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Para restaurar la microbiota intestinal después de tomar antibióticos, puede:
En primer lugar, consumir probióticos durante y después del tratamiento con antibióticos. Solo unos pocos probióticos han demostrado tener un efecto sobre la diarrea inducida por antibióticos, Saccharomyces Boulardii y Lactobacillus GG. Por lo tanto, se debe dar prioridad a estos dos.
En segundo lugar, debe aumentar la ingesta de fibra dietética, que alimenta a las bacterias beneficiosas de la microbiota. Incorpore a su dieta una variedad de frutas, verduras, cereales integrales y legumbres.
Y, por último, en tercer lugar, debe limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que son perjudiciales para la microbiota.
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Los resultados de investigaciones recientes sugieren que la microbiota intestinal podría desempeñar un papel en la aparición o la gravedad de varios trastornos neuropsiquiátricos, como la depresión, la ansiedad, la esquizofrenia o el autismo.
Sin embargo, los datos disponibles hasta la fecha siguen siendo muy preliminares y no sabemos cuál es el «peso» de la microbiota en comparación con otros factores, como la genética o el entorno, ni si todos los pacientes se ven afectados.
Por último, aún no sabemos si la microbiota puede ser objeto de tratamiento terapéutico en estas patologías.
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La microbiota actúa sobre el cerebro a través de varios mecanismos.
En primer lugar, existen fuertes conexiones nerviosas entre el cerebro y el intestino. Estas conexiones van del cerebro al intestino, lo que explica, por ejemplo, los síntomas digestivos en caso de estrés, pero también van del intestino al cerebro. Al actuar sobre las terminaciones nerviosas intestinales, la microbiota puede modular la función cerebral.
La microbiota también produce moléculas químicas que se absorben, entran en el torrente sanguíneo y pueden llegar al cerebro y ejercer efectos allí.
Por último, la microbiota puede actuar indirectamente sobre el cerebro al tener efectos sobre otras células humanas, como las células intestinales o las células inmunitarias, que, en respuesta, producirán moléculas que actuarán sobre el cerebro.
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La microbiota intestinal se denomina a menudo «segundo cerebro» por varias razones. En primer lugar, el intestino es el órgano que contiene más neuronas después del cerebro. Contiene alrededor de 500 millones de neuronas que forman lo que se denomina sistema nervioso entérico.
En segundo lugar, el intestino interactúa con el cerebro a través de diferentes mecanismos: conexiones nerviosas, moléculas químicas producidas en el intestino por las células humanas o por la microbiota, que pueden actuar directamente sobre el cerebro o indirectamente a través de efectos sobre el sistema inmunitario, por ejemplo.
Y, por último, el cerebro tiene efectos sobre nuestro intestino. Por ejemplo, es común tener síntomas digestivos (dolor abdominal, diarrea) durante un evento estresante como un examen o una entrevista de trabajo.
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En primer lugar, es necesario consumir fibra e integrar frutas, verduras y cereales integrales en la dieta. Estas fibras absorben agua durante la digestión y, por lo tanto, aumentan el volumen de las heces, lo que facilita su paso.
Secondly, you need to stay active. Engage in regular physical activity, such as a daily walk of 20 to 30 minutes can be enough. This stimulates intestinal movements and helps prevent constipation.
En segundo lugar, es necesario mantenerse activo. Realizar actividad física con regularidad, como una caminata diaria de 20 a 30 minutos, puede ser suficiente. Esto estimula los movimientos intestinales y ayuda a prevenir el estreñimiento.
Y, por último, hay que escuchar al cuerpo. No hay que aguantarse cuando se siente la necesidad de ir al baño. Hay que responder a esta necesidad tan pronto como surja para mantener un buen tránsito intestinal.
Estos sencillos hábitos pueden mejorar considerablemente el confort digestivo.
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The microbiota plays a special role in the digestion of plant fibers that are present in fruits and vegetables. These fibers are long sugar molecules that our human enzymes are unable to break down into pieces.
They thus arrive intact at the colon where they encounter a large number of bacteria that are capable of digesting them. The bacteria use these fibers for their own needs and release very important molecules for human health, (sidenote:
Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC)
Los Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC) son una fuente de energía (carburante) de las células de la persona que interactúan con el sistema inmunitario y están implicadas en la comunicación entre el intestino y el cerebro.
