estrechamente relacionados a través de un canal de comunicación denominado «eje intestino-piel». 17 

Lo mismo ocurre con la microbiota pulmonar, y el eje bidireccional intestino-pulmones: 

  • la microbiota intestinal interviene en las enfermedades pulmonares, ya que las infecciones respiratorias invernales 19 o el asma 20 suele ir acompañadas de una disbiosis intestinal; 
  • a la inversa, las enfermedades pulmonares influyen en la composición de la microbiota intestinal. 19
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Esta infografía explica cómo funciona el eje intestino-pulmón y la comunicación bidireccional entre estos dos órganos. Las bacterias y los metabolitos microbianos pulmonares pueden llegar al intestino e influir en su funcionamiento. A la inversa, las células inmunitarias y los metabolitos microbianos intestinales circulan hacia los pulmones, donde contribuyen a la activación del sistema inmunitario y a la protección frente a las infecciones virales.

La alimentación también puede influir en la microbiota urinaria: una disbiosis intestinal puede aumentar la susceptibilidad a las infecciones urinarias, aunque los datos científicos al respecto parecen contradictorios. 21

Lo mismo sucede con la microbiota vaginal: un menor consumo de alcohol y proteínas animales, y un mayor aporte de ácido linolénico, típico de los vegetales, pueden tener un impacto beneficioso en el entorno vaginal, gracias al mantenimiento de una microbiota dominada principalmente por lactobacilos protectores. 22

En ambos casos, las interacciones entre las microbiotas se deben sobre todo, probablemente, a la proximidad entre el ano (microbiota intestinal), la entrada de la vagina (microbiota vaginal) y el orificio de la uretra (microbiota urinaria), de tal modo que las bacterias de origen intestinal tienen poco que recorrer para colonizar la vagina o la vejiga. 

¿Qué nutrientes favorecen el equilibrio de la microbiota intestinal?

Sin lugar a dudas, la alimentación es, por tanto, uno de los factores más poderosos para modificar la composición y la actividad de la microbiota intestinal.
A modo de resumen, una dieta vegetal rica en fibra favorece las bacterias protectoras, mientras que una dieta rica en azúcares, proteínas animales y grasas saturadas conduce a un perfil más inflamatorio. 16,23,24

Nutrientes

Fibras fermentables (prebióticos)

Efecto principal en la microbiota:

  • bacterias beneficiosas (Bifidobacterium, Lactobacillus)
  • ácidos grasos de cadena corta (AGCC) protectores

Alimentos con alto contenido del nutriente:

  • legumbres, cereales integrales, frutas, verduras, leche materna, yogures y quesos
  • ejemplos de fibras y fuentes: inulina (tupinambo, achicoria), GOS (leche materna, productos lácteos fermentados, lentejas…), FOS (puerros, achicoria, plátano poco maduro, espárragos) 
Grasas insaturadas (grasas vegetales «líquidas»)

Efecto principal en la microbiota:

  • bacterias beneficiosas,
  • AGCC protectores, perfil más antiinflamatorio

Alimentos con alto contenido del nutriente:

  • pescado azul, aceite de oliva, frutos secos 
Exceso de proteínas animales

Efecto principal en la microbiota:

  • bacterias putrefactas
  • metabolitos nocivos (amoníaco, H₂S), perfil más inflamatorio

Alimentos con alto contenido del nutriente:

  • carnes rojas, embutidos, quesos grasos 
Grasas saturadas (grasas «sólidas» de origen animal)

Efecto principal en la microbiota:

  • firmicutes y bacterias proinflamatorias
  •  endotoxinas

Alimentos con alto contenido del nutriente:

  • productos fritos, comida chatarra, pasteles, productos ultraprocesados 

GOS (galacto-oligosacáridos, cadenas de moléculas de galactosa);
FOS (fructo-oligosacáridos, cadenas de moléculas de fructosa).

La dieta mediterránea: una aliada estratégica de la microbiota intestinal

En consecuencia, la adopción de una dieta rica en alimentos de origen vegetal, como la célebre dieta mediterránea, constituye un hábito altamente recomendable.

Este patrón alimentario prioriza el consumo de frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, pescado, frutos secos y aceite de oliva, mientras restringe la ingesta de azúcar y carne. La evidencia científica tiende a respaldar esta recomendación: un estudio internacional evaluó durante un año el impacto de la dieta mediterránea en una población de personas mayores en cinco países europeos (Reino Unido, Francia, Países Bajos, Italia y Polonia). Los resultados confirmaron una modificación positiva en la composición de su microbiota intestinal: se observó un incremento de las bacterias asociadas a una menor fragilidad física, una mejora de la función cognitiva y una reducción de la inflamación. 25

¿Qué bebidas son beneficiosas para la microbiota intestinal?

En cuanto a las bebidas, los polifenoles del vino (que, por cierto, forma parte de la dieta mediterránea) 26 así como los del té 27 también se asocian con una microbiota más diversa y saludable. 

Por el contrario, el, consumo excesivo de refrescos —especialmente cuando supera los dos vasos diarios— conlleva repercusiones negativas para la microbiota intestinal. La ingesta habitual de estas bebidas parece reducir la población de diversas bacterias beneficiosas. Un caso representativo es el de Bacteroides pectinophilus, un microorganismo especializado en metabolizar la pectina. Dado que es incapaz de procesar los azúcares refinados presentes en los refrescos, su presencia en el ecosistema intestinal disminuye drásticamente si se consumen bebidas azucaradas.  28

23%

Este es el porcentaje de reducción de la mortalidad entre las mujeres cuya alimentación se acerca más a la dieta mediterránea, en comparación con aquellas cuya alimentación se aleja más de ella. 29

Enfermedades relacionadas con malos hábitos alimentarios 

Como se ha visto anteriormente, la microbiota intestinal varía mucho de una persona a otra en función de la edad, el estilo de vida, la alimentación, etc.
Estas variaciones son normales y pueden ayudar al organismo a adaptarse a su entorno. Sin embargo, en ocasiones, la flora intestinal sufre cambios profundos, que pueden ser la causa o la consecuencia de problemas de salud . 12,30

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Esta infografía explica cómo la disbiosis puede alterar el equilibrio de la microbiota intestinal. A partir de una microbiota equilibrada, se ilustran tres tipos de alteraciones: la proliferación de bacterias patógenas, la reducción de la diversidad microbiana y la pérdida de microorganismos esenciales. Estos desequilibrios pueden modificar la composición de la microbiota y alterar algunas de sus funciones esenciales para el buen funcionamiento del organismo.

Diferentes enfermedades intestinales12,30 parecen estar relacionadas con esta disbiosis:  

  • en el síndrome del intestino irritable (SII), la pérdida de riqueza microbiana debilita el funcionamiento de la barrera epitelial y modifica la respuesta inflamatoria, lo que explica en parte los síntomas. 
  • en las enfermedades inflamatorias intestinales (EII) crónicas, aunque no se haya demostrado una relación causal directa, los desequilibrios microbianos (en particular, la disminución de las bacterias productoras de butirato) pueden contribuir a la severidad de la enfermedad. 
  • en la enfermedad celíaca, la disbiosis parece crear un entorno inflamatorio e impedir que la capa de moco de los intestinos nos proteja de la invasión de antígenos nocivos y patógenos.
  • en el cáncer colorrectal, una reducción de las bacterias beneficiosas productoras de butirato y un aumento de los patógenos oportunistas pueden contribuir al desarrollo del tumor. 

La disbiosis intestinal también está implicada en diversos trastornos metabólicos: 12,30,31,32

  • en el caso de la obesdad, esta disbiosis aumenta la capacidad del organismo para extraer energía de los alimentos, lo que favorece el almacenamiento de grasas y la inflamación. 
  • en la diabetes tipo 2, os pacientes presentan un aumento de las Betaproteobacteria (asociado a un aumento del nivel de azúcar en sangre) y una disminución de las bacterias beneficiosas productoras de butirato, como las del género Roseburia.  

EL eje intestino-cerebro también se ve afectado: 12

  • En la enfermedad de Alzheimer y la de Parkinson, una disbiosis (por ejemplo, un aumento de Escherichia/Shigella en el caso del Alzheimer) parece estar asociada a un estado inflamatorio periférico que puede favorecer el desarrollo de estas enfermedades.
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Esta infografía ilustra la relación entre la alimentación, la microbiota intestinal y la salud. La alimentación puede modificar la composición de las bacterias intestinales, incluidas Bifidobacterium, Lactobacillus y Akkermansia. Estos cambios pueden influir en el metabolismo y las respuestas inmunitarias. Los desequilibrios asociados pueden contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad o síndrome metabólico.

Buenos hábitos para la microbiota

Aunque la alimentación es uno de los factores más determinantes para modular nuestra microbiota intestinal, no es el único, ni mucho menos.
La actividad física, cuando se practica con una intensidad moderada (por debajo del 50 % del consumo máximo de oxígeno o VO2máx1), estimula el tránsito intestinal y mejora la integridad de la mucosa que reviste las paredes del tubo digestivo. Este hábito potencia la microbiota al favorecer el desarrollo de una comunidad bacteriana diversa y beneficiosa. No obstante, en el ámbito del ejercicio, el exceso puede resultar contraproducente. Un entrenamiento de resistencia de 60 minutos muy intenso (alcanzando el 70 % del VO2máx) puede desencadenar episodios de dolor abdominal, náuseas y diarrea.  33 
As with everything, perfect is the enemy of good: sixty minutes of high-intensity endurance training (at 70% of VO2max) can lead to abdominal pain, nausea, and diarrhea. 33
Los datos son concluyentes: entre el 30 % y el 50 % de los deportistas sufren trastornos digestivos, una cifra que asciende hasta el 90 % en el caso de quienes participan en pruebas de ultraresistencia. 34

Por último, la adopción de hábitos saludables implica necesariamente prestar atención al entorno en su sentido más amplio. Este concepto se engloba bajo el término exposoma: el conjunto de factores ambientales y exposiciones a las que un individuo se somete desde la concepción hasta el final de su vida y que influye en la microbiota y la salud. 

Si bien la alimentación es un pilar fundamental de este concepto, el exposoma trasciende lo que ingerimos. 
El epidemiólogo inglés Christopher P. Wild, quien acuñó el término, lo define como una «representación compleja y dinámica de las exposiciones a las que una persona está sujeta a lo largo de su vida, que integra el entorno químico, microbiológico, físico, recreativo y farmacológico, el estilo de vida y la alimentación, así como las infecciones».

En este sentido, pasar el mayor tiempo posible en contacto con la naturaleza, dejar que los niños jueguen en contacto con la vegetación y los  animales, evitar la automedicación —especialmente en lo que respecta a los antibióticos—, eliminar las fuentes de microplásticos,etc. son buenos hábitos que, combinados con una alimentación de calidad, cuidarán su salud intestinal y, con ella, su salud en general.

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Esta infografía presenta las principales causas de disbiosis que pueden alterar el equilibrio de la microbiota intestinal. Estas incluyen factores individuales, como la genética, la edad, ciertas enfermedades o lesiones, y factores ambientales, como los medicamentos, el estilo de vida y la contaminación. Las infecciones, los antibióticos y la alimentación también pueden modificar la composición de la microbiota y favorecer su desequilibrio.
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Esta infografía presenta los hábitos de vida que ayudan a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal. Entre las buenas prácticas se encuentran el consumo de frutas y verduras, pescados grasos, prebióticos, alimentos fermentados y probióticos. Por el contrario, ciertos hábitos pueden alterar este equilibrio, como fumar, consumir alcohol, el estrés y una alimentación demasiado rica. Por lo tanto, un estilo de vida saludable puede ayudar a preservar la salud y el equilibrio de la microbiota intestinal.

En la práctica, ¿qué hacen realmente las personas por su microbiota? 

Sin embargo, sigue habiendo una brecha enorme entre la teoría y la práctica. Según el Observatorio Internacional de las Microbiotas 2025 de Biocodex,aunque los conocimientos avanzan, los buenos hábitos tardan en seguirles el ritmo: el conocimiento de los problemas de salud relacionados con la microbiota sigue creciendo, pero el número de personas que actúan no aumenta y se ha mantenido estable este año.
Así pues:

  • una gran mayoría afirma llevar una alimentación equilibrada y variada (83 %) para evitar un desequilibrio de la microbiota;
  • aproximadamente 3 de cada 4 encuestados afirmaron practicar actividad física (78%) y evitar fumar (77%) para reducir el riesgo de desequilibrio de la microbiota;
  • aproximadamente la mitad de los encuestados afirma consumir probióticos (50%), y el 40% prebióticos para su microbiota;
  • solo una cuarta parte de las personas a las que recetaron antibióticos recibieron información básica sobre la microbiota, a pesar del impacto de los antibióticos en la flora intestinal. 

¿Cómo concienciar a la población sobre la importancia de mantener una microbiota equilibrada para gozar de buena salud? Los profesionales sanitarios, reconocidos como figuras de confianza, podrían ser los protagonistas más eficaces para impulsar un cambio de comportamiento.
¡Seguiremos de cerca este tema en las próximas ediciones de nuestro Observatorio! 

71% 7 de cada 10 encuestados ya han oído hablar del término “microbiota”.

24% Pero sólo 1 de cada 5 afirmó saber exactamente qué significa el término “microbiota”.

34% Sólo 1 de cada 3 personas había oído hablar alguna vez del término disbiosis (otra palabra para desequilibrio de la microbiota).

Descubre todas nuestras páginas sobre el tema «alimentación y microbiota»:

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Bibliografia

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La luz solar transforma las bacterias de la piel

Damos por hecho que la luz solar solo afecta a la superficie de nuestra piel, bronceándola, envejeciéndola o quemándola. No obstante, en un nuevo estudio se ha revelado que los rayos UV también alteran la invisible comunidad de bacterias que viven en la piel y que, de hecho, esto ocurre en muy pocos minutos.

La microbiota cutánea

La piel no es una simple barrera; es un ecosistema vivo. Millones de microorganismos, incluidas bacterias, hongos y virus, constituyen nuestro microbioma cutáneo. En conjunto, ayudan a regular nuestra inmunidad, refuerzan la protección contra infecciones y mantienen el equilibrio de la (sidenote: Barrera cutánea La capa protectora externa de la piel que mantiene fuera a los microbios dañinos y dentro la humedad. El microbioma es un componente vivo clave de esta barrera, por lo que alterar a los microbios implica debilitar nuestras defensas y reducir la protección frente a agresores medioambientales. ) .
Cuando se perturba esta comunidad, algunas de sus consecuencias pueden ser las afecciones cutáneas inflamatorias, tales como la dermatitis atópica, o una mayor vulnerabilidad frente a las enfermedades de la piel.