Silva YP, Bernardi A, Frozza RL. The Role of Short-Chain Fatty Acids From Gut Microbiota in Gut-Brain Communication. Front Endocrinol (Lausanne). 2020;11:25.), such as butyrate, for example.
These short-chain fatty acids have multiple effects. Butyrate nourishes the cells of the colon and thus promotes the integrity of the (sidenote:
De Cruz P, Kamm MA, Hamilton AL, et al. Crohn’s disease management after intestinal resection: a randomised trial. The Lancet. 2015;385(9976):1406–1417
). Short-chain fatty acids can modulate the immune response and thus contribute to protection against inflammatory diseases.
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La microbiota desempeña un papel especial en la digestión de las fibras vegetales presentes en las frutas y verduras. Estas fibras son moléculas de azúcar largas que nuestras enzimas humanas son incapaces de descomponer en fragmentos.
Por lo tanto, llegan intactas al colon, donde se encuentran con una gran cantidad de bacterias capaces de digerirlas. Las bacterias utilizan estas fibras para sus propias necesidades y liberan moléculas muy importantes para la salud humana, los (sidenote:
Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC)
Los Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC) son una fuente de energía (carburante) de las células de la persona que interactúan con el sistema inmunitario y están implicadas en la comunicación entre el intestino y el cerebro.
Silva YP, Bernardi A, Frozza RL. The Role of Short-Chain Fatty Acids From Gut Microbiota in Gut-Brain Communication. Front Endocrinol (Lausanne). 2020;11:25.), como el butirato, por ejemplo.
Estos ácidos grasos de cadena corta tienen múltiples efectos. El butirato nutre las células del colon y, por lo tanto, favorece la integridad de la (sidenote:
De Cruz P, Kamm MA, Hamilton AL, et al. Crohn’s disease management after intestinal resection: a randomised trial. The Lancet. 2015;385(9976):1406–1417
). Los ácidos grasos de cadena corta pueden modular la respuesta inmunitaria y, por lo tanto, contribuir a la protección contra las enfermedades inflamatorias.
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La microbiota intestinal desempeña un papel importante en muchas enfermedades, incluidas las infecciosas, como la infección por Clostridioides difficile, una bacteria que puede desarrollarse en el colon cuando se altera la microbiota intestinal, sobre todo tras tomar antibióticos. También influye en enfermedades inflamatorias, como la artritis reumatoide, en enfermedades metabólicas, como la diabetes, en determinadas afecciones neuropsiquiátricas, como el autismo, e incluso en el cáncer. Sin embargo, a menudo se desconoce el «peso» de la microbiota en comparación con otros factores, como la genética o el entorno.
Las enfermedades en las que hoy en día estamos seguros de que la microbiota desempeña un papel importante son la infección porClostridioides difficile, las enfermedades inflamatorias crónicas intestinales, el síndrome metabólico y el síndrome del intestino irritable. Es importante tener en cuenta que la microbiota no tiene necesariamente un efecto significativo en todas estas enfermedades, ni tampoco en todos los pacientes afectados.
El perfil de la micobiota intestinal se perfila como un biomarcador estratégico para predecir la respuesta a la inmunoquimioterapia neoadyuvante en el tratamiento del carcinoma epidermoide de esófago, e incluso como punto de partida para diseñar nuevas vías terapéuticas.
La inmunoquimioterapia neoadyuvante representa un avance significativo en el arsenal terapéutico contra el (sidenote:
Carcinoma epidermoide de esófago (CEE)
Tipo de carcinoma de esófago que puede afectar a cualquier segmento del esófago, pero que generalmente se limita a la parte superior o media. La edad media de aparición del CEE se sitúa entre los 60 y los 70 años y es más frecuente en los hombres. Por lo general, el CEE es asintomático hasta una fase avanzada, en la que aparecen los síntomas: disfagia (al principio con alimentos sólidos y, posteriormente, también con líquidos) y pérdida de peso. En casos más raros, la enfermedad puede manifestarse con síntomas como odinofagia, ronquera, tos o dolor torácico.
Fuente : https://www.orpha.net/en/disease/detail/99977). Sin embargo, la práctica clínica se enfrenta a un desafío persistente: la dificultad de predecir con exactitud qué pacientes presentarán una respuesta favorable. Ante este reto, la micobiota intestinal emerge como una vía prometedora. Según los resultados de estudios chinos recientes, determinados perfiles fúngicos podrían utilizarse como biomarcadores.