Radiación UV: un problema que no solo atañe a la superficie

Sabemos que la radiación ultravioleta (UV) daña la piel, acelera el envejecimiento, causa quemaduras solares y aumenta el riesgo de padecer cáncer de piel con la exposición crónica. Lo que aún no se sabe tan bien es cómo afecta a la comunidad microbiana que vive en la superficie cutánea.
Un grupo de investigadores1 del Instituto Leibniz de Investigación en Medicina Medioambiental (Düsseldorf, Alemania) emprendió la tarea de responder a esa pregunta directamente.

Microbioma cutáneo

La comunidad de bacterias, hongos y otros microorganismos que viven en la superficie de la piel. Lejos de ser dañinos, la mayoría de estos microbios son compañeros esenciales que defienden la piel, equilibran las respuestas inmunitarias y ayudan a mantener una  (sidenote: Barrera cutánea La capa protectora externa de la piel que mantiene fuera a los microbios dañinos y dentro la humedad. El microbioma es un componente vivo clave de esta barrera, por lo que alterar a los microbios implica debilitar nuestras defensas y reducir la protección frente a agresores medioambientales. )  sana.
También pueden contribuir a la producción de compuestos implicados en el mantenimiento de la barrera y la protección celular.

Las alteraciones empiezan tras solo 30 minutos

En un ensayo clínico controlado, se expuso a 30 voluntarios varones sanos a tres dosis de radiación solar UVA y UVB simulada —0,5; 0,7 y 1,0 dosis mínima de eritema (DME)— en zonas determinadas de la zona lumbar.
Se recogieron muestras cutáneas a :

  • los 30 minutos,
  • las 24 horas
  • y los 4 días de la exposición y se compararon con las de zonas de referencia no irradiadas. 

Los resultados estaban claros: ya se podían detectar cambios cuantificables en el microbioma cutáneo a los 30 minutos, incluso con la dosis suberitematógena más baja, un grado de radiación UV que no causa enrojecimiento ni quemaduras visibles.
El alcance de la alteración microbiana dependía de la dosis; es decir, a mayor dosis de radiación UV, más pronunciado era el cambio. Se observó una recuperación parcial a las 24 horas, pero algunos cambios persistían 4 días después de la irradiación, lo que indica que la piel expuesta podría conservar una firma microbiana diferida.

Dosis suberitematógena

Una cantidad de radiación UV inferior al umbral necesario para producir un enrojecimiento o quemaduras visibles. En este estudio, incluso estas dosis cotidianas y aparentemente inofensivas bastaron para alterar el microbioma cutáneo en menos de 30 minutos.

¿Qué implica esto para la salud cutánea?

Estos descubrimientos son importantes porque las dosis de radiación UV suberitematógenas no son excepcionales, sino que representan la exposición solar habitual del día a día. 
Un breve paseo, sentarse junto a una ventana o un día nublado al aire libre pueden comportar esta cantidad de radiación. 
El estudio plantea una pregunta crucial sobre la fotoprotección: si la crema solar protege la piel de los daños celulares causados por la radiación UV, ¿podría también preservar la integridad del microbioma cutáneo y su protección inmunitaria?

¿Le gusta tomar el sol? ¡Más le vale cuidar de su microbiota cutánea!

Explorar este tema

Los investigadores señalan que esta es un área clave para las investigaciones futuras y las estrategias de prevención en dermatología. Por el momento, los datos apuntan a que proteger la piel de la exposición solar no solo evita los daños visibles, sino que también ayuda a las comunidades microbianas que mantienen la salud de la barrera cutánea. Puesto que el verano está a la vuelta de la esquina, cuando aumenta la exposición solar, estos hallazgos no podrían llegar en un mejor momento.

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Microbiota vaginal #24

Por la Prof. Satu Pekkala
Becaria de investigación de la Academia de Finlandia, Facultad de Ciencias
del Deporte y la Salud, Universidad de Jyväskylä, Finlandia

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Actu PRO : Un catalogue des gènes du microbiote vaginal

Eje intestino-cerebropelvis: nuevas perspectivas derivadas de la ciencia de la microbiota

Además de tener que someterse a cirugía, hormonoterapia y estadios tumorales, las mujeres con cáncer de endometrio suelen presentar síntomas persistentes que afectan a su salud mental, su confort gastrointestinal y su bienestar sexual. Un estudio reciente de la Universidad de Oklahoma sugiere que la microbiota intestinal y vaginal podría estar relacionada con estos temas.

Los investigadores hicieron un seguimiento de 140 mujeres que iban a someterse a una histerectomía, entre las que se encontraban pacientes con cáncer de endometrio y mujeres con afecciones ginecológicas benignas. Antes de la intervención quirúrgica, las participantes rellenaron cuestionarios validados que evaluaban su salud física y mental, su nivel de estrés, sus síntomas gastrointestinales y su función sexual. Se tomaron muestras vaginales y rectales para analizar el microbioma, lo que permitió establecer correlaciones entre los perfiles microbianos y los resultados comunicados por las pacientes.

Las mujeres con cáncer de endometrio presentaban una mayor diversidad microbiana vaginal, un fenómeno que generalmente se considera desfavorable en otros contextos clínicos. Una mayor diversidad se asoció con un aumento de la sequedad y la irritación vaginales. Varias especies bacterianas, entre ellas Lactobacillus iners, Lactobacillus gasseri y Streptococcus agalactiae, eran más
abundantes en las mujeres que referían síntomas vaginales más graves, lo que sugiere que las afecciones oncológicas pueden alterar la dinámica del ecosistema vaginal.

La microbiota intestinal también mostró correlaciones significativas. En las pacientes con cáncer de endometrio, algunos taxones bacterianos se correlacionaban con un mayor bienestar mental, menores niveles de estrés y menos trastornos gastrointestinales, mientras que otros se relacionaban con hinchazón, molestias o disminución de la libido. Estos resultados refuerzan el concepto de un eje intestino-cerebro-pelvis que conecta los ecosistemas microbianos con la salud psicológica y pélvica. Desde un punto de vista clínico, este trabajo abre nuevas perspectivas para intervenciones dirigidas al microbioma, que en el marco del apoyo a los pacientes
con cáncer, van desde probioticos hasta estrategias alimentarias. El perfil del microbioma podría ayudar a identificar a los pacientes con riesgo de síntomas persistentes y orientar intervenciones personalizadas, como dietas, intervenciones en el estilo de vida o modulación específica de la microbiota, con el fin de mejorar la calidad de vida junto con los tratamientos oncológicos estándar.

Gautam NJ, Jimenez NR, Łaniewski P, et al. Microbiome impacts quality of life in patients with endometrial cancer and benign gynecological conditions. Qual Life Res 2025 ; 34: 2935-48.

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Microbiota intestinal #24

Por la Prof. Satu Pekkala
Becaria de investigación de la Academia de Finlandia, Facultad de Ciencias
del Deporte y la Salud, Universidad de Jyväskylä, Finlandia

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El metabolito de la microbiota causado por el ejercicio mejora la inmunidad antitumoral de los linfocitos CD8 favoreciendo la eficacia de la inmunoterapia

El estilo de vida sedentario aumenta el riesgo de cáncer, y se sabe que el ejercicio mejora la eficacia del inhibidor del punto de control inmunitario (IPCI). Sin embargo, se siguen desconociendo los mecanismos en gran medida. La microbiota intestinal promueve la inmunidad antitumoral y el ejercicio modula la microbiota intestinal, pero no se ha estudiado si estos factores están relacionados o no. Phelps et al. utilizaron modelos preclínicos de cáncer para explorar las posibles conexiones.

Descubrieron que el ejercicio prolongado limitaba el crecimiento del tumor de melanoma sin afectar al peso corporal. El ejercicio también estimulaba los linfocitos CD4 y CD8 en los ganglios linfáticos que drenaban el tumor. Hay que destacar que este efecto necesitaba de microbiota intestinal, implicada en la actividad antitumoral provocada por el ejercicio. Para establecer la causalidad, los autores hicieron trasplantes de microbiota fecal (TMF) en ratones tratados con antibióticos usando heces de donantes activos y sedentarios. El TMF de ratones activos suprimió el crecimiento tumoral, prolongó la supervivencia y mejoró la inmunidad tumoral. Aunque se sabe que los componentes de la pared celular bacteriana aumentan la respuesta inmunitaria, parece ser que el efecto del ejercicio y del TMF depende de los metabolitos derivados de la microbiota. De hecho, la administración por vía oral de metabolitos microbianos procedentes de heces de ratones activos frenó el crecimiento del tumor del melanoma.

Para entender la función de los metabolitos, los autores usaron metabolómica dirigida de metabolitos de 1 carbono (1C) y descubrieron, principalmente, que los precursores de la vía 1C dependiente del folato estaban reducidos en los ratones físicamente activos. Otros experimentos revelaron que los niveles altos de formiato estimulaban la inmunidad antitumoral y frenaban el crecimiento tumoral, además de que el ejercicio aumentaba específicamente el formiato. Además de en el melanoma, estos efectos se observaron en modelos de adenocarcinoma y linfoma. El formiato también redujo drásticamente las metástasis pulmonares. En el efecto del formiato sobre la inmunidad antitumoral intervino el factor nuclear eritroide 2 similar al factor 2. En última instancia, aportan algunas pruebas traslacionales de que la microbiota humana con alto contenido en formiato se asocia a una mayor inmunidad y supresión tumoral.

Phelps CM, Willis NB, Duan T, et al. Exercise-induced microbiota metabolite enhances CD8 T cell antitumor immunity promoting immunotherapy efficacy. Cell 2025; 188: 5680-700.

Dinámica temporal e interacciones microbianas que conforman el resistoma intestinal en la primera infancia

El origen de la resistencia a los antibióticos se encuentra en los genes de resistencia a los antibióticos (GRA), que permiten a las bacterias resistir a los antibióticos. Los GRA existían antes del consumo de antibióticos por parte de los seres humanos, pero el uso excesivo actual ha amplificado su prevalencia a escala mundial. Cuando la resistencia llega a los microbios patógenos, representa una amenaza para la salud pública al debilitar a los antibióticos. Sin embargo, se necesitan más estudios, especialmente en la infancia, para comprender el papel del resistoma intestinal en la propagación de la resistencia a los antimicrobianos (RAM).

Este estudio investigó la dinámica del resistoma intestinal infantil en una cohorte de nacimiento con muestras fecales recogidas longitudinalmente 8 veces desde el nacimiento hasta los cinco años de edad. Al principio de la infancia (de 3-6 días a 2 meses), la riqueza de GRA mostró un patrón bimodal, que desapareció a los 6 meses, ya que la mayoría de los lactantes presentaban recuentos elevados de GRA. A los 12 meses, reapareció la bimodalidad, seguida de un descenso de los GRA a los 60 meses. La abundancia de GRA en relación con el total de genes fue superior en los primeros 6 meses y disminuyó pasados los 12 meses. La abundancia absoluta de GRA varió en gran medida entre los lactantes durante los 2 primeros meses de vida, alcanzó su máximo a los 6 meses y descendió a los 12 meses.

Además, se constató que los GRA que confieren resistencia frente a tetraciclinas, fluoroquinolonas, penams y cefalosporinas son los más comunes y abundantes hasta los 6 meses de edad. Los GRA contra las tetraciclinas y las fluoroquinolonas siguieron siendo los más frecuentes en todas las edades. La abundancia relativa y absoluta de GRA no era diferente entre los lactantes no expuestos a antibióticos y aquellos expuestos antes de la 1.a muestra a los 3-6 días de vida. Curiosamente, parece ser que la composición
microbiana y el tipo de parto influyen en la diversidad de GRA, mientras que solo unos pocos taxones bacterianos tienen un alto número de GRA. En conclusión, este estudio ha revelado patrones temporales clave e interacciones microbianas que conforman el resistoma intestinal de los lactantes, lo que sugiere oportunidades para estrategias dirigidas a limitar la RAM durante esta etapa decisiva del desarrollo.

Chatzigiannidou I, Johansen PL, Dehli RK, et al. Temporal dynamics and microbial interactions shaping the gut resistome in early infancy. Nat Commun 2025; 16: 8139

Cuantificación de la obtención variable de productos de fermentación de la microbiota intestinal humana

La microbiota intestinal humana influye en el anfitrión, en gran medida, a través del intercambio de productos de fermentación,
principalmente ácidos grasos de cadena corta producidos por microbios en el intestino grueso. Los microbios metabolizan los hidratos de carbono complejos de los alimentos de origen vegetal, así como las proteínas alimentarias que escapan a la digestión en el intestino delgado. Aunque la metabolómica puede identificar una gran variedad de compuestos, solo ofrece imágenes puntuales y aporta poca información sobre el flujo global de productos de fermentación que producen los microbios y que absorbe el organismo del anfitrión. Para superar esta limitación, el estudio estableció planteamientos ortogonales para cuantificar este flujo, integrando datos sobre metabolismo bacteriano, fisiología digestiva y metagenómica.

Este marco permitió llegar a muchos hallazgos importantes. Por ejemplo, la mayor parte del carbono de los carbohidratos disponibles en la microbiota, el 90 %, acaba en productos de fermentación, absorbidos en su mayor parte por el anfitrión. La variación de la alimentación determinó en gran medida el rendimiento total de los productos de fermentación. Los rendimientos bajos pueden producirse cuando la alimentación es rica en alimentos muy procesados que carecen de hidratos de carbono complejos o cuando incluyen hidratos de carbono que resisten la digestión y pasan por el intestino sin modificarse. De forma un tanto sorprendente, los propios microbios tuvieron un menor impacto en la obtención diaria total de productos de fermentación, con excepción de algunos productos de fermentación específicos, como el butirato y el lactato.