Corrección parcial de la disbiosis
El análisis de muestras fecales revela que los 68 pacientes con CEE del estudio presentaban, antes del tratamiento, una disbiosis significativa en su micobiota intestinal en comparación con los 19 controles sanos. Este desequilibrio se caracterizaba por una reducción de la biodiversidad, una proliferación de hongos patógenos y un déficit de especies beneficiosas. Además, las redes ecológicas eran menos complejas, lo que apunta a una pérdida de sinergias funcionales. Tras la administración de la inmunoquimioterapia neoadyuvante, se observa una evolución positiva: mejora la diversidad y la riqueza de la comunidad fúngica y se reequilibran ciertas vías metabólicas beneficiosas. No obstante, esta restauración es solo parcial, ya que los indicadores no llegan a alcanzar los niveles observados en sujetos sanos.
1/ 29 400
La incidencia anual del carcinoma epidermoide de esófago (CEE) es de 1/29 400 ¹.
0,1%
Aunque los hongos representan menos del 0,1% de la microbiota, posee características metabólicas únicas que contribuyen a la homeostasis del huésped ².
La micobiota como predictor del éxito terapéutico
El hallazgo más relevante es que el perfil de la micobiota —muestreada antes de iniciar el tratamiento— permite diferenciar a los pacientes respondedores de los no respondedores. Los pacientes respondedores muestran, antes del tratamiento, una mayor diversidad fúngica y redes ecológicas más estables, lo que sugiere una resiliencia superior del ecosistema intestinal. En este grupo destaca la abundancia de especies beneficiosas, como Candida boidinii, cuya presencia muestra una correlación con perfiles característicos de tumores «calientes» (estimulación de linfocitos T-helper 1 (Th1), citocinas proinflamatorias y niveles elevados de marcadores citotóxicos).
¿Qué ocurre en el grupo de los no respondedores? Su micobiota presenta un patrón opuesto, con una mayor prevalencia de especies inmunosupresoras. Este perfil se asocia directamente con tumores «fríos» (linfocitos Th2 y citocinas inmunosupresoras).Así, la micobiota de los respondedores parece favorecer fenotipos tumorales que contribuyen al éxito de la inmunoterapia. Por el contrario, la micobiota de los no respondedores podría estar configurando microentornos tumorales resistentes a las inmunoterapias.
¿Cuál es la tasa de supervivencia de los pacientes con CEE?
Dado que el CEE se diagnostica en una fase avanzada, el pronóstico general suele ser desfavorable, con una tasa global de supervivencia a cinco años del 10 al 20%. En el caso de los pacientes que reciben tratamientos con fines curativos, en la actualidad la tasa se aproxima al 40% 1.
Predecir... y modular la respuesta al tratamiento
Por último, la micobiota parece ser capaz de predecir con precisión y fiabilidad la eficacia futura del tratamiento, con un (sidenote:
Área bajo la curva (AUC)
Indicación de la capacidad discriminatoria de un modelo de clasificación, por ejemplo, un AUC de 1,0 indica un clasificador perfecto. Es la probabilidad de que el modelo de clasificación clasifique correctamente una muestra positiva.
) del 82,9% a nivel de género y del 87,4% a nivel de especie. El género Saccharomyces destaca como el predictor más robusto de la falta de respuesta. A la luz de estos resultados, la micobiota intestinal se perfila como un biomarcador clave para la estratificación de pacientes en el tratamiento del CEE.
¿Otra posible aplicación? Cada hongo identificado, sea beneficioso o patógeno, representa una diana potencial para la modulación de la microbiota intestinal con el fin de optimizar los resultados de la inmunoterapia. Como resultado preliminar, los investigadores demostraron que la administración de Candida boidinii refuerza la eficacia del tratamiento anti-PD-1 en ratones. Los hongos beneficiosos podrían mejorar, en un futuro cercano, la respuesta al tratamiento de los pacientes con CEE.
Las mujeres del grupo sanguíneo A podrían estar mejor protegidas contra ciertas infecciones. ¿Por qué? Porque su vagina contiene una mayor abundancia de una bacteria beneficiosa llamada Lactobacillus crispatus.