Aunque no era el objetivo principal del estudio, se descubrió que los ratones obtienen muchos más productos de fermentación por peso corporal que los humanos (≈400 mmol/kg/día frente a 7 mmol/ kg/día), lo que les aporta más del 21 % de sus necesidades energéticas diarias frente al 1,7-12,1 % de los humanos. Esta disparidad, junto con las diferencias en la composición del microbioma y la anatomía intestinal, debe tenerse en cuenta a la hora de extrapolar los datos obtenidos en ratones a los efectos sistémicos en
humanos. Los autores concluyen que, debido al entorno dinámico y fluido del intestino, el desarrollo de este tipo de marco es fundamental para alejarse de los supuestos basados en mediciones puntuales de metabolitos y acercarse a un modelo integrado de las funciones del anfitrión y el microbioma en la salud y la enfermedad.

Arnoldini M, Sharma R, Moresi C, et al. Quantifying the varying harvest of fermentation products from the human gut microbiota. Cell 2025 ; 188 : 5332-42.

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Cuando la precariedad menstrual amenaza el equilibrio vaginal

En las trabajadoras sexuales de Kenia, la precariedad menstrual parece asociada a un desequilibrio de la microbiota vaginal y a la mayor presencia de bacterias patógenas. Los discos menstruales reutilizables podrían ayudar a proteger a estas mujeres.

La microbiota vaginal

En algunas mujeres muy expuestas a las infecciones de transmisión sexual (ITS), el manejo de la menstruación puede convertirse en un reto de salud…, pero también de supervivencia económica.
Un estudio 1 realizado en Kenia saca a la luz un fenómeno poco documentado: el impacto de la precariedad menstrual sobre la microbiota vaginal de las trabajadoras sexuales.

Cuando la regla se convierte en un reto económico

En contextos de gran pobreza, las mujeres no tienen acceso a las protecciones menstruales clásicas. En Kenia, el 42 % de las trabajadoras sexuales utilizan soluciones improvisadas para continuar recibiendo clientes durante la regla. Más de 9 trabajadoras sexuales de cada 10 se secan el interior de la vagina con tela, algodón o papel higiénico entre dos clientes.

Prácticas intravaginales consideradas de riesgo

Las prácticas intravaginales consideradas de riesgo evaluadas comprendían:

  • el uso de tela, papel o algodón para secarse el interior de la vagina con el fin de eliminar los fluidos entre los clientes;
  • la introducción de sustancias en la vagina antes de las relaciones sexuales para conseguir una sensación de sequedad o de estrechez;
  • la introducción de sustancias en la vagina para mantener la sequedad durante las menstruaciones;
  • la utilización de productos de ducha comerciales;
  • la frecuencia de actos de secado intravaginal durante las menstruaciones y fuera de las menstruaciones, y la variación entre estos dos periodos (aumento, disminución o estabilidad).

Una microbiota vaginal más frágil

En la gran mayoría de estas mujeres (casi 2 de cada 3), la microbiota vaginal es diversificada, por lo tanto, menos protectora en comparación con los perfiles en los que reinan los lactobacilos. Esta microbiota se asocia a un riesgo más elevado de infecciones. En las 407 mujeres seguidas en este estudio:

  • el 24,7 % había contraído el VIH,
  • el 42,2 % presentaba una vaginosis bacteriana
  • y el 21,9 % padecía clamidiasis, gonorrea o tricomoniasis,
  • solo el 20 % no presentaba ninguna infección.

En cambio, las microbiotas ampliamente dominadas por lactobacilos protectores, sobre todo Lactobacillus crispatus (CST-I), más raras en estas mujeres, se asociaban a una mejor salud vaginal y a menos ITS o vaginosis bacteriana.

30,7 % La prevalencia del VIH en las trabajadoras sexuales era del 30,7 %, es decir, un riesgo de infección 11,6 veces más elevado que en las mujeres de la población general. ¹

40 % En las 1640 trabajadoras sexuales de Nairobi (Kenia), las relaciones sexuales durante la menstruación eran frecuentes, se referían en el 40 % de ellas. ¹

72 72 millones de mujeres en el mundo tienen que pasar la menstruación sin tener acceso a un lavabo decente. ²

Anatomía femenina, microbiota e higiene íntima

Explorar este tema

El papel de las protecciones menstruales

El seguimiento de estas trabajadoras sexuales muestra que la utilización de protecciones menstruales inadecuadas parece asociarse a una modificación de la microbiota vaginal e incluso a una disbiosis.
Sin embargo, estos resultados deben interpretarse con prudencia, ya que existen numerosos factores relacionados entre sí —precariedad, número de clientes, condiciones de trabajo— y las diferencias disminuyen cuando se tienen en cuenta estos sesgos.
No obstante, estas tendencias dan mala espina a los investigadores. Sobre todo porque ciertas bacterias patógenas asociadas a la vaginosis bacteriana, como Prevotella bivia o Mobiluncus curtisii, son más frecuentes en las usuarias de protecciones periódicas precarias.

Protecciones menstruales subóptimas

La utilización de protecciones menstruales subóptimas se definía como el empleo, durante las últimas menstruaciones, de cualquier tela, bola de algodón o papel higiénico.

Soluciones todavía en exploración

Ante estas constataciones, los investigadores exploran pistas de intervención. La idea es mejorar el acceso a unas protecciones adecuadas para aumentar la salud vaginal. Entre las soluciones estudiadas, están los discos menstruales flexibles, que pueden llevarse durante las relaciones sexuales y pueden utilizarse durante largo tiempo (hasta 10 años), lo que podría reducir los costes, limitar ciertas prácticas de riesgo y mejorar la comodidad y la higiene íntima de estas mujeres.

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PFAS y microbiota

Por Anaïs Bodon, Muriel Mercier-Bonin, Bruno Sovran
Equipo de neurogastroenterología y nutrición de Inrae (Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente), Toxalim, Toulouse, Francia 

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Las sustancias perfluoroalquílicas y polifluoroalquílicas (PFAS) constituyen una amplia familia de compuestos químicos comúnmente denominados «contaminantes eternos» debido a su extrema persistencia en el medio ambiente y los ecosistemas. Sus propiedades ignífugas, hidrófugas y termorresistentes han favorecido su uso masivo en numerosos productos de uso cotidiano (utensilios de cocina antiadherentes, textiles impermeables, etc.). Las PFAS, que son muy poco degradables, se acumulan en el medio ambiente, contaminan la cadena alimentaria y provocan una exposición humana casi generalizada. Así, los PFAS se acumulan en el organismo con efectos documentados para la salud, aunque solo en el caso de un número limitado de compuestos.

¿Son fundadas las afirmaciones de las redes sociales?

En el laboratorio, en condiciones experimentales muy específicas, algunas bacterias de la microbiota intestinal 1 o bacterias lácticas 2 (a menudo utilizadas como probióticos) pueden bioacumular PFAS o «secuestrar» en su superficie, lo que sugiere una posible «desintoxicación». En la práctica, los PFAS ingeridos se absorben casi en su totalidad en el intestino delgado y pasan rápidamente al torrente sanguíneo. La microbiota intestinal se encuentra principalmente en el colon, un compartimento muy poco afectado por los PFAS, aunque una fracción minoritaria de la microbiota, localizada en el intestino delgado, está directamente expuesta. Por lo tanto, el contacto directo entre los PFAS y las bacterias intestinales sigue siendo marginal en comparación con la cantidad total de PFAS ya acumulada en el organismo. Con el nivel actual de conocimientos, es difícil concluir que la microbiota y/o la ingesta de probióticos, como se sugiere en los medios de comunicación, desempeñen un papel importante en la desintoxicación microbiana de los PFAS totales del organismo.

¿Qué impacto tiene en la microbiota?

Por otra parte, este contacto limitado podría contribuir a los efectos cada vez más documentados de los PFAS sobre la microbiota intestinal. Estudios realizados en roedores muestran que la exposición a los PFAS puede modificar la composición de la microbiota y alterar algunas de sus funciones, en particular la producción de metabolitos o sus interacciones con el sistema inmunitario 3,4. Ahora bien, se ha demostrado que estas alteraciones pueden perturbar el equilibrio del ecosistema digestivo y la salud intestinal.

¿Hay que tener en cuenta alguna limitación importante?

La mayoría de los datos científicos disponibles proceden de modelos animales expuestos a dosis generalmente superiores a las representativas de la exposición humana, y se refieren a un número muy limitado de PFAS, a menudo considerados de forma aislada. En el caso de los seres humanos, los estudios aún son escasos, principalmente observacionales e influenciados por numerosos factores de confusión (alimentación, edad, sexo). Por lo tanto, el campo de investigación sobre los PFAS y la microbiota sigue siendo emergente.

¿Qué implicaciones tiene para los profesionales de la salud y qué responder a los pacientes?

Ante la mediatización del tema y la preocupación de los pacientes, es esencial una comunicación basada en pruebas científicas, sin extrapolaciones excesivas. Conviene explicar que no existe una solución «milagrosa» para la desintoxicación de los PFAS, en particular a través de los probióticos.

En la práctica, se puede aconsejar limitar las fuentes conocidas de exposición a los PFAS (envases de alimentos, utensilios de cocina antiadherentes) y dar prioridad a una alimentación variada, poco procesada, rica en frutas, verduras y cereales integrales para reforzar la función protectora de la microbiota.

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Microbiota y salud pediátrica: lo más destacado de LASPGHAN 2025

Por la Prof. Natascha Sandy
Clínica Levy, Condomínio Atlantis, Sao Paulo, Brasil, 

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El XXV Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (LASPGHAN), que se celebró en Mérida, reforzó el papel fundamental de la microbiota en la salud y la enfermedad pediátricas. Los debates hicieron hincapié en un enfoque riguroso, basado en la evidencia y específico para cada cepa sobre el uso de probióticos, en consonancia con el informe expositivo más reciente de la ESPGHAN y el próximo consenso de la LASPGHAN. La atención se ha desplazado de la suplementación empírica a las indicaciones respaldadas por ensayos clínicos aleatorizados y metaanálisis, para hacer hincapié en cómo la modulación microbiana puede influir en la respuesta gastrointestinal, inmunitaria y metabólica en diferentes etapas de la infancia. Cada vez hay un mayor reconocimiento de que la impronta de la microbiota en las primeras etapas de la vida puede tener consecuencias de por vida en la programación metabólica y la tolerancia inmunitaria, lo que pone
de relieve la importancia de la nutrición perinatal, la lactancia materna y evitar un consumo innecesario de antibióticos como determinantes clave de la resistencia microbiana.

Diarrea infecciosa aguda

Las directrices actuales recomiendan ciertas cepas de Saccharomyces y Lacticaseibacillus como las cepas mejor documentadas para tratar la gastroenteritis aguda y para prevenir la diarrea producida por antibióticos en niños [1-4]. Los ensayos aleatorizados controlados y los metaanálisis demuestran sistemáticamente una reducción clínicamente relevante de la duración de la enfermedad y de la frecuencia de las deposiciones cuando estos probióticos se utilizan junto con el tratamiento de rehidratación por vía oral. Para la diarrea provocada por antibióticos, ambas cepas cuentan con una evidencia de calidad moderada y perfiles de toxicidad favorables, lo que las convierte en las opciones más fiables en la atención pediátrica rutinaria. También se pueden estudiar ciertos Limosilactobacillus para la diarrea aguda y el cólico infantil, lo que refleja la creciente comprensión de que la modulación microbiana en las primeras etapas de la vida favorece la tolerancia inmunitaria y la maduración de la barrera intestinal 5. Más allá de los probióticos por sí solos, los nuevos estudios presentados
en LASPGHAN exploraron cómo las combinaciones con sustratos prebióticos pueden acelerar el restablecimiento de la diversidad microbiana tras una infección o exposición a antibióticos. Este planteamiento «biótico» sinérgico puede representar una nueva frontera para prevenir las recidivas y mejorar la recuperación intestinal en los niños.

Trastornos funcionales gastrointestinales y cólicos

Más allá de los contextos agudos, la función de los probióticos en los trastornos funcionales gastrointestinales se está definiendo con más cautela. Algunas cepas de Lacticaseibacillus han mostrado potencial para reducir la frecuencia del dolor abdominal y mejorar la calidad de vida en el dolor abdominal funcional y el síndrome del colon irritable cuando se combinan con medidas dietéticas y conductuales 1, 3. La solidez general de la evidencia sigue siendo modesta, pero los datos emergentes sugieren una función para cepas específicas como coadyuvantes dentro de un enfoque de abordaje multimodal. En el estreñimiento funcional, Lacticaseibacillus también
se puede utilizar como complemento del tratamiento habitual, mientras que en el cólico infantil sigue siendo la cepa más recomendada. El uso preventivo de Lacticaseibacillus desde el nacimiento hasta los cuatro meses se ha asociado a una menor incidencia de cólicos en lactantes de alto riesgo 2. La selección de la cepa siempre debe tener en cuenta el fenotipo del paciente, el patrón sintomático y las intervenciones concomitantes, como la ingesta de fibra o la psicoterapia conductual. Integrar los probióticos o los simbióticos en una estrategia holística de abordaje —en lugar de utilizarlos como suplementos aislados— se perfila como un principio clave para optimizar los desenlaces clínicos en los trastornos funcionales gastrointestinales.

Alergia alimentaria e inmunidad de las mucosas

Cada vez se presta más atención a la interacción entre la microbiota y el desarrollo inmunitario. Lacticaseibacillus administrado durante al menos tres meses puede ayudar a estimular la tolerancia y la mejora clínica en la alergia a la proteína de la leche de vaca 1, 2. Estos hallazgos son biológicamente plausibles dadas las propiedades inmunomoduladoras de la cepa y su capacidad para influir en las respuestas epiteliales y de las citocinas. Sin embargo, se necesitan más estudios para validar la magnitud y la durabilidad de estos efectos en los resultados en las alergias a largo plazo.

Prevención de la enterocolitis necrosante

El uso profiláctico de determinadas cepas de Lacticaseibacillus durante ≥30 días sigue estando respaldado para reducir la enterocolitis necrosante y la mortalidad, siempre que se garantice la calidad del producto, la identidad de la cepa y la vigilancia clínica en los bebés prematuros 1. El beneficio parece estar relacionado con la cepa, lo que subraya la necesidad de formulaciones estandarizadas y de trazabilidad microbiológica en la atención neonatal. Las evidencias recientes ponen de relieve cómo la exposición microbiana temprana —a través del parto vaginal, la lactancia materna y la diversificación de la alimentación— modula la inmunidad de las mucosas y la tolerancia bucal. El concepto de los «primeros 1000 días» sigue siendo una franja de tiempo decisiva para las intervenciones destinadas
a prevenir las enfermedades alérgicas e inflamatorias. Los crecientes datos sobre posbióticos, productos microbianos no viables con potencial señalizador y antinflamatorio, están abriendo nuevas perspectivas terapéuticas en la prevención de alergias y la educación inmunitaria.