Se sabe que más de uno de cada diez niños en el mundo nace de forma (sidenote:
Prematuridad
nacimiento antes de las 37 semanas de embarazo. Existen subcategorías de prematuros, en función de la edad gestacional:
- prematuro extremo (menos de 28 semanas);
- muy prematuro (entre la 28.ª y la 32.ª semana);
- prematuro moderado o incluso tardío (entre la 32.ª y la 37.ª semana).
Fuente: OMS). Tras analizar los datos de miles de madres jóvenes 1, un equipo de científicos británicos acaba de demostrar que el grupo sanguíneo influye en la composición de la microbiota vaginal materna y, por consiguiente, en la inmunidad y el desenlace del embarazo: las mujeres del grupo A podrían estar mejor protegidas contra ciertos riesgos infecciosos gracias a la mayor abundancia de una bacteria beneficiosa, Lactobacillus crispatus, en la vagina.
¿Cómo es posible?
Es bien sabido que existen cuatro grupos sanguíneos principales: A, B, AB y O. Estas letras señalan la presencia, en la superficie de los glóbulos rojos, de azúcares de gran tamaño denominados antígenos de tipo A y/o B (o su ausencia en el grupo O). Estos grupos son los que determinan, por ejemplo, si una transfusión de sangre es compatible.
Sin embargo, lo que no es tan conocido es que estos antígenos no se limitan a la sangre: estas «marcas» también están presentes en otras células, como las de la vagina o el cuello uterino, y en líquidos corporales como las secreciones cervicales y vaginales. Esto es importante porque dichos antígenos influyen en la sensibilidad a las infecciones, ya que participan en la adhesión, o incluso la alimentación, de las bacterias. Por ejemplo, se sabe que las personas del grupo O son estadísticamente más vulnerables a la bacteria Helicobacter pylori, mientras que las del grupo B lo son a otras como E. coli.
¿A cada grupo sanguíneo corresponde su propia flora vaginal?
Las investigaciones acaban de confirmar que los antígenos A, B y O influyen directamente en la composición de la microbiota vaginal. Así, las mujeres del grupo sanguíneo A suelen presentar una microbiota dominada por L. crispatus, una bacteria beneficiosa que tiene la capacidad de adherirse con gran facilidad al marcador A. La consecuencia directa de esta unión es una flora vaginal poco inflamatoria, lo que se traduce en una mayor probabilidad de dar a luz a término.
Por el contrario, se suele observar una disminución de L. crispatus en las mujeres del grupo O, especialmente en aquellas de alto riesgo por haber tenido un parto prematuro anterior. Asimismo, las mujeres del grupo sanguíneo B suelen albergar una mayor cantidad de S. agalactiae, una bacteria patógena que se adhiere con facilidad al marcador B.
Algunos datos sobre la prematuridad
En 2020, nacieron 13,4 millones de bebés prematuros (antes de cumplir las 37 semanas de gestación) ².
En 2020, la tasa de partos prematuros oscilaba entre el 4% y el 16% según los países ².
Más del 90 % de los bebés prematuros extremos (menos de 28 semanas de gestación) nacidos en países de renta baja fallecen durante los primeros días de vida, frente a menos del 10 % en los países de renta alta ².
Las complicaciones del parto prematuro constituyen la causa principal de mortalidad en niños menores de 5 años, con casi 900 000 fallecimientos en 2019 ².
Tres cuartas partes de estas muertes podrían evitarse mediante intervenciones sencillas con una relación coste/eficacia favorable ².
Evitemos las conclusiones precipitadas
Sin embargo, no conviene sobreinterpretar estos resultados... ni mucho menos caer en la tentación de descuidar su flora vaginal por el hecho de pertenecer al grupo A. El impacto del grupo sanguíneo sobre el riesgo de parto prematuro es relativamente bajo. En todo caso, está lejos de ser tan determinante como otros factores de riesgo conocidos, como el origen étnico (las mujeres de origen africano o asiático presentan estadísticamente una mayor exposición) o los antecedentes clínicos de la madre. Este descubrimiento debe interpretarse, ante todo, como una puerta que se abre al desarrollo de futuras terapias. La clave podría estar en el uso de estos azúcares de gran tamaño denominados antígenos como base para nuevos tratamientos destinados a prevenir los partos prematuros.