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De vuelta del congreso Off

Los perfiles microbianos y metabólicos intestinales específicos de los síntomas del TDAH revelan que la deficiencia de AGCC es un mecanismo patogénico clave

Por el Prof. Emmanuel Mas
Gastroenterología y nutrición,
Hospital de Niños, Toulouse, Francia

Comentario sobre el artículo original de Wang et al. (Gut Microbes 2025) 1

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Ya se ha establecido un vínculo entre la microbiota intestinal y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) a
través del eje intestino-cerebro. Sin embargo, aún se desconoce la microbiota específica que contribuye a los síntomas. Para
caracterizar el perfil microbiano intestinal asociado a los distintos síntomas y explorar el mecanismo que interviene entre las alteraciones de la microbiota y los principales síntomas del TDAH, los autores de este artículo hicieron una secuenciación metagenómica indiscriminada y un análisis metabolómico fecal en 94 pacientes con TDAH y 94 testigos emparejados por edad y sexo. Se analizaron las características microbianas de tres subgrupos que presentaban diferentes síntomas centrales de TDAH. El trasplante de microbiota fecal en ratones ha validado la hipótesis según la cual la composición microbiana intestinal influye en los síntomas del TDAH a través de alteraciones metabólicas. Este estudio aporta información adicional sobre los mecanismos subyacentes a las alteraciones metabólicas en el TDAH y dilucida la función que desempeña la microbiota intestinal en estos procesos.

¿Qué se sabe ya sobre este tema?

Los trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) son frecuentes en pediatría, con una prevalencia del 3 al 5 %. En la aparición del TDAH intervienen factores ambientales, como factores perinatales, socioemocionales y nutricionales. Estos factores de riesgo también influyen en la microbiota intestinal (MI). Las modificaciones tempranas de la microbiota pueden alterar el neurodesarrollo. Es posible que en estos efectos intervenga el eje microbiota-intestino-cerebro, a través de tres vías (inmunitaria, neuronal y endocrina/ sistémica).

Figura 1 - Diferencias específicas en los taxones bacterianos entre cada uno de los grupos de TDAH.

Imagen

¿Cuáles son los principales resultados aportados por este estudio?

En un estudio unicéntrico chino, se incluyeron 188 niños, de los cuales 94 niños, que tenían TDAH, se dividieron en tres subgrupos, 56 con falta de atención predominante (grupo IA), 9 con hiperactividad-impulsividad predominante (grupo HA) y 29 con síntomas combinados (grupo C), y 94 testigos (grupo TD).

El análisis de la MI no halló diferencias entre estos tres grupos en términos de riqueza y diversidad bacteriana, abundancia relativa de los 10 géneros principales y proporción Firmicutes/Bacteroidetes. Sin embargo, se observaron taxones específicos asociados a los subtipos de TDAH (figura 1).

La familia Lactobacillaceae y la especie Lactobacillus sanfranciscencis aparecían enriquecidas en el grupo TD. El grupo TD presentaba más Bifidobacteriales que el grupo C. En los grupos IA y C (síntomas de falta de atención), el género Streptococcus y la especie Streptococcus salivarus eran nocivos y la familia Flavobacteriaceae, los géneros Paraprevotella, Fructilactobacillus, las especies Paraprevotella xylaniphila y Phocaeicola salanitronis eran beneficiosos. En los grupos HA y C (síntomas de hiperactividad-impulsividad), la familia Lactobacillaceae y la especie Lactobacillus sanfranciscencis eran beneficiosas (figura 1).

Los perfiles metabolómicos de los niños con TDAH mostraron alteraciones en la síntesis de ácidos grasos, con una reducción significativa en la síntesis de ácidos grasos insaturados y del ácido linoleico, así como en el metabolismo de aminoácidos
(figura 2). Los distintos síntomas, falta de atención, hiperactividad e impulsividad, estaban correlacionados negativamente con diferentes metabolitos, ácido imidazol acético y falta de atención (p <0,001). Así, Lactobacillus sanfranciscencis tuvo un efecto directo y un efecto
facilitado por el ácido imidazol acético sobre la falta de atención.

Se hizo un experimento con tres ciclos de trasplante de microbiota fecal (FMT) de niños con TDAH con baja abundancia de bacterias beneficiosas Lactobacillus sanfranciscencis (grupo FMT-A) y testigos (grupo FMT-H) a ratones macho C57BL/6J de 4 semanas de edad. A continuación, se administró a los ratones Lactobacillus sanfranciscencis (1 x 108 organismo/ ratón/día, grupo FMT-A-R1), o 150 mmol/l
de acetato de sodio (grupo FMT-A-R2) o PBS para los testigos (grupo FMT-A-C). En el grupo FMT-A-R1 se observó una mejora significativa de los síntomas de hiperactividad, que no se dio en el grupo FMTA- R2, mientras que los síntomas de falta de atención mejoraron en ambos grupos. Por último, la síntesis de ácidos grasos y ácidos grasos insaturados mejoró en los grupos FMT-A-R1 y FMT-A-R2 en comparación con FMT-A-C (figura 3).

Figura 2 - Modificación de las diferentes rutas metabólicas, el tamaño de los círculos corresponde al número de genes implicados.

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Figura 3 - El trasplante fecal con heces de niños con TDAH reduce la síntesis de ácidos grasos, lo que se corrige con el tratamiento con Lactobacillus sanfranciscencis o acetato de sodio.

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¿Cuáles son las consecuencias en la práctica?

Este estudio demuestra que los cambios en la MI de los niños con TDAH dependen del tipo de síntoma. El análisis en subgrupos muestra que la especie Lactobacillus sanfranciscencis aparece enriquecida en el grupo TD. Además, tras el trasplante fecal con heces TDAH,
el tratamiento con Lactobacillus sanfranciscencis consigue mejorar los síntomas.

La síntesis de ácidos grasos y ácidos grasos insaturados se reduce en los niños TDAH. De la misma manera, tras el trasplante fecal con heces TDAH, el tratamiento con un ácido graso de cadena corta (ácido imidazol acético) permite mejorar los síntomas.

Punto clave
  • Los cambios en la microbiota intestinal se asocian específicamente con los diferentes síntomas de niños con TDAH. Este efecto está facilitado por alteraciones en el metabolismo de los ácidos grasos

CONCLUSIÓN

Los resultados de este estudio mejoran nuestra comprensión de la función que desempeña la microbiota intestinal en los niños con TDAH, junto con las modificaciones metabólicas implicadas en la alteración del eje microbiota-intestino-cerebro en este contexto.

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Análisis conjunto de 3741 metagenomas fecales de 18 cohortes para identificar biomarcadores microbianos reproducibles en diferentes estadios del cáncer colorrectal

Por el Prof Harry Sokol
Gastroenterología y nutrición,,
Hospital Saint-Antoine, París, Francia

Comentario del artículo de Piccinno et al. (Nature Medicine 2025)1

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Se han descubierto asociaciones entre el microbioma intestinal y el cáncer colorrectal (CCR), pero se necesitan estudios más amplios y diversificados para evaluar su posible utilidad clínica. Los autores de este artículo toman como punto de partida 12 conjuntos de datos metagenómicos de pacientes con CCR (n = 930), adenomas (n = 210) y testigos sanos (n = 976; total n = 2116) y hemos añadido seis nuevas cohortes (n = 1625) que aportaban información detallada sobre el estadio del cáncer y la localización anatómica del tumor. Los autores han mejorado la precisión de la predicción del CCR basándonos únicamente en el metagenoma intestinal (área media bajo la curva = 0,85) y observaron la contribución de 19 especies nuevas y clados distintos de Fusobacterium nucleatum. El CCR izquierdo se distingue del CCR derecho (área bajo la cur va = 0,66) por especies intestinales específicas, con un enriquecimiento de microbios típicos de la flora bucal. Hemos identificado firmas específicas del CCR con cepas comensales como Ruminococcus bicirculans y Faecalibacterium prausnitzii, que muestran subclados asociados al CCR en estadio avanzado. Esta análisis confirma que el microbioma puede ser un doble objetivo clínico para la detección del CCR y lo caracteriza como biomarcador de la evolución del CCR.

¿Qué se sabe ya sobre este tema?

El cáncer colorrectal (CCR) es el tercer cáncer más frecuente en el mundo y el segundo más letal 2. El CCR se origina en la capa epitelial del colon proximal (colon derecho) o del distal y del recto (colon izquierdo) La evolución de una lesión precancerosa benigna (adenoma) a un tumor maligno (carcinoma) puede durar varios años y se caracteriza por una acumulación de mutaciones en las células tumorales, una alteración en la barrera mucosa intestinal e inflamación intestinal.

Se ha planteado que la microbiota intestinal desempeña una función importante en el cáncer. Se sugerido que algunos microbios contribuyen en gran medida a la carcinogénesis, en particular Escherichia coli pks+ y Fusobacterium nucleatum 3. Varios estudios han observado firmas microbióticas diferentes en pacientes con CCR en comparación con pacientes con adenomas o con los testigos sanos 4. Varios estudios metagenómicos también han examinado los cambios de la microbiota a lo largo de la secuencia adenoma-carcinoma y según la localización de la neoplasia primaria, y se han sugerido vínculos entre el CCR y las especies bucales. Otros datos indican un enriquecimiento de los microbios típicamente bucales y especies que forman biopelículas bucales en los metagenomas intestinales de pacientes con CCR proximal. Sin embargo, ningún estudio metagenómico ha ido más allá de la caracterización de factores de cepa ya conocidos que influyen en el riesgo de CCR, y no existen investigaciones no específicas sobre las asociaciones genómicas a nivel de subespecie/ cepa con los fenotipos de CCR.

¿Cuáles son los principales resultados aportados por este estudio?

Mediante l a explotación de 3741 muestras de 18 cohortes y la aplicación de nuevas metodologías computacionales en las cepas, los autores exploraron los vínculos entre la microbiota fecal y el CCR. Mejoraron la precisión de la predicción del CCR basada únicamente en la metagenómica intestinal, con un área bajo la curva (AUC) media = 0,85. Los cinco SGB (Species-level Genome Bins) asociados a la especie Fusobacterium nucleatum fueron más abundantes en el CCR que en los testigos: F. nucleatum subsp. animalis, vincentii, nucleatum, polymorphum. Esto se sumaba a otros microbios bien caracterizados asociados al CCR, como Parvimonas micra y Bacteroides fragilis. Los autores también identificaron otros 19 SGB no caracterizados, sin cepas de cultivo ni especies taxonómicamente
definidas, lo que pone de relieve una firma microbiana asociada al CCR más compleja de lo que se pensaba hasta ahora.

Aunque las variaciones de la microbiota entre los estadios durante la evolución del CCR no son tan marcadas como las observadas entre los pacientes con CCR y los testigos, los autores han hallado varios biomarcadores de los CCR avanzados y metastásicos, así como varias especies microbianas que aumentan (o disminuyen) de forma monótona desde el testigo hacia el cáncer o la enfermedad avanzada. En particular, se observó en los CCR en estadio terminal un enriquecimiento de especies de origen bucal, como P. micra, ya implicada en la estimulación de vías de invasión tisular, y Hungatella hathewayi, que fomenta la proliferación celular intestinal en experimentos in vitro (figura 1). En comparación con otros estadios, los CCR metastásicos presentaban una mayor abundancia de Methanobrevibacter smithii, lo que respalda hallazgos anteriores que relacionaban los productores de metano con el CCR en estadio IV. Las muestras de heces de pacientes con CCR de colon derecho o transverso también presentaban un enriquecimiento en especies bucales.

Estos resultados no solo refuerzan la idea de que el número y la abundancia acumulada de las especies de origen bucal sean significativamente más altas en las muestras de CCR que en los testigos y los adenomas, sino que también demuestran que los estadios terminales de CCR son particularmente ricos en especies bucales. Sin embargo, muchas bacterias no bucales también se asociaron con el CCR, incluidas las especies que previamente se habían asociado a un riesgo cardiometabólico alto. Curiosamente, tanto los adenomas como el cáncer en estadios terminales presentaban un enriquecimiento en especies asociadas a una mala salud cardiometabólica y a enfermedades de origen inmunitario.

¿Cuáles son las consecuencias en la práctica?

Este estudio es el más amplio y más preciso realizado hasta la fecha sobre la microbiota fecal asociada al CCR. Una firma basada únicamente en la microbiota fecal permite una predicción relativamente buena. Por otro lado, se han identificado diferencias entre estadios tempranos y estadios terminales. Cabe señalar, no obstante, que el estudio no permite identificar marcadores lo suficientemente precisos para el diagnóstico de lesiones preneoplásicas (adenoma). Este trabajo abre la puerta a pruebas basadas en la microbiota para el diagnóstico del CCR, pero su uso en la práctica clínica aún requiere validaciones y, sobre todo, una mejora en la detección de las lesiones preneoplásicas.

Figura 1 : Firma microbiana según el estadio del CCR y la localización del tumor primario.

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Key points
  • A partir de 3741 muestras de 18 cohortes, los autores exploraron los vínculos entre la microbiota fecal y el CCR
  • Una firma basada únicamente en la microbiota fecal permite una predicción relativamente buena con un área bajo la curva (AUC) media = 0,85
  • No obstante, el estudio no permite identificar marcadores lo suficientemente precisos para el diagnóstico de lesiones preneoplásicas
  • Además de las diferencias entre testigos y pacientes con CCR, se observaron alteraciones en la microbiota en función del estadio de evolución y la topografía de la lesión primaria, sobre todo en cuanto a la abundancia de bacterias bucales

CONCLUSIÓN

Una firma basada únicamente en la microbiota fecal permite una predicción con un área bajo la curva (AUC) media = 0,85. No obstante, el estudio no permite identificar marcadores lo suficientemente precisos para el diagnóstico de lesiones preneoplásicas (adenoma). Además de las diferencias entre testigos y pacientes con CCR, se observaron alteraciones en la microbiota en función del estadio de evolución y la topografía de la lesión primaria, sobre todo en cuanto a la abundancia de bacterias bucales.

